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Ejemplo.

La intimidad de la campeona sudamericana Rosa Valiente

El dato. La matadorcita vive desde que tenía tres meses junto a sus abuelos Rosa Cárpena y Ricardo Arévalo. Ellos son sus guías y principales hinchas. Siempre están con ella.
El dato. La matadorcita vive desde que tenía tres meses junto a sus abuelos Rosa Cárpena y Ricardo Arévalo. Ellos son sus guías y principales hinchas. Siempre están con ella.
La carismática voleibolista abrió las puertas de su casa para contarnos su vida que sabe de carencias, esfuerzo y mucha superación. Inquieta y risueña, igual acepta el rigor de la disciplina impuesta por Natalia Málaga en el sexteto de menores, que nos regaló un título continental luego de 32 años.

Milagros Crisanto Cordero

La morena quimbosa del sabroso Barrios Altos saltó a la cancha.Rosa le hace honor a su apellido: Valiente como nadie y decidida como pocos. A sus cortos 16 años la joven de mirada tierna y de sonrisa coqueta ha saboreado la gloria con tan solo seguir a su corazón, pues tenía apenas nueve  años cuando decidió darle rienda suelta a su instinto ganador y sin pestañear aceptó la propuesta de su madrina Lucía, quien al verla crecer a pasos agigantados la animó a llegar a un club de vóleibol. “Fui a probarme al Latino Amisa y me dijeron ‘te quedas’”. Así comenzó a escribir su historia en el deporte de la net alta esta muchacha que dedicaba sus días y sus oraciones a la Santísima Virgen del Carmen. Y es que contagiada de la devoción tradicional que ejerce su familia por la virgencita que reposaba a pasos de su casa, no solo se hizo devota sino que por mucho tiempo formó parte de la hermandad. 

Hasta ahora llevo mi escapulario de la Virgen a todos lados, siempre le rezo. Gracias a ella tengo todo esto”, nos cuenta mientras es inevitable que la nostalgia de aquellos días la transporte hasta su niñez que pocos conocen y que la llevan a abrazar más fuerte que nunca a doña Rosa Cárpena, la abuela-madre de una jugadora que hoy necesita más que nunca el cariño de la mujer que guía sus pasos desde los tres meses de vida, sin olvidar la mano dura que impartía su abuelo y padre Ricardo Arévalo. Ambos son sus pilares familiares, su motor de vida.   Ellos  inflan el pecho de emoción al ver a su ‘niña’ en las portadas de los periódicos  y aparecer en los diversos canales de televisión.  “Ella es un ciclón, llega a casa y  le da vida”, cuenta emocionada su abuela para luego aceptar que es la consentida de la casa pese a que  la matadorcita no es precisamente amiga de la cocina, el lavado o la limpieza del hogar. 

La unión que derrocha esta familia se hizo aún más visible cuando la jugadora recibió la carta de la Federación Peruana de Vóleibol informándole que había sido elegida como parte de la selección de menores. Rosa sonríe y confiesa que cuando eso pasó no dejó de comer, pues además del voley y el baile, la comida es su otra pasión. El desborde de alegría fue compartido con su 'mamá', quien vio más allá de lo evidente y le anticipó que desde entonces conocería muchos países y tendría nuevas amigas. Y no se equivocó.

Pero convivir con once chicas de su edad no es una  tarea simple para la joven de vincha y trenzas que destaca por la energía que aflora de sus manos frente a una net. La simpatía que irradia en el equipo que lidera Natalia Málaga no es cosa de todos los días. Dueña de un carácter distinto, ha protagonizado más de una discusión de adolescentes que termina con un abrazo. No obstante, Rosa reconoce que en el grupo hay alguna que otra chica con la que  "La química no existe, dentro del campo eso no cuenta. En la concentración estuve durmiendo con una chica con la que no me llevo bien y tuvimos algunos pleitos. Gritamos más que Natalia”, bromea. 

El otro lado de la moneda es Bárbara Briceño, su 'pata pata' en la selección. Ella, dice, es su hermana y desde que se mudó a San Martín de Porres,  también su vecina. "Vamos a entrenar juntas, nos regresamos juntas. En el camino vamos pensando qué apodo le ponemos a alguna compañera. Natalia también tiene pero no lo digo, ni loca", vuelve a comentar con picardía mostrando su enorme sonrisa blanca color esperanza.

El equipo de menores es como el Perú: una mixtura de colores y condiciones sociales. Luciana del Valle fue bautizada por Rosa como 'La Gringa'. Revela que se acopló al grupo tras haber cumplido los 'requisitos'. “Le dije que tenía que aprender a bailar, si no que se fuera por donde vino (risas). Es súper chévere al igual que Cristina (Cuba), la otra colorada del equipo. Las concentraciones nos unen más a todas", agrega.

y se baila así, así...

Rosa agradece el cariño de la gente. Sostiene que el público se engancha con sus bailes. Y es que, si usted no lo sabía, Valiente es la creadora de todas las coreografías  que las matadorcitas estrenaron en el Coliseo Miguel Grau tras vencer a Brasil y conseguir el título Sudamericano después de 32 años.  

La salsa es su debilidad, las canciones de moda la hacen mover coordinadamente cada parte de su cuerpo, pero le agradece a la música negra el sabor que corre por sus venas. “A los 8 años me metí a bailar música negra en Barrios Altos, lo hacía hasta en las fiestas de la hermandad”.  La fama, por lo menos en el vecindario, no es algo reciente pero ella la toma con mucha humildad. Halagos, autógrafos y fotos la aturden a veces pero no la marean ni la desvían de su sueño mundial y, por qué no, olímpico. “Alcanzar lo que hizo Natalia, sería espectacular", dice y los ojos le brillan, iluminan su pequeño cuarto donde muchas medallas se confunden con una variada colección de peluches.

Y el principal eslabón de esta cadena de éxitos es precisamente la entrenadora. La ex voleibolista dejó de ser la jefa  y se sumó a la ola de intimidad con un grupo de jovencitas que solo necesitan de  un confidente.  'Nati', como Rosita la llama, muestra su lado maternal cuando está con el grupo que dirige. Los gritos y regaños cobran vida cuando la situación obliga a una reacción. Necesarios o no, Rosa solo resalta la gran persona que es y repite sin cesar que la conoce muy bien, pues ha llegado a dormir con ella en más de una concentración. “Nos molesta que hablen tanto sin haber convivido con ella”. Recuerda, tras defender a su entrenadora con convicción, que no se escuchó ninguna crítica de ellas o sus familiares al estilo de dirigir de Natalia. 

Esta familiaridad que ha crecido con el pasar del tiempo y de los logros, es razón suficiente para que Valiente desee tener a  Málaga muy cerca de ella por mucho tiempo más.  

 La clasificación al Mundial Tailandia 2013 escribió las primeras  páginas de un libro cuyo primer capítulo debe culminar con otra medalla. ¿La de oro en el Mundial? Rosa planifica, acumula fuerzas  y no le teme a los retos.  Sin embargo, en la enciclopedia de su vida ella escribe día a día  metas a largo plazo. Verse en la selección de mayores y ser campeona olímpica son el sueño dorado.

Para  lograr todo eso,  la elegida como mejor bloqueadora del reciente sudamericano parece necesitar solo el apoyo de los amantes del vóleibol. Ver un coliseo pintado de blanco y rojo le calienta la sangre y deja ver el lado aguerrido, ese que la conmina solo a ganar o ganar porque la palabra competir quedó borrada en su diccionario personal cuando se trata de defender la camiseta del Perú. “Tenemos una cancha que no está terminada, nos tienen paseando hace mucho con que la van a terminar y hasta ahora nada, ojalá ya no nos paseen más”, afirma fastidiada.  

Pero se le pasa. Rosa sonríe, suspira y con aquella misma mirada coqueta con la que nos recibió en su hogar confiesa que sus ambiciones superan su  1, 82 cm. Trata entonces de enumerarlas  con el temor de no alcanzarle papel alguno para escribirlas. Cursa el cuarto año de secundaria y no solo se ve triunfando en el voley nacional e internacional, sino también en la sala de un hospital. La decisión está tomada, Rosa Valiente la joven de las manos morenas que nos devolvió la ilusión iniciará sus estudios de obstetricia apenas culmine el colegio. “Seré tan buena como en la cancha, ya verán”, promete y antes de despedirse solo atina a decir que jamás la verán bajar los brazos, mucho menos cuando lleve la blanquirroja en el pecho. 

Inquieta, juguetona, creativa para poner 'chapas', bailarina sin fecha de vencimiento: Rosa, claro que le hace honor a su apellido. Palabra que sí.

COMPARACIONES QUE MOLESTAN

Seguir a Rosa Valiente por los distintos homenajes que recibió fue realmente agotador. Incluso su ex colegio Santo Domingo de Canta Callao la recordó y ella sin problemas llegó para ser condecorada por las autoridades y jóvenes que estudian en dicho centro educativo. La carismática Rosa no deja de sonreír al ver a tanto niño detrás de un balón pero igual decide tocar un tema que se ha convertido en un fastidio para ella, las comparaciones con los jugadores de la selección de fútbol. "Cada uno sabe lo que hace con su vida y cada deporte es distinto. Me incomoda que me pregunten porque al final quizás le toman más importancia a ellos que a nosotras", dice.

"Yo sé que estamos en una sociedad machista y todo es fútbol, pero nosotras estamos demostrando que podemos darle alegría a todo un país", agregó y pidió que el Estado apoye de manera efectiva al deporte.

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