Confianza.

Representación peruana ante la Corte de La Haya: El mejor equipo con el que se puede contar

En conjunto. Allan Wagner expondrá la demanda peruana, un meticuloso trabajo realizado por una insuperable selección de diplomáticos y juristas.
En conjunto. Allan Wagner expondrá la demanda peruana, un meticuloso trabajo realizado por una insuperable selección de diplomáticos y juristas.
La presentación de un caso ante la Corte Internacional de Justicia no requiere solo tener el derecho de nuestro lado, sino también obliga a hacer la mejor presentación del caso, tanto en materia argumentativa como en principios de derecho. Por eso se trabajó para formar un gran equipo.

IV. El momento de la verdad



El 3 de diciembre a las 9 am (hora peruana), en el Palacio de la Paz de La Haya, el Embajador Allan Wagner presentará la posición peruana ante el presidente de la Corte , Peter Tomka, y los otros dieciséis magistrados encargados de analizar el caso presentado por el Perú el 2008. Protagonista principal durante más de veinticinco años de este caso, nadie mejor que él para exponer lo que busca el Perú, pero también lo que debe esperarse luego de pronunciado el fallo.

 

Y es que más allá de las “cuerdas separadas”, se sabe que la primera década del 2000 ha estado marcada por incidentes diplomáticos que contaminaron de alguna manera las relaciones entre Perú y Chile. Notas de protesta se cruzaron entre ambos países frente a diversos hechos, como la presentación de la Carta Náutica chilena en Naciones Unidas, la Ley Peruana de Líneas de Bases y su cartografía, el proyecto de Ley chilena Arica-Parinacota, por citar solo algunas de las principales relacionadas con el diferendo. Por eso, la decisión de presentar el caso ante la Corte Internacional de Justicia no fue una decisión apresurada sino consciente y meditada, sin duda la más apropiada para poner fin a un diferendo que llevaba ya demasiado tiempo en el limbo jurídico. Como ha reafirmado el canciller Roncagliolo, el Perú ha pedido una solución ajustada al Derecho Internacional.

 

En el 2007, tras un trabajo intenso, el canciller García Belaunde fue armando poco a poco, como si fuera una verdadera selección peruana, al mejor equipo jurídico con el que se podía contar. Al equipo peruano base que venía analizando el tema  ya se había sumado el asesor jurídico Juan José Ruda, otro de los hombres claves por sus dotes analíticos y rigurosidad jurídica. Y en cuanto a los “convocados” extranjeros se había decidido nombrar a Alain Pellet, quizás el magistrado más capacitado en temas de delimitación marítima del mundo (reciente artífice del éxito nicaragüense en La Haya contra Colombia).



El nombramiento de Allan Wagner como agente –no solo dos veces canciller peruano sino además uno de los diplomáticos más serios y con la fama de tener una capacidad de trabajo incomparable en Torre Tagle– hizo que el presidente García no dudara mucho más en presentar el caso. El fallo Nicaragua-Honduras del 2007 fue también otro de los elementos que dieron confianza para ir a La Haya. La posición peruana no solo era jurídicamente sólida, sino que además la Corte Internacional de Justicia había reconocido la importancia de los acuerdos de límites marítimos  –inexistentes en el caso con Chile– y minusvalorado la así llamada “conducta” de las partes, algo que se ha reafirmado en el caso Nicaragua-Colombia y que es a todas luces acorde con la posición peruana.

 

LOS PEDIDOS DE LA CORTE



La presentación de un caso ante la Corte no requiere solo de tener el derecho de nuestro lado, sino también obliga a hacer la mejor presentación del caso, tanto en materia argumentativa como en principios de derecho. Eso es lo que se hizo para elaborar la demanda, en un trabajo intenso que tomó varios meses del 2007 y que no dejó nada al azar. En el documento presentado por el Embajador Wagner en enero del 2008, se establecieron claramente los dos pedidos: 

 

1° Trazar el límite sobre la base del principio de la equidistancia en la zona de superposición de 200 millas desde ambas costas (aproximadamente 66.000 kilómetros cuadrados en total), empezando en el Punto Concordia (el punto final de la frontera terrestre conforme el Tratado de 1929 y la comisión demarcadora de 1929-1930, algo irrebatible pero aun así cuestionado por Chile, que señala que el límite empieza en el hito N° 1,  230 metros tierra adentro desde la orilla del mar, algo que el Derecho Internacional no contempla);

 

2° Reconocer los derechos sobre el “triángulo externo”, el nombre coloquial que se da al área de proyección de 200 millas de mar peruano y que se extiende más allá de las 200 millas de proyección chilena (aproximadamente 28.000 kilómetros) y que Chile, de manera extraña no desea reconocer pues considera que el Perú se autolimitó a no contar con mar debajo del paralelo que ellos consideran el límite (algo ilógico pues en la práctica Chile niega al Perú algo que tampoco es suyo, más allá de una bizarra construcción geopolítica que considera esa zona que para ellos es alta mar como parte de su “mar presencial”, algo que tampoco existe en el Derecho Internacional del Mar).

 

DE UN LAMENTO AL RECONOCIMIENTO



El canciller Foxley expresó en enero del 2008, una vez que Allan Wagner presentó la demanda en La Haya, que Chile lamentaba “profundamente” –y lo repitió para que no quedara duda de ello– la presentación del caso en la Corte. Por suerte, mucha agua ha corrido desde entonces y la posición chilena obliga a los Estados civilizados y respetuosos del orden jurídico internacional.

 

El gobierno de Piñera ha sido mucho más cauto y el canciller Moreno ha demostrado ser mucho más “diplomático” que varios de sus predecesores y que ex presidentes chilenos que recientemente han querido cobrar protagonismo en los medios. Las frases de la vocera Cecilia Pérez del miércoles 28 de noviembre son, sin embargo incuestionables. Chile es un país respetuoso que cumplirá el fallo. Esto lo han dicho ya los cancilleres, los ministros de Defensa y por si fuera poco los presidentes Humala y Piñera.   

 

En los últimos años también, esto es digno de resaltar, ha habido múltiples reuniones binacionales no solo en los niveles político y diplomático sino también entre empresarios chilenos y peruanos, entre hombres de prensa, entre instituciones de la sociedad civil. Pero quizás más importante es señalar el enorme intercambio que se da día a día, no solo en inversiones y comercio, sino en capital humano. Chilenos cruzan cada día a Tacna en busca de precios más bajos y de servicios competitivos, vienen al Cusco y a las playas del norte y a la selva para hacer turismo, y a Lima y otras ciudades para disfrutar de la reputada gastronomía nacional, que ya se ha abierto además un espacio en Santiago y en otras ciudades chilenas. Del mismo modo, son cientos de miles los compatriotas que trabajan en Chile y que gozan de una fama de laboriosos y emprendedores. 

 

Esa sea quizás la mejor demostración de que la integración asegura el cumplimiento de un fallo que, rigiéndose por el Derecho Internacional del Mar, pondrá fin a una controversia de larga data y que es el último pendiente limítrofe con Chile. Se espera que con el fallo, y el reconocimiento al Perú de lo que el Derecho le asegura, se dé inicio a una etapa que deberá ser de una mayor confianza y cooperación entre ambos países. Chilenos y peruanos a ambos lados de la frontera serán los más beneficiados.

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