Revista Domingo
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El baile del tubo

Surgió en la India, hace 250 años, pero se popularizó en los clubes nocturnos londinenses y americanos. Es el resultado de una extraordinaria destreza física y de una sensualidad exquisita y, a veces, de infarto. Sus cultoras en Lima quieren que el sexy baile del tubo pierda su fama de show de night club y convertirlo en una disciplina deportiva. El primer paso para lograrlo es un evento inédito que se realizará en nuestro medio: el Primer Campeonato Nacional de Pole Dance, Championship Pole Dance Perú. La flamante ganadora nos representará en Argentina, en el torneo sudamericano.

Por Cynthia Campos
Fotos Miguel Mejía


Lector, hagamos un breve ejercicio mental. Imagine: una grácil mujer camina suavecito alrededor de una larga vara vertical de metal. Despacio, camina, lo mira, mira al espejo que refleja su figura y de pronto, haciendo gala de una agilidad insospechada, da un salto y se cuelga de la vara, hace una pirueta, estira las piernas, arquea el torso y luego, con toda la gracia del mundo, se deja deslizar hasta el suelo, orgullosa, feliz, exhausta. Uno, dos, tres… Despierte, lector. Eso que acaba usted de imaginar no es un baile cualquiera, y aunque sus cultoras quieran decir que es un deporte o disciplina artística más, el hecho es que –hay que admitirlo– tiene que ser el deporte más sexy que jamás se haya visto. Se llama pole dance, en buen peruano “el baile del tubo” (aunque un mexicano lo llamara “el baile del caño” recurriendo a la traducción literal del nombre), y no solo tiene seguidoras, sino que cuenta con escuelas especializadas, maestras profesionales, certificaciones y hasta competencias internacionales (por cierto, la campeona mundial es la australiana Felix Cane). Precisamente, un torneo sin precedentes en el Perú se realizará el próximo 15 de setiembre en Barranco. Totalmente imperdible.

Apto para todas

Ahora es con usted, estimada lectora. Según las instructoras de pole dance de las academias de Lima, todas las mujeres que hacen deporte, o que son jóvenes, están en condición de ser esa grácil mujer de la que hablábamos líneas arriba. “Los ejercicios por clase van desde lo menos intenso hasta lo más complicado, para ir desarrollando la flexibilidad de las alumnas y sobre todo la indispensable fuerza de brazos y piernas, porque todo el peso del cuerpo va a ser manejado y soportado por nuestras extremidades”, sostiene Georgina Carrasco, de GC Studio, la casa organizadora de la competencia en el Perú. Las ventajas en realidad son muchas. En una sesión de una hora de pole dance se puede llegar a quemar hasta 400 calorías, lo mismo que con una sesión normal de aeróbicos y poco menos que con la natación en el mismo tiempo, gracias a la cual se queman hasta 450 calorías. Además, las figuras logradas alrededor del pole o tubo tonificarán los músculos, es decir, les darán definición y dejarán su apariencia blanda. “Lo bueno es que no aumenta el volumen de la musculatura, como puede suceder con otros deportes por ejemplo, sino que los brazos se mantienen delgados, solo que más marcados”, comenta Elody Gamarra, quien a sus 23 años será una de las chicas que representará al Perú en el concurso Miss Hawaiian Tropic, en Cancún (México), y ya se alista también para ser la elegida que nos representará en el Championship Pole Dance Perú que está próximo a realizarse. Además, las pole dancers (o bailarinas de pole) ejercitan también su coordinación y su sentido del ritmo y de la armonía, pues ellas deben danzar e ir al compás de la música. El pole dance es el conjunto entre deporte y danza.

Eso fue lo que le llamó la atención a Mónica Eyzaguirre, de 43 años. Habiendo pasado por las canteras de los aeróbicos y hasta el break dance, Mónica quería apostar por algo que le diera la agitación y la actividad del deporte, pero que también le permitiera libertad de movimiento, de una manera más artística y sofisticada. “Cuando oí del pole dance dije: ‘¡Esto es!’. Y me metí tanto en el tema que incluso participé el año pasado en una competencia entre escuelas. Mi hija fue a verme y quedó encantada. Ahora ella también lleva clases”, dice Mónica, mientras Andrea, su hija de 19 años, ensaya sus primeros giros en el tubo. A veces salen bien, a veces hay que seguir intentando.

Y es que puede parecer fácil, pero en realidad se requiere de mucho esfuerzo para alcanzar la maestría. Aunque es apto para todas (salvo que la aspirante sufra alguna lesión grave), la primera valla a superar es aprender a soportar el peso del propio cuerpo. Una vez superado esto, el resto viene solo. Otra cosa, lectora: los moretones en las piernas, producto del contacto con el tubo, son inevitables. Aunque, según vaya subiendo de nivel en su carrera hacia convertirse en toda una superestrella del pole dance, este inconveniente también podrá ser superado. Gajes del oficio le dicen.

Nacido en los bares

No es que exista alguna especie de historiador del pole dance, pero las referencias apuntan a hace 250 años, cuando los antiguos hindúes realizaban un ejercicio similar al que hoy practican las bailarinas, pero con una barra fija de madera vertical, llamada Mallakhamb. Otro antecedente parece encontrarse en los espectáculos circenses de los años 20, cuando las bailarinas comenzaron a usar los tubos que sostenían sus carpas como parte de algún show erótico, desde donde saltarían a los clubes de striptease de Londres, Estados Unidos y Canadá. De allí la carga de tabú que envuelve cada uno de los movimientos alrededor del pole y de allí también que se haya forjado una corriente que intenta reivindicar al pole dance como deporte. En el 2008 una petición para que este sea considerado dentro del conjunto de disciplinas olímpicas vino directamente desde el Reino Unido.

La próxima competencia nacional, tanto como las internacionales, tiene reglamentos estrictos en cuanto al tema erótico. No está permitido, por ejemplo, realizar movimientos que se consideren obscenos. En la competencia nacional no se usan los conocidos zapatos de pole (los de plataforma y tacones sumamente altos), la vestimenta es como la de cualquier otro deporte de gimnasia o acrobacia: puede ser de una sola pieza o de dos piezas; nada que muestre demasiado. Se evalúa, eso sí, el arte puesto en la coordinación, y cada pirueta realizada tiene un puntaje distinto de acuerdo con su complejidad. La figura más difícil de lograr es aquella en la que la bailarina está de cabeza, sujetada al tubo únicamente con las piernas, explica esta vez Elizabeth Muñoz, instructora de Evidencia, otra de las escuelas de pole dance en nuestro país.

Claro, estas son las exigencias a nivel profesional, que es lo que veremos en setiembre en el bar Mister Fish, de Barranco, donde se realizará la competencia nacional. Pero fuera de este marco, a nivel personal, se pueden usar prendas sexys y zapatos de tacón alto o hacer el baile que la imaginación desee. Después de todo, uno de los “frutos” que trae el pole dance, de acuerdo con todas las consultadas, incluida Rossana Montalvo (28), maestra de pole dance, competidora del torneo y próxima comunicadora social, es que levanta el autoestima. No solo por lo sexy y segura que pueda sentirse la mujer, sino porque lograr alguna figura compleja en el tubo significa, como en cualquier deporte, un reto que fue alcanzado. ¿Qué nos atrae tanto? “Ver a la mujer en posesión de su propio cuerpo y no solo eso, sino también haciendo gala de sensualidad y sexualidad, algo impensable hace unas décadas”, según la socióloga de la Universidad del Pacífico Liuba Kogan.

Admítalo, lector. ¿Cuántas veces ha aguantado la respiración al ver a la bella Liv Tyler balanceándose de un tubo en el video de “Crazy”, de los rockeros Aerosmith? O usted, lectora. ¿Cuántas veces ha sentido esa sana envidia –si tal cosa existe– al ver a Demi Moore en las mismas, en la película Striptease? ¿O a Kate Moss, esta vez en un videoclip de The White Stripes? Por deporte o por afición, la opción es buena. Escoja el fondo musical de su preferencia y voilá. ¿Por qué no?

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