Política
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"Alan García está desinformado de lo que ocurre en la sierra y la selva"

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Entrevista a Romeo Grompone. Investigador del Instituto de Estudios Peruanos insiste en que la garantía de los compromisos asumidos por el Ejecutivo depende de la fortaleza de las instituciones.

Miluska Soko.

¿Qué se necesita para que los acuerdos se cumplan?


Para que cualquier pacto dure, debes tener actores que den garantías en todas las partes del diálogo. Nosotros tenemos un poder Ejecutivo que tiene una tendencia al aislamiento y con apoyo diferenciado. Un apoyo débil, pero más significativo, en Lima y en la costa, y la marginación del oriente y la sierra. Eso crea un problema.

Tenemos una crisis de representatividad.

El problema es que por varias razones nadie está muy seguro del terreno que pisa: disparidades regionales, sociales, apoyo parcializado del Gobierno, falta de interlocutores estables, el que no exista un partido político con cobertura nacional significativa. Entonces ocurre que cada mecanismo de diálogo es como volver a empezar.

¿En conclusión?


Hay un contexto general de inestabilidad, y ahí hay una paradoja: lo único que te queda es hacer acuerdos, porque si no, ¿cómo sales del conflicto? Aunque, al mismo tiempo, sabes que estos acuerdos son débiles. El asunto está en cómo salir de ese entrampamiento.

¿Cómo asegurar estabilidad?

Se requiere afirmar todo lo que existe como instituciones. Deben fortalecer al Congreso y no hay que menospreciar tan fácilmente a los frentes de defensa. No puedes estar llegando a acuerdos con organizaciones de la población y, a la vez, descalificarlas. Eso es entrar a un juego perverso. Finalmente, hay que fortalecer el papel de los presidentes regionales y ayudar a que, en algunos casos, intervengan las diferentes Iglesias para garantizar los pactos. La idea es tratar de que los acuerdos se trabajen en conjunto.

Un trabajo a futuro...

Sí, pero se tiene que empezar a hacer. Si no, mira lo que está ocurriendo ahora. En una sociedad más o menos estable, primero negocias y luego vas a la huelga. Acá la lógica se ha invertido, primero protestas para luego negociar, porque el Gobierno, además, no tiene capacidad para anticipar.

¿Cómo garantizar acuerdos firmados por Simon si él sale?

No hay fórmulas mágicas para solucionar esto ahora. Lo que yo haría es: primero, no tener un doble discurso. Segundo, saber cuáles son las organizaciones representativas en cada localidad. Tercero, hacer intervenir también a comisiones legislativas, por más desprestigiadas que estén. Cuarto, fortalecer el rol negociador, no solo del premier, sino de los distintos sectores del Estado. Quinto, dar realce a la misión de la Defensoría del Pueblo y a otras instituciones, como la Iglesia y las presidencias regionales. No vas a curar el problema de la representación si no fortaleces lo poco de representación que ya hay.

¿Qué hay detrás de la teoría de la conspiración de García?

Me parece que uno de los más graves problemas de García es que él y su entorno tienden a la autorreferencia y están desinformados de lo que ocurre en la sierra y la selva. Si a esto le agregas que todo es parte de una conspiración internacional, más te encierras en ello.

¿Es un discurso elitista?

Hay dos tipos de elites, unas se dan cuenta de los límites de lo que pueden hacer y tratan de pensar nacionalmente el país. Por ejemplo las elites que constituyeron la social democracia que admira García. Por otro lado, las elites de acá y su autorreferencia que no consideran que hay actores políticos y sociales con quienes dialogar. El problema es que no entienden que cualquier proyecto a largo plazo debe ser inclusivo y alcanzar a otros actores.

¿La situación de conflictos generalizados es sostenible?

Es una situación difícil, de gran incertidumbre. Es insostenible, primero, porque la polarización va a aumentar. Segundo, porque los movimientos de protesta cada vez articulan más actores. Tercero, porque no está claro cuáles serán las alternativas políticas que se van a ver en perspectiva para el 2011. Y, cuarto, porque no creo que García tenga la capacidad ni la sensibilidad necesaria para cambiar de rumbo. Es como una bicicleta que sigue pedaleando en la misma dirección para no caer.

“Se necesita un premier con temperamento”

¿Cómo afectaría una eventual salida de Simon?

Hay un problema original en Simon. Su función correspondía al Ejecutivo, pero también era una bisagra y él no lo fue. Quizás se pegó demasiado al Gobierno y no supo dar una imagen que, siendo del Ejecutivo, tuviera un protagonismo propio. Hay un protagonismo fallido, por lo que nunca fue garantía.

Un siguiente premier...

El problema es tomar una figura política lo suficientemente representativa del Ejecutivo para que se tenga claro que responde a sus orientaciones y, además, que se sepa que lo se toma de acuerdo va a ser compartido por García porque ahí hay una política de reconocimiento–desconocimiento. Además, que al mismo tiempo tenga capacidad de diálogo con toda la red de organizaciones políticas y sociales en una sociedad polarizada.

¿Quién tendría ese perfil?

No lo sé. En política se pueden hacer dos cosas: una es encontrar a la persona adecuada y la otra es adecuar a la persona al cargo, que tome de a pocos las atribuciones suficientes. Ahí se necesita un premier con temperamento, con juego propio y bien relacionado con García. Por otro lado, un cambio de actitud de García que dé suficiente peso y espacio a esa figura.

¿Si sale Simon es una victoria para alguien?

Yo veo la derrota de Simon de no manejarse con protagonismo y autonomía. Más que ganar o perder, Simon es el síntoma de una sociedad polarizada y un sistema político ausente que no puede procesar los conflictos. Sin embargo, más que su fracaso importa el fracaso de los acuerdos. (Edición impresa La República)

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