José Víctor Salcedo.
Enviado especial a Kiteni.
“César, soy tu papá” es el grito constante que estalla en los labios de Dionisio Vilca en medio de la tupida selva. Hace exactamente 20 días, su hijo el suboficial PNP César Antonio Vilca Vega se perdió en la espesura para huir del ataque narcoterrorista contra la patrulla policial que integraba.
Desde entonces su familia vive con la angustia de no saber nada de él. Dionisio, como el jefe de familia, ha decidido buscar a César por sus propios medios en el monte, sin medir las consecuencias de su decisión. Ayer lo acompañamos en su primer día de búsqueda en la comunidad nativa de Incaree y la zona conocida como Lagunas.
Dionisio Vilca es un hombre que no se deja desanimar por las malas noticias. Aunque la confesión de Luis Astuquillca, compañero de armas de César Vilca, quien sostuvo que lo dejó gravemente herido, hace prever que hay pocas posibilidades de encontrarlo vivo, Dionisio no admite esa posibilidad.
“Entonces lo vi en el suelo, herido en la pierna. Le puse un torniquete. Con el calor insoportable y la humedad, se hinchó rápidamente. ¡Déjame aquí! ¡Tú avanza! ¡Anda a buscar ayuda!' me reclamó mi compañero Vilca. Pero yo me quedé todo el día con él, hasta el día siguiente. Era verdad, los terroristas nos estaban buscando para matarnos" relató el policía Luis Astuquillca.
Dionisio cuenta que se despierta cada mañana con la esperanza de encontrar con vida a César. Ayer no fue la excepción. Desde las cinco de la mañana se preparaba en Kiteni para ingresar a Lagunas en busca de su único hijo varón. Antes de partir salió en vivo en varios canales de televisión de señal abierta, reclamando al gobierno reanudar la búsqueda que había sido suspendida en forma indefinida un día antes.
Abordó un Station Wagon con destino a Lagunas donde César fue visto por última vez, luego del ataque narcoterrorista. Lo acompañan el primo de César, Percy Buendía Vilca, un guía nativo y un grupo de periodistas.
BUSCANDO AYUDA
Lo primero que hace Dionisio en el camino es hablar con los habitantes de los pueblos cercanos. Les cuenta que tiene un familiar desaparecido, es joven, iba vestido con uniforme policial y está herido. Hay quienes le dan ánimos y otros lo miran con desconfianza.
Tras cuatro horas de lento viaje ingresan a la comunidad nativa machiguenga Incaree. Mientras Dionisio camina presuroso, el resto coloca avisos en los árboles y algunas cabañas que se encuentran a lo largo de los estrechos pasajes.
Incaree, como la mayoría de los lugares de la selva tienen un denominador común: la espesura del bosque no deja ver nada. Arriba de esas superficies casi oscuras, “patrullan” algunos helicópteros de las fuerzas combinadas de la Policía y el Ejército.
HASTA ENCONTRARLO
Dinosio aprieta las malos y vuelve a descargar el grito: “César, (soy) tu papá”. “Qué este por ahí sería una suerte, tengo la certeza que lo voy a encontrar, Dios es grande y mi fe va a ayudarme a encontrarlo”, confiesa mientras avanza por el camino que conecta Incaree con Lagunas.
Asegura que volverá a la selva las veces que sea necesario, para buscarlo. Está decidido a no parar hasta encontrarlo. “Voy a volver todas veces para encontrar a mi hijo. Veré cómo encontrar a pobladores o nativos que me sirvan de guía ya que no conozco esta zona. Sería bueno que un nativo quiera ayudarme”.
En el camino encuentra casquillos de bala de diferente calibre y una chompa de militar tirada en una hondonada, lo que hace prever que ahí se habría producido uno de los tantos choques de las fuerzas del orden con los sediciosos de Sendero Luminoso.
En Incaree y Lagunas encontramos pequeñas cabañas abandonadas que pertenecen a los pobladores desplazados por los bombardeos de las fuerzas del orden. La usencia de sus propietarios provocó que sus animales como cuyes y patos murieran a falta de alimentación. En esas cabañas se siente el fuerte olor a podrido.
Eso no sorprende ni desanima a Dionisio. En cambio sí le asombra que en los 34 kilómetros de recorrido hasta Incaree en el distrito de Echarate en Cusco no haya ni un solo efectivo de la Policía Nacional o el Ejército.
NADIE LO BUSCA
“Yo no me explicó cómo no hay un solo efectivo en todo este tramo, no sé cómo están haciendo su trabajo, de qué manera están buscando. Eso confirma lo que me dijeron de que se han suspendido las operaciones de búsqueda de mi hijo para planificar una nueva estrategia con los datos que dio su compañero Astuquillca”.
Cuando Dionisio quería seguir caminando fue persuadido por su sobrino Percy para ya no llegar más lejos sin un guía. La existencia de bombas caseras sembradas por los terroristas los atemorizó.
Al final de la tarde volvió a Kiteni esperando que la entrega de volantes con la fotografía de su hijo permita que los campesinos y nativos del lugar contribuyan en dar con el paradero del suboficial cuya condición se desconoce hasta el momento.
Desde el lado de la Policía confirmaron que en efecto se han suspendido las operaciones de búsqueda hasta nuevo aviso. Lo que no se suspenderá es el permanente ingreso del padre de César Antonio Vilca Vega a la selva para buscarlo sin desmayar, una medida desesperada que refleja sin embargo el inmenso amor de un padre que no desmaya por hallar a su hijo desaparecido en combate. Tiene esperanza de encontrarlo con vida.