El desaparecido ex Presidente de la República Víctor Mosquera Chaux al escribir el prólogo de nuestro libro (“Latinoamérica: Su Deuda Externa”), hacía un exhaustivo análisis de las fases de integración del hemisferio y enfatizaba que uno de los mejores intentos en ese propósito era el Grupo Andino.
Por: José López Hurtado
Analista Internacional
joselopezhurtado13@yahoo.es
Este surgido, decía con razón, a raíz de Las diferencias presentadas en la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALADI), entre los países grandes y pequeños, pero que “ los mecanismos económicos y políticos que concibió deben ser reconocidos y asimilados en una realidad más amplia que englobe todos sus aciertos “.Palabras premonitorias en ese viejo anhelo integracionista, obstaculizado por intereses políticos y hegemónicos, como los que estamos viendo por éstos días.
El Grupo desapareció como tal, pero se convirtió en la Comunidad Andina de Naciones (CAN), agrupando en su seno a las cinco naciones-Venezuela oficializó su retiro hace poco, por razones suficientemente conocidas de hostilidad y rechazo a esquemas considerados “imperialistas”-,identificadas por razones geográficas, culturales, de historia, revoluciones y gestas.
La integración latinoamericana sigue siendo una quimera, pero se han dado pasos significativos, y el sueño se cumplirá cuando al igual que en el Viejo Continente, separado por diferencias que parecían irreconciliables, el proceso de unión avance en la dirección deseada.
Y los dirigentes de la región, los partidos políticos, organizaciones gubernamentales y no, comulguen efectivamente en ese propósito, en procura del bienestar de millones de ciudadanos, pertenecientes al bloque de naciones, unidas por indestructibles lazos de hermandad e intereses, y dejen a un lado, mezquinos proyectos que han venido impidiendo el logro de esa mayúscula meta.
La cooperación intersubregional debe darse en un plano de equilibrio que consulte las realidades nacionales, sin atropellos indignantes; la inversión extranjera, así mismo, compadecerse con el respeto a la dignidad humana, a las conquistas laborales, y particularmente, en su aplicación, con un tratamiento de conservación del medio ambiente y de las riquezas naturales, no como se ha venido haciendo en un absurdo manejo de destrucción y expoliación; revisar las políticas de migración, permisos fronterizos y garantías para los ciudadanos de la región que deben trasladarse por razones académicas o en búsqueda de oportunidades a los países miembros de la comunidad; el rediseño de instrumentos que permitan el envío de remesas; el fortalecimiento de una política común de transporte entre los países, al igual que en el campo de las comunicaciones y turismo; la estructuración de un esquema que privilegie el intercambio académico de becas y conocimientos etc., son viejos deseos, sobre los que hay que seguir trabajando con ahínco y dedicación.
A esos loables propósitos hemos convocado desde hace muchos años en nuestros escritos en los diarios nacionales y de algunos meses en medios de Perú, Argentina, Ecuador y recientemente de Honduras, que nos han acogido en sus páginas, como apósteles incansables de la unión de nuestros pueblos.
La legislación colombiana (ley 1157 de 2007), en desarrollo del artículo 227 de la Constitución Nacional de 1991, por fin, resolvió abrir ese nuevo espacio de participación democrática para que por la vía de la elección directa y universal se elija a los miembros que le corresponden en el Parlamento Andino, órgano deliberante de la Comunidad Andina de Naciones, en las próximas elecciones de marzo, junto con las de Congreso de la República.
Un grupo de amigos y de sectores independientes de la academia, artistas, comerciantes y gentes del común en forma más que generosa, estiman que nuestro trajinar en estos temas, nuestra experiencia en el campo internacional, pueden ser una buena carta de presentación para una candidatura al organismo. Estamos pensando si asumimos tamaña responsabilidad.
