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La venganza contra Garzón

Conocido por haber perseguido a Pinochet y Videla, así como a terroristas, narcotraficantes y corruptos, el magistrado Baltasar Garzón ha sido empujado al banquillo de los acusados por investigar los crímenes del franquismo. Increíble

Por Ángel Páez

La Audiencia Nacional, el tribunal con jurisdicción en todo el territorio español, se ganó el aplauso del mundo al apoyar la decisión del magistrado Baltasar Garzón Real de perseguir a los dictadores Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla, responsables de haber ordenado la tortura, muerte y desaparición de ciudadanos peninsulares en Chile y Argentina. Pero cuando Garzón resolvió investigar los crímenes del “generalísimo” Francisco Franco, la magistratura le dio la espalda al acoger una denuncia de la ultraderecha contra el magistrado para que no toque nada del oscuro periodo del franquismo.

Hoy este caso divide a España. Unos respaldan la determinación de Garzón de conocer la verdad y sancionar a los responsables, y otros lo acusan de abrir viejas heridas y odios atávicos. Es la lucha entre la verdad y el olvido, entre la sanción y la impunidad.

Todo comenzó el 16 de octubre del 2008. Baltasar Garzón resolvió que existía suficiente evidencia para investigar ejecuciones extrajudiciales durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y en el periodo del franquismo de represión indiscriminada. Su siguiente paso fue ordenar la exhumación de 19 fosas comunes. El juez tomó esta decisión debido a que se estima que entre el millón de muertos que dejó el conflicto, la mayor parte de las víctimas no eran combatientes, como el poeta granadino Federico García Lorca, fusilado sin haber empuñado un arma y desaparecido en una tumba sin nombre. Según el razonamiento del magistrado, los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles, aunque ya nadie se acuerde de los fallecidos. Garzón no se propuso desenterrar a los muertos por placer necrofílico, como sugieren sus detractores, sino más bien sacarlos del clóset del franquismo para ofrecerles cristiana sepultura.

Sin embargo, el 27 de mayo del 2009, el Tribunal Supremo admitió una querella por prevaricato contra Garzón interpuesta por la organización ultraderechista Manos Limpias, bajo el argumento de que al magistrado no le corresponde investigar los asesinatos del franquismo y que ha tomado conocimiento del caso a sabiendas de que la ley se lo impide. Manos Limpias se ampara en la Ley de Amnistía del franquismo que bloquea cualquier posibilidad de sanción a los homicidas. El 8 de setiembre del 2009 el juez del caso contra Garzón, Luciano Varela, lo consideró como imputado y lo llamó a compareceer. Como si se tratara de un capítulo olvidado de “El proceso” de Franz Kafka, el acusador sería sentado en el banquillo de los acusados. Era, sin duda, un triunfo para la derecha que movilizó a un importante sector de la prensa conservadora para desacreditar a Garzón. Pero hay otro motivo que impulsa a la derecha, representada por el Partido Popular (PP), a emprenderla contra el magistrado Garzón. En febrero del 2009, denunció a treinta personas del PP vinculadas con una red de corrupción del empresario Francisco Correa, a quien Garzón acusa de tráfico de influencias, lavado de activos, cohecho y defraudación. El PP reaccionó y aseguró que Garzón usa el caso de corrupción para destruir la reputación del partido que llevó al gobierno a José María Aznar (1996-2004).

Tiempo de justicia

Aunque estuvo vinculado al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y en los noventa ganó una diputación, renunció a su escaño, argumentando que el presidente Felipe González no estaba comprometido con la lucha contra la corrupción. Al reincorporarse a la administración de justicia, Garzón procesó a los responsables de los paramilitares Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) y al ex ministro del Interior socialista, José Barrionuevo. Este caso contribuyó al fracaso del PSOE en las elecciones de 1996. Por cierto, también emprendió acciones legales contra la banda terrorista ETA, que incluyó la suspensión de las actividades de Herri Batasuna, su fachada legal. Estos hechos revelan que es injusto achacar una militancia socialista a quien solo ha mostrado un compromiso inquebrantable con los derechos humanos y la lucha anticorrupción.

El juicio a Garzón ha generado reacciones en todo el mundo. “The New York Times” recordó que el magistrado es un símbolo de la lucha contra la impunidad. “España necesita hacer un honesto recuento de su pasado, en lugar de perseguir a quienes tienen el coraje de denunciarlo”, señaló el influyente diario.

En la lista de los querellantes contra Garzón está la fascista Falange Española de las JONS, implicada en los crímenes que el magistrado quería investigar. Las demandas contra Garzón contenían gruesos errores procesales, pero el juez Luciano Varela, en lugar de rechazarlas, solicitó a los autores que las corrijan. Garzón ha planteado una recusación contra Varela por dar ventajas ilegales a los querellantes, lo que revela una manifesta parcialidad.

El 24 de abril, cuando Garzón recusó al juez, miles marcharon en Madrid para respaldar al magistrado. Entre ellos estaban Pedro Almodóvar, Almudena Grandes y Marcos Ana. En una entrevista publicada en “El País”, el 29 de abril, Baltasar Garzón recordó que cuando emprendió demanda a Pinochet y Videla, los sectores reaccionarios lo atacaron como ahora lo hacen por investigar los crímenes del franquismo. “En la época de los sumarios sobre los casos de Chile y Argentina, sufrí presiones de la extrema derecha y de antiguos militares cuyos intereses resultaban perjudicados”.

Son sectores que pretenden perpetuar el olvido como una lápida sobre la tumba de la verdad y de los hechos. “Son crímenes muy serios, y cuyos responsables siempre han intentado instaurar un olvido oficial”, señaló el magistrado: “Son ellos quienes dicen que deberíamos mirar hacia el futuro y no hacia atrás. En mi opinión, si no se cose una herida como es debido, si no se cierra bien, no podemos avanzar porque la herida se abrirá forzosamente un día”. Como escribió el poeta Marcos Ana, ex recluso del franquismo: “Preso desde mi infancia/ Ya muerte mi condena, /mis ojos van secando /Su luz contra las piedras. /Mas no hay sombra de arcángel/ Vengador en mis venas:/ España es sólo el grito/ de mi dolor que sueña”. Habrá dolor mientras no haya justicia.

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