Maritza Espinoza.
Más allá de lo último vivido, ¿qué ha cambiado en ti en todo este tiempo?
De hecho, un hijo te cambia un montón, te hace crecer y poner las cosas como en una perspectiva distinta: pasas a no ser para nada importante.
Si todo esto (su separación del actor argentino Segundo Cernadas) hubiera ocurrido antes de tu bebé, ¿sería diferente?
Cómo saberlo, creo que son cosas que nunca jamás podrás saber...
¿...en el sentido de que todo pasa porque tiene que pasar?
Sí, yo confío mucho en la vida. Confío en que en el fondo de tu corazón siempre sabes la verdad de las cosas y que, a partir de eso, el resto es innegociable.
No veo en ti al tipo de mujer que dice: yo voy a sostener esto por mi hijo.
No, no. Es más, creo que si él estuviera más grande y me preguntara algo por el estilo, le diría que no, ¡que nunca jamás!
Pero lo sostuviste un tiempo...
No, nunca hubo esa postura. Los dos tratamos de manejarlo, de llevarlo, de defenderlo a muerte, porque ninguno de los dos somos gente que se casa y ya...
¿Pero cómo sabes cuándo concluye?
Yo lo supe hace un tiempo no muy largo en realidad. Hasta ese momento de alguna manera sabíamos que algo no estaba funcionando, pero lo tratábamos de defender, de manejar, de conversar y de alguna manera trabajarlo.
¿Y tu proceso interno ya terminó?
No sé si está superado. Hay un montón de cosas que no termino de concluir...
¿Cómo queda tu carrera en Argentina?
Mi elección, por lo menos este año, es estar tranquila, en mi país. Tanto yo como mi hijo necesitamos de paz y de estabilidad, porque hemos estado yendo y viniendo por un montón de países por un montón de tiempo, y él va a empezar el colegio, y es importante que tenga su casa, sus raíces, su gente.
¿Y la tele cómo queda?
A menos que no tenga cómo pagar la luz planeo no hacer novelas este año. Ya hice Los Gómez y La Lola, y ambas duraron más de un año. Fue bien agotador
¿Con cuál te divertiste más?
La Lola fue un personaje muchísimo más divertido. Me ayudó a superar tabúes que ni me imaginaba que tenía. A nivel físico, no te crees tan pacata, y de repente tienes que abrir las piernas en la tele y dices, ¡Dios, soy un monstruo!
¿Y con quién sentías más química, con Diego (Bertie) o con Christian (Rivero)?
En realidad con ambos, los dos son personas encantadoras.
Pero con Diego no te han puesto titulares en los diarios...
No, pues, era otro momento de mi vida. Caímos en una coyuntura en que los dos estábamos protagonizando novelas y en el mismo país. En el momento preciso para que nos coman los leones. ¡Nos tiramos así, como en un circo romano...!
¿Qué te ha afectado más de todo esto?
Creo que lo violento que fue todo. Si no hubiéramos protagonizado en novelas que se veían en ese momento tal vez hubiera sido mucho más simple, hubiera quedado entre nosotros, y después lo hubiéramos avisado y ya estaba.
¿Cuál es la vida que tú quieres ahora?
Quisiera empezar a tener cosas que me llenen actoralmente, más calidad que cantidad. Manejar mis tiempos para no perderme de cosas importantes, como mi hijo, mi familia, mi casa, que estoy armando ahora. Y arriesgarme más, hacer cosas más complejas. Ser más adulta.
¿Hablamos de desnudos o algo así?
No, no necesariamente. No me fijo en esas cosas. Me fijo más en el personaje y en la historia que en si hay un desnudo.
¿Y por qué no fotos desnuda, ahora que ya has vuelto a estar espectacular?
¡Nunca quedas igual! Parada, todo bien, pero te agachas, pluf, y se chorrean los rollos. En eso la naturaleza falló, porque estamos dando vida. ¡Debería dejarnos como un six pack! ¡Te deberían premiar! (Risas)
Dicen que la mujer florece al separarse.
¡Dicen, amiga mía, no lo sé! Hay gente que me mira y me dice ¡ay, estás iluminada! Yo no me siento tan iluminada. Me siento agotada y cansada...
¿Y la apechugaste sola o tuviste ayuda?
Sí, de todo, hay que tener de todo. Tienes que tener tu familia, tus amigos. Y yo agradezco que me haya pasado aquí, porque de hecho es mi casa.
Tú has declarado que sabes que no hubo tercero de por medio. ¿Te hubiera dolido más que sí?
No lo sé, honestamente no lo sé. Prefiero ni siquiera hacer conjeturas de ese tipo. A estas alturas para qué.
Dices que estás abierta al amor...
Soy fiel creyente del amor, es lo más maravilloso del mundo. Estar enamorada es el mejor estado del mundo.
¿Y lo estás?
Estoy muy bien, estoy tranquila, y no voy a hablar nada más.
A propósito de la obra que estás haciendo: ¿es verosímil una relación de amantes que dure 25 años?
Es que para mí es una historia de amor. Empiezan como jugando, ocultando lo que realmente sienten y de repente se ven inmersos en esta gran historia de amor.
¿Y no será más bien el amor ideal eso de verse una vez al año?
Eso dice Osvaldo (Cattone). Yo soy un poco más idealista y creo que si realmente amas a alguien lánzate a la piscina con todo. Si funciona, funciona. Y si no, nadie te quita lo bailado.
¿Y tú has bailado bien?
Yo he bailado bien y espero seguir bailando.
Con otro pañuelo...
Sí, con lo que venga, o de última, solita, con mi propio pañuelo (risas).
La ficha
Me llamo Gianella Karina Neyra Magagna. Nací en Arequipa hace 34 años. Me casé, me separé. Tengo un hijo de tres años. Actué en Argentina, pero he vuelto a mi país. Hice dos telenovelas el año pasado y ahora soy Doris en El próximo año, a la misma hora, en el Marsano, junto a Diego Bertie.
