Conga: Anatomía de un conflicto I

Gregorio Santos, presidente regional de Cajamarca, juega al todo o nada

El paro indefinido en Cajamarca arrancó con la
El paro indefinido en Cajamarca arrancó con la "toma" de la laguna Perol, epicentro del yacimiento minero y símbolo de la defensa del medio ambiente.

Conga hace agua. ¿Cómo se gestó la crisis? Esta crónica refiere lo que piensan y no dicen las partes en conflicto en Cajamarca. Los dilemas del presidente regional, Gregorio Santos, y sus pugnas con Wilfredo Saavedra, líder del Frente de Defensa. 

 

Ricardo Uceda.

 

El 21 de octubre, dos días antes del paro, se reunieron en privado el vicepresidente de Cajamarca, Óscar Aliaga, y el líder del Frente de Defensa del Ambiente, Wilfredo Saavedra. Había  diferencias entre ambos dirigentes porque sus fuerzas querían ocupar el mismo espacio: la conducción de la lucha regional contra la minería. Por lo demás,  Saavedra plantea expulsar a las industrias extractivas de la región, en tanto que Aliaga y su sector combaten específicamente el proyecto Conga, de Minera Yanacocha. Ese día ninguno de los dos sabía qué resultado tendría el paro convocado para el 24.

 

En la reunión no se pusieron de acuerdo. Aliaga intentaba que la organización de Saavedra, hasta ese momento cabeza visible de las movilizaciones, ingresara a un Frente de Defensa de los Intereses de la Región Cajamarca que Patria Roja estaba reconstituyendo. El congreso se realizaría el fin de semana. Pero Saavedra quería precisamente lo contrario: que se suspendiera aquel congreso, pues, desde su perspectiva, el propósito del nuevo frente y de Patria Roja –el partido de Aliaga– era  sacarlo del medio. El movimiento antiConga lo había iniciado él. ¿Por qué les iba a regalar el liderazgo?

 

Antes del conflicto

 

Había otra diferencia. Como la mayoría de dirigentes de Patria Roja, que controla el Gobierno Regional de Cajamarca, Aliaga no creía que un paro indefinido, hecho sin la preparación adecuada, tuviera éxito a la larga. “No nos vamos a dejar llevar por los aventureros”, dijo por entonces para esta nota un dirigente del partido. Pero las cosas tomaron un giro imprevisto. Hasta antes del 14 de octubre, cuando pobladores de La Encañada quemaron unidades móviles que prestaban servicios a la mina, el discurso del presidente regional, Gregorio Santos, no había sido beligerante. 

 

En agosto último, Santos invitó a representantes de Yanacocha y les pidió ceder un terreno para un museo regional. En ese momento, el proyecto Conga, habilitado por el MINEM desde octubre del 2010, construía caminos de acceso y otros trabajos preliminares, empleando a seis mil ochocientas personas de las más de diez mil que requeriría en su fase más intensa. Un mes después, Santos se mostró interesado en que Yanacocha donara otro predio para una escuela pública experimental. Hasta no hace mucho, entonces, la relación entre Yanacocha y el gobierno regional no era la de enemigos irreconciliables.

 

El mismo día que estalló lo de La Encañada, Santos se hallaba en Palacio de Gobierno, adonde había sido invitado por el presidente Humala para pasar revista a la problemática de la región. 

 

Pese a que en la reunión los cajamarquinos pidieron paralizar el proyecto Conga para reevaluarlo, estuvieron de acuerdo en instalar una mesa de diálogo a fin de conversar con la minera. Las cosas se agravaron luego del 2 de noviembre, cuando tres ministros visitaron en Celendín las lagunas que desaparecerían.

 

Santos se decide

 

Los dirigentes de Patria Roja en el gobierno regional se dieron cuenta de algo elemental: la oposición al proyecto Conga ejercida por el Frente de Defensa Ambiental liderado por Saavedra iba a conseguir un amplio apoyo en la población rural, que detesta a Minera Yanacocha desde hace muchos años. 

 

Este apoyo podía volverse masivo bajo determinadas condiciones difíciles de  prever. En 2006, por ejemplo, cuando el reclamo de un grupo de Combayo que exigía empleo devino en un amplio movimiento regional en defensa del agua, la chispa del incendio fue un muerto, Isidro Llanos, alcanzado por una bala policial. 

 

Hasta entonces, la dimensión y la temática del conflicto era otra, como distinta fue a la pertinencia de Conga el reclamo surgido en La Encañada: promesas supuestamente incumplidas de Yanacocha. 

 

Así que Santos concluyó que no podía estar al margen. Hasta mediados de octubre fungió de intermediario de las protestas, y cuando la temperatura subió pasó a oponerse completamente al proyecto.

 

En una entrevista para esta nota, el presidente regional mencionó diversos episodios que lo fueron llevando a la intransigencia. 

 

De un lado, percibió que fue ninguneado por el gobierno. El 14 de octubre, luego de reunirse con Humala, fue al Ministerio de Energía y Minas y dice haber soportado una larga espera para hablar con Herrera Descalzi “mientras los de Yanacocha entraban y salían como en su casa”. 

 

El día que los ministros llegaron para ver las lagunas de Celendín fue avisado en la misma mañana –el ministro Caillaux lo buscó al arribar a Cajamarca– y se sintió tratado como un extraño en su propia región. 

 

Lo irritó después el desfile de trabajadores de la minera profiriendo frases en su contra y el regreso a Lima del ministro de Energía y Minas en un avión de Yanacocha. 

 

Santos es un hombre susceptible. De extracción campesina, ha sido siempre un dirigente gremial, y tiene una personalidad de sindicalista, dispuesto a protestar y subordinado a bases que persiguen reivindicaciones. Lo más cercano a Evo Morales que hay en la dirigencia regional peruana.  

 

Por otra parte, Patria Roja no quería estar bajo la dirección política del sector liderado por Saavedra. 

 

Su plan consistió, entonces, en correr la ola de las protestas mientras rehacía su frente de defensa particular. Acompañaría a Saavedra en el paro del 24 y después ya establecería sus propias medidas de lucha. Cuando el 25 IDL Reporteros dio a conocer que el Ministerio del Ambiente objetaba Conga, a diferencia del Ministerio de Energía y Minas, la protesta adquirió legitimidad, aunque después el ministro Giesecke minimizó hasta la insignificancia su propio informe, cuando ya servía de bandera de los frentes de defensa. 

 

En Cajamarca la nueva situación hermanó a los grupos en pugna. El 27 de noviembre el frente de Patria Roja eligió al militante Idelso Hernández como líder. Inicialmente débil, el paro cobró mayor fuerza.  

 

Dos visiones 

 

Antes de la visita de los ministros a Celendín, Víctor Caballero, el responsable de la oficina de Conflictos Sociales de la PCM, hizo una exposición a varios miembros del gobierno. Dijo que el 24 de octubre se había llevado a cabo un encuentro de frentes de defensa antimineros liderados por Wilfredo Saavedra, con campesinos de varias provincias, en el cual se aprobó una agenda consistente en impedir los proyectos más importantes que vienen detrás de Conga: Galeno, Michiquillay, La Granja y Tantahuatay, que en conjunto invertirán diez mil millones de dólares. Esa era la pelea de fondo, decía. 

 

En la visión de Caballero, era muy difícil, si no imposible, negociar con los recalcitrantes. Dijo que Patria Roja, con un doble discurso, buscaba encabezar una oposición radical al gobierno y no cejaría en ese empeño, no por lo menos inicialmente. Tampoco cabía esperar nada, añadió, del padre Marco Arana, líder de Tierra y Libertad, quien había dicho que el diálogo sobre el proyecto Conga era “para que no vaya”, y no para discutir su validez. Caballero planteaba dividir el frente mediante una alianza con los alcaldes.

 

En esa reunión, el viceministro de Gestión Ambiental, José de Echave, militante de Tierra y Libertad, dijo que estaba en desacuerdo con ese enfoque de los conflictos. El concepto lo repitió en su carta de renuncia, oficializada el 28. 

 

A su vez, Carlos Tapia, destituido el 24 por declarar que si fuera cajamarquino apoyaría el paro, opinó en privado que había que ejercer más presión sobre Yanacocha que sobre Patria Roja.  Sin embargo, en el gobierno prevaleció la idea de que no era posible un acuerdo viable con este partido. 

 

Durante los comicios, al borde del cierre de inscripciones, Patria Roja decidió finalmente no apoyar a Gana Perú, por discrepancias en los cupos parlamentarios. Un dirigente opinó que fue por motivos de fondo: “Aliarse con Humala es condenarse a obedecerlo a él y a su círculo personal. Gana Perú no existe”. Ollanta Humala y Alberto Moreno, el secretario general de Patria Roja, se han reunido unas veinte veces –siempre con presencia de Nadine Heredia– y nunca establecieron una alianza. ?Según fuentes de Patria Roja, una vez, al regreso de un viaje a Cuba, Humala le dijo a Moreno: “En una mano tengo una flor y en la otra un garrote. Tienen que escoger”.

Pugnas internas

 

Cuando Humala regresó de la reunión de APEC en Hawái, se encontró con una inminente crisis y un gabinete con fisuras. Un testigo lo escuchó lamentarse: “Uno de mis ministros se sube al avión de Yanacocha y otro tiene como lugartenientes a dos antimineros”. 

Se refería a José de Echave, quien a la sazón estaba coordinando el informe con las observaciones al proyecto Conga, y a Hugo Cabieses, viceministro de Desarrollo Estratégico de Recursos Naturales. 

 

Semanas atrás, Cabieses había escrito al gobierno regional diciéndole que estaban levantadas todas las observaciones que el MINAM había hecho a su propuesta de zonificación ecológico-económica, piedra angular del ordenamiento territorial. 

El 5 de noviembre Nadine Heredia lo descubrió leyendo El Peruano y puso el grito en el cielo.?

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