Ana Núñez y César Romero/
Dos presidentes se han convertido en los principales protagonistas de la 42 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), una cita creada originalmente para reunir a los 34 cancilleres de los países integrantes de ese organismo internacional y en la que es inusual la presencia de jefes del Estado.
Evo Morales, presidente del país anfitrión, y su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, han decidido participar en los debates de la Asamblea para fortalecer la posición de sus países en contra del sistema de derechos humanos de la OEA, representado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y otros organismos, como la Relatoría para la Libertad de Expresión.
Correa llega a Cochabambas invitado por Morales, quien ha expresado su respaldo a la propuesta del ecuatoriano para "refundar la OEA" y crear un sistema "mucho más cercano y acorde con las necesidades históricas de las realidades de nuestra América".
Los dos presidente amigos son, en realidad, la voz cantante de todo un gran bloque de países que buscan reformas inmediatas y drásticas a las facultades de ciertos organismos de la OEA, en especial las de la CIDH.
Tanto Ecuador como Bolivia, además de Venezuela, consideran que la Comisión es "un ente inquisidor", por los duros informes que ha emitido respecto de sus prácticas de derechos humanos.
Por ello, promueven una reforma en la CIDH basada en las recomendaciones aprobadas por la OEA en enero pasado. La más controvertida propone que la Comisión consulte con los Estados antes de aplicarles medidas cautelares.
Es decir, los gobiernos quieren ser los que decidan dónde, cuándo y en qué circunstancias podría intervenir la CIDH en defensa de los derechos humanos y la libertad de información.
Otros países, como Brasil y Colombia también se sentirían representados en las críticas de Morales y Correa, aunque al gobierno de Santos le molestaría ser parte de una demanda de los llamados países "bolivarianos".
Al confirmar su viaje a Cochabambas, Correa señaló que decidió participar en la Asamblea de la OEA "para poner en su sitio a cierta burocracia internacional que se cree por encima de nuestros Estados".
En medio de esa controversia, el secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, aseguró que "no se ha hablado precisamente de reformas, sino de fortalecimiento, porque no queremos dar la impresión de que se van a reducir o eliminar determinadas atribuciones de ninguno de los organismos del sistema".
Sin embargo, una comisión de trabajo impulsada por Insulza ha entregado a los miembros de la OEA un informe en el que se propone, bajo el concepto de fortalecer su trabajo, que sean los Estados los que aprueben en qué casos la CIDH puede dictar medidas cautelares o los informes país por nación que se emiten anualmente sobre la situación de los derechos humanos y la libertad de expresión en el continente.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha expresado, precisamente, su preocupación ante la posibilidad de que se respalde un paquete de recomendaciones que "buscaría neutralizar y debilitar la labor de la CIDH y la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión".
Entre las modificaciones que se piden a la Relatoría se indica que esta no podrá buscar fondos por fuera de los gobiernos americanos, que su informe anual no podrá referirse a cada país si no que deberá ser general y deberá regirse por un código de conducta fiscalizado por los gobiernos.
La ONG Human Rights Watch (HRW) consideró ayer que la CIDH "corre serio peligro" si la OEA aprueba el informe elaborado por Insulza.
"Se reduciría la independencia de la Comisión al otorgarle a la Asamblea Geneal poderes para redefinir lo que la CIDH y sus relatorías pueden o no hacer", advirtió José Miguel Vivanco, director de la división de las Américas de la HRW.
Las "razones" de los países críticos a la CIDH
El intento reformador de la CIDH es impulsado por Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Colombia y probablemente el Perú, bajo la premisa de que las facultades actuales de ese organismo son válidas ante gobiernos dictatoriales que predominaban los años 70.
A través de una nota de prensa, el ministro de Justicia peruano, Juan Jiménez, indicó que "el Perú concuerda con Brasil en la reforma del sistema interamericano de los derechos humanos".
A Brasil no le gustó que en abril del 2011 la CIDH dicte una medida cautelar que paralizó la construcción de la gigantesca represa de Belo Monte –impulsada por la presidenta Dilma Rousseff– porque no se consultó debidamente a las poblaciones indígenas.
Al Perú le preocupa la posición de la Comisión respecto del caso de los comandos Chavín de Huántar.
Venezuela critica al sistema porque junto a Colombia, Cuba y Honduras aparece en el informe anual que la CIDH presentó el 9 de abril último, como uno de los países que no cumplen con estándares básicos de respeto a los derechos humanos. Ecuador está en guerra con la Relatoría para la Libertad de Expresión porque esta defendió a los periodistas que el presidente Correa demandó por criticar su gobierno.
COCHABAMBA SE CALIENTA
alerta. El ministro de Exteriores de Ecuador, Ricardo Patiño, dijo en Cochabamba que "con los gobiernos progresistas que hay en América Latina, la OEA no puede seguir así. Está destinada a su desaparición a menos que acepte su reinvención. No tiene otro camino".
ataque. El embajador de Venezuela, Roy Chaderton, atacó a la prensa privada. "La dictadura mediática impone la censura y hace más difícil el debate político. Pienso en Fox News, el grupo de diarios América, la Sociedad Interamericana de la Prensa, la Asociación Interamericana de Radiodifusión, los diarios Clarín, La Nación, El Nacional y el Universal de Venezuela", dijo.
dE ARRANQUE. La 42ª Asamblea General de la OEA, que culminará mañana, tiene como tema central la seguridad alimentaria con soberanía para los pueblos de la región, pero está previsto como telón de fondo debatir sobre el funcionamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Heridas. Otros temas candentes son el reclamo de Argentina sobre la soberanía de las islas Malvinas y el diferendo marítimo Bolivia-Chile. Esas son las últimas dos heridas que deben sanarse.
