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Memoria viva

Que esta voz no se apague nunca

María Elena con sus hijos Gustavo y David. Hoy ellos viven en España. I
María Elena con sus hijos Gustavo y David. Hoy ellos viven en España. I

 El 15 de febrero se cumplen 20 años del asesinato de María Elena Moyano, la lideresa popular más importante en la lucha civil contra el terrorismo senderista. Recordarla cobra especial significación por estos días en que los defensores de sus asesinos buscan impunidad y olvido.

 

Por Raúl Mendoza
 

 

María Elena Moyano, teniente alcaldesa de Villa El Salvador, se había convertido en la figura más emblemática de la sociedad civil organizada cuando fue asesinada por Sendero Luminoso el 15 de febrero de 1992. “No hay otro personaje en la época que desde el movimiento social y desde una posición de izquierda haya enfrentado al terrorismo con tanta contundencia”, dice Diana Miloslavich, dirigente feminista y autora de un libro biográfico sobre ella, mirando archivos en su oficina de la ONG Flora Tristán. María Elena ya había superado el perfil de líder distrital y parecía destinada a lograr presencia nacional en los siguientes años. Pero la mataron.

Para Miloslavich hay una deuda pendiente con la dirigente porque no se ha valorado su sacrificio y el de muchos civiles en la guerra contra el terrorismo. “Veinte años después hay una historia mal contada en la que parece que las únicas que se enfrentaron al terrorismo fueron las fuerzas armadas. ¿Y el papel del movimiento social?”. La actuación de María Elena en Villa El Salvador fue clave para desenmascarar a Sendero y sus métodos sanguinarios en Lima. Eso no debe ser olvidado.
Los veinte años de su muerte han coincidido además, paradójicamente, con la reaparición de Sendero Luminoso, el grupo que la mató, a través del Movimiento por la Amnistía y los Derechos Humanos (Movadef). Dos décadas atrás ella los enfrentó con acciones y palabras directas: “Para llegar a Lima tienen que asesinar a dirigentes. Hay gente que me pregunta si tengo miedo. A veces lo tengo, pero yo tengo mucha fortaleza y fuerza moral. Siempre he estado dispuesta a entregar mi vida (...). Si el pueblo se organiza y centraliza esfuerzos, podemos derrotar a Sendero”. Su sacrificio sirvió hace 20 años para derrotarlos. Ahora debe servir para hacer memoria y abrir los ojos de jóvenes que no conocen a SL.

Un crimen atroz

El día que la iban a matar, María Elena Moyano acudió temprano a Villa El Salvador para encontrarse con sus hijos. Por esas fechas, amenazada por Sendero Luminoso, se quedaba a dormir en la casa de Diana Miloslavich en Lince. Ese día tomaron desayuno juntas y como Diana no pudo acompañarla a Villa El Salvador quedaron en encontrarse a las ocho de la noche. “Pero ya nunca nos volvimos a ver”, cuenta Miloslavich. Lo que ocurrió ese día lo ha contado la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) en su Informe Final.

Por la mañana María Elena fue a la playa Paraíso Azul, de su distrito, con sus hijos Gustavo y David y por la tarde a la pollada donde la emboscaron. Llegó allí a las 5 de la tarde y momentos después, cuando conversaba con algunos asistentes, llegaron sus asesinos. Ella se dio cuenta y solo atinó a pedirles a sus pequeños que se tiraran al piso y se taparan los ojos. Después una mujer se le acercó y le disparó en el pecho y la cabeza. Cuando cayó la arrastraron hasta la puerta, donde le colocaron una carga de 5 kilos de explosivos y la hicieron estallar. Un crimen brutal. El grupo de asesinos lo conformaban unas quince personas, varias de ellas vecinas del distrito. Hacía un año que planeaban matarla.

Aunque el caso no se judicializó, la policía detuvo como presuntos responsables ese mismo año a Óscar Sedelmayer Armas, a Marco Antonio Abarca Rupay y a varias personas más. Fueron condenadas por crímenes vinculados al organismo de fachada Socorro Popular, pero no se individualizó responsabilidades ni se identificó a la mujer que le causó la muerte. Esa es una asignatura todavía pendiente. Otras personas cercanas a María Elena como Michel Azcueta y Johny Rodríguez –ambos fueron alcaldes de Villa El Salvador– también sufrieron atentados entre 1991 y 1993.

Familia lejana

Como consecuencia del crimen, su familia debió partir al exilio. Su esposo Gustavo Pineky y sus hijos Gustavo y David viajaron a España como asilados y viven ahí hasta la actualidad. Hoy Pineki tiene un nuevo compromiso, vive en un barrio obrero en Vallecas, continúa trabajando como carpintero y también hace labor social con grupos de inmigrantes. Los dos hijos de Moyano ya son mayores de edad y también han formado familia. Intentamos contactar a Gustavo Pineky a través del correo electrónico y las redes sociales pero no contestó el mensaje.

Veinte años después, el ex alcalde de Villa El Salvador Michel Azcueta también recuerda a María Elena Moyano y reconoce su gran labor en la organización vecinal. “Ella sigue muy presente en Villa El Salvador, en  la Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador (Fepomuves) y en el trabajo que las mujeres hacen día a día aquí”. María Elena tuvo un papel central en las organizaciones lideradas por mujeres, como los comedores populares, las postas médicas y las campañas de salud. También creó los comités de defensa del consumidor y otras oficinas en favor del vecino cuando fue funcionaria de la municipalidad.

Paralelamente a esa labor nunca dejó de pelear con Sendero, con las Fuerzas Armadas y con el gobierno, cuando agredían a las organizaciones populares. “Era una mujer valiente. Tenía cercanía a la realidad más dura, y las causas populares eran las suyas. Defendía todo lo que había construido”, señala el historiador Antonio Zapata. Por ello no dudó en salir a marchar muchas veces “contra el hambre y la violencia”, reclamando al gobierno el shock del 92 y a SL los ataques contra dirigentes populares. Por eso tampoco dudó en marchar por la paz el 14 de febrero –un día antes de que la mataran– a pesar de que los senderistas habían decretado un ‘paro armado’. El Movimiento Clasista de Bases (MBC), organismo de fachada de SL, reivindicó el atentado y señaló que esa marcha era un desafío que habían castigado.
“La balearán, la dinamitarán... y no podrán matarla”, publicó La República en su portada del 16 de febrero de 1992 con una foto de María Elena Moyano en un mitin, combativa y lanzando una arenga. La frase describía el asesinato brutal de María Elena un día antes y al mismo tiempo anunciaba que el recuerdo de su acción permanecía intacto. No se equivocaron. Veinte años después la conmoción que provocó su crimen no ha sido olvidada. Y la voz de la combativa “Negra” tampoco se ha apagado.

Alegre y temperamental

Todos aquellos que la conocieron coinciden en que, más allá de su compromiso social, María Elena Moyano era una persona alegre, carismática, buena bailarina y cantante, conversadora, de risa fácil y una personalidad seductora. “Era una mujer de primera”, dice el historiador Antonio Zapata, amigo suyo. También llamaba la atención su inteligencia y su interés por aprender. “Ella no soltaba un tema, no dejaba de preguntar hasta que no había absuelto todas sus dudas sobre cualquier asunto”, comenta Diana Miloslavich. Era también muy temperamental cuando las circunstancias lo exigían.
Para muchos era una lideresa de proyección que quizá pudo ser alcaldesa o congresista de no haber sido asesinada por Sendero con esa brutalidad tan característica en este grupo. “En momentos en que colectivos de fachada como el Movadef engañan a los jóvenes, se debe recordar a María Elena por todo lo que significó para la democracia”, precisa Neptalí Carpio, quien la conoció cuando militaban en la izquierda. Hacer memoria es indispensable. Mientras no la perdamos no podrán matarla.
 

Arte para recordar

 

Por los 20 años de la muerte de María Elena Moyano, el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán presentará una exposición que tendrá como tema principal la imagen de la recordada dirigente y también actividades paralelas como intervenciones urbanas, graffiti y mesas de debate. Aquí mostramos los trabajos de tres de los artistas y su visión sobre la imagen de María Elena. El primero, del artista Mauricio Delgado, apela a la superposición de elementos –una conocida foto de la dirigente con un fondo florido– para cargar a la imagen de un tinte poético. Por su parte, Jorge Miyagui plantea un ‘buda ekeko’ que vincula a María Elena con la cultura peruana, la alegría y el esfuerzo por construir poder desde abajo. Y también hay una imagen de Natalia Iguíñiz, que es parte de una serie de seis afiches que simbolizan las partes del cuerpo despedazado de María Elena con mensajes que recuerdan la trayectoria trágica y valiente de la lideresa. Otros artistas también estarán presentes en la muestra que se inaugura el 15 de este mes para hacer memoria y no olvidar que alguna vez estuvimos inmersos en una espiral de violencia y que ello les costó la vida a muchos de quienes pelearon por la paz.

Hay 4 Comentarios
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05 de febrero de 2012 | 15 hrs
Ruben Urbizagastegui escribe:

Pucha, igual que Manco Inca y Tupac Amaru. Pero a esos nadie les hace historia ni los recuerdan. La historia de los historiadores esta tan lejos del pueblo, de esa masa que hace justamente esa historia.

05 de febrero de 2012 | 14 hrs
Oswaldo escribe:

Como olvidar, SL asesinos despiadados, era un niño cuando ocurrio aquello,mi padre militar, cada dia pensaba que el no iba a retornar,ella es una heroína . Verguenza nacional ante tanto olvido.

05 de febrero de 2012 | 12 hrs
Eddie relampago escribe:

......................Yo ahora moriré pero, de aquí en adelante, volveremos miles de miles. "A mí solo me matarán, pero volveré y seré millones .......

05 de febrero de 2012 | 11 hrs
Rafael escribe:

Ella conforma el verdaero Ejercito Peruano de heroes,que nos permiten construir una Patria DEMOCRATICA,con una fuerza y moral permanente,de lucha y construccion.De oposicion permanente contra todo fanatismo y corrupcion.De una Fe unica en nuestros valores democraticos,que solo el Peru profundo puede asimilar y comprender.

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