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Los Barracones: paraíso de la droga y de ‘faites’

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En su mirada habita la desconfianza. Estudia, observa y mientras va hablando hace una descripción terrible y fascinante de Los Barracones, una zona peligrosa del Callao donde dicen que Héctor Lavoe descansó y descendió a los infiernos para visitar sus bares y disertó, para quienes quisieron escucharlo, sobre penas que hieren muy hondo.

‘El Barón’, un narco jubilado de 65 años, viene colaborando con la Policía Antidrogas para detectar centros de distribución de cocaína y erradicar esa lacra de un querido Callao.

Óscar Chumpitaz C.

En su mirada habita la desconfianza. Estudia, observa y mientras va hablando hace una descripción terrible y fascinante de Los Barracones, una zona peligrosa del Callao donde dicen que Héctor Lavoe descansó y descendió a los infiernos para visitar sus bares y disertó, para quienes quisieron escucharlo, sobre penas que hieren muy hondo.

Pese a lo que suele afirmarse, que quien se atreve a ‘abrirse’ del negocio de la droga termina en una zanja, él anda sin miedo por la calle. Afirma que ya se jubiló, a sus 65 años. Pero quienes lo conocen juran que fue un "pez gordo" del tráfico ilegal de estupefacientes.

‘El Barón’ –ese es su nombre de fantasía, ya que prefiere ocultar su verdadera identidad– ahora colabora con la policía "para erradicar esa lacra" de la Provincia Constitucional. "Tío, no me tomes foto porque si no soy hombre frito (muerto)", le dice al reportero gráfico.

Lo que no está tranquilo es el humor en Los Barracones (ahora AH San Judas Tadeo). La venta de estupefacientes se traslada a cada esquina del barrio y se atomiza en pequeños negocios particulares.

Sus calles están inundadas ahora de una nueva camada: una suerte de pymes familiares.

EL LLANTO DE SANDRA

Esta temible zona chalaca fue incursionada de manera sorpresiva por un contingente policial que, gracias al ‘confite’ (informante), dio con uno de los más grandes centros de distribución de clorhidrato de alta pureza regentado por Sandra Eliana Loey Portilla, de 37 años. La cabecilla de la organización, otra joven llamada ‘La Flaca", llegó a fugarse.

Sandra se pone nerviosa, o, más bien, ansiosa. Quizás porque la irrita el tema o porque prefiere terminar la entrevista ya que le incomoda bucear en su propia historia o sus culpas.

Se levanta, mira, se vuelve a sentar y se zarandea en un débil banco de madera.

La Policía ha encontrado una bolsa con más de 300 envoltorios con cocaína en su dormitorio.

"Le juro por mi madrecita que está enferma, yo no sé nada de esa droga", nos dice.

¿Pero que hacía ese paquete en tu cuarto?, le preguntamos a boca de jarro. Solo nos queda interpretar su silencio. Calla, levanta la mirada y estalla en llanto.

Aquí –dice un policía– se vende droga, de día y de noche.

En la calle hay un enjambre de delincuentes, vecinos de Sandra. "Hey, periodista, algún día nos encontraremos y yo te haré recordar que estuviste por aquí", escuchamos gritar a un despistado.

JUGANDO CON LA MUERTE

Aquí (en Los Barracones) se encuentra (cocaína) ‘purita’ pero también ‘cortada’ o ‘estirada’ (mezclada), sostiene un agente del Departamento Antidrogas del Callao.

"La rebajan con bicarbonato, talco, aspirina y hasta vidrio molido que no altera su apariencia, pero sí multiplica las dosis", agrega el detective.

"Esta es la parte más jodida porque estas drogas son diabólicas. Los jóvenes las consumen y terminan en el hospital, les revienta la cabeza. Son después los que salen enfierrados (armados) y le rompen la cabeza a un viejo para robarle...", nos dice ‘El Barón", al ser consultado al respecto por este reportero.

"Yo los mato si los veo lastimando", agrega ‘El Barón’, a quien volvemos a encontrar en el cuartel Alipio Ponce, tras finalizar el operativo.

DROGA LLEVA DEL VRAE

Como hace 20, 30 o 40 años, este hombre que transitó por estos suburbios, asegura seguir espantado por la violencia que genera el negocio de la droga, por los narcos que destripan vidas y territorios en su Callao "querido".

"Cada vez –dice– son más los niños y jóvenes involucrados. Hay demasiada plata en juego. Eso marea y hace que te claven un puñal por atrás. Las cosas están fuera de control".

"Ya no hay códigos ni líderes. Antes, la regla de oro era no mentir ni rastrear, pero ahora te matan sin preguntar nada", manifiesta a La República, el único medio con el que prefiere ‘deschavarse’.

Gracias a la confesión de ‘El Barón’ supimos que el 85 por ciento de la droga que se vende en Los Barracones llega del VRAE y también del Huallaga o de Ayacucho.

La guerra contra el narcotráfico está declarada en el Callao.

TEXTUAL

"La política del sector Interior y de la Dirección General de la PNP ha sido declarar ‘Tolerancia Cero’ al comercio de droga en el Callao. Vamos a realizar operativos a diario en todos los barrios donde se han detectado los puntos dedicados a este ilícito negocio. Sabemos que hay familias enteras que han hecho de esta actividad un medio de vida y eso no lo vamos a permitir".

Alejandro Oliva Montejo
Coronel PNP


DETECTAN PUNTOS DE VENTA DE ESTUPEFACIENTES

Al menos 500 puntos de venta de droga al menudeo existen solo en el Callao, según un diagnóstico realizado por la jefatura policial de esa provincia constitucional. Solo en las últimas 48 horas han sido detenidos 23 microcomercializadores y se han decomisado dos mil ketes y armas de fuego.

Los lugares de venta de droga se están incrementando también de manera alarmante en Lima, según voceros de la policía. Solo entre el 2004 y el 2007 se duplicó el número de lugares: de 455 pasó a 1032.

Asimismo se advierte un incremento alarmante del servicio ‘delivery’ (venta de droga a domicilio) que llega ahora a cualquier parte de la ciudad, incluidas las playas.

El incremento del consumo de droga, en especial de clorhidrato y pasta básica de cocaína, es por su bajo precio. Hace unos 10 años un gramo de clorhidrato costaba unos 15 dólares y ahora se consigue por 5 u 8 soles, mientras que la PBC de vendía a 3 soles el gramo y ahora a no más de 30 céntimos.