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Fernando de Szyszlo en la galería Fórum

DESLUMBRANTE. “El lecho de Venus”: acrílico sobre tela (díptico) 170 x 400 centímetros.
DESLUMBRANTE. “El lecho de Venus”: acrílico sobre tela (díptico) 170 x 400 centímetros.
MAESTRO. Artista fundamental de la pintura peruana, expone desde hoy sus obras recientes. Luego de la gran retrospectiva del MALI, es un acontecimiento cultural. Publicamos la parte inicial de “Indagación en la penumbra”, el bello texto que Alonso Cueto le ha dedicado.

Alonso Cueto.



Los cuadros de Fernando de Szyszlo son el registro de una indagación desde las sombras. En sus penumbras amenazantes, en los espléndidos fogonazos de color, en esa dialéctica suntuosa entre las más diversas  formas, hay una semántica de la seducción, un hilo conductor, que apunta siempre, creo, a un mismo tema de fondo: la naturaleza implacable del tiempo y el poder de los sueños, en especial de los sueños del amor.



Indagando en la penumbra, iluminados por sus pesadillas, sus cuadros ilustran un drama esencial, el del erotismo frente a la muerte. En sus superficies rojas y oscuras, hechas de cuchillos y océanos, parece librarse un combate pero al mismo tiempo constituirse una simbiosis en la que estos dos grandes temas –el tiempo y el eros– están imbricados. Hay una extraña armonía entre el esplendor de las formas y el fondo oscuro que los acosa y los resalta. No ofrecen exactamente un diálogo entre luz y oscuridad sino algo que me parece mucho más complejo y verdadero: la interrelación de todos los colores y las sombras, de la vida y de la muerte, en una unidad sensual.



Desde sus primeras obras, y en un proceso en el que la pintura va adquiriendo madurez y misterio, De Szyszlo hace nuevas preguntas que no se resuelven sino que más bien se profundizan. ¿Cómo podemos enfrentar las amenazas del deterioro irreparable del tiempo? ¿Qué refugios puede encontrar el ser humano en su propia naturaleza? ¿Qué formas adquiere ese drama, en un cuadro? ¿El arte, el erotismo, el amor, son realidades suficientes? Estas preguntas sostienen sus cuadros. No buscan una respuesta que son parte de su naturaleza.



La pintura misma, el “encuentro de la materia con lo sagrado” es un refugio y a la vez un espejo. Los fondos de penumbra y de oscuridad, en la gran tradición de Rembrandt, aparecen de pronto rasgados por formas rojas, amarillas o azules, el mar inmenso y oscuro está punteado por estallidos de color. Las formas de estos estallidos son afiladas pero también circulares. Son lanzas pero también escudos, puntas pero también círculos, azadones pero también semillas. Cortan y acogen, punzan y dispersan, destruyen y crean. Hay en ellos siempre una calidad desmesurada frente al fondo de sombras. Son formas de erotismo, pero en su violencia también hay algo de muerte, contra el peso oscuro, eterno, del tiempo detenido. Quizás esta combinación entre los gritos y silencios pueda definirse con la misma frase con la que D.H. Lawrence define a un ser humano: “una columna de sangre dentro de un vacío”.   

 

Claves

 

Se trata de obras de gran formato trabajadas por el artista en los últimos 18 meses, unos emplean acrílico sobre tela y otros técnicas mixtas. Algunos son replanteamientos de antiguos motivos (“Camino a Mendieta III”) y otros una gran novedad.



La muestra permanecerá abierta hasta el 19 de enero en la Galería Fórum (avenida Larco 1150, Miraflores) de lunes a viernes de 10 a.m. a 8 p.m. y los sábados de 11 a.m. a 2 p.m. y de 5 a 9 p.m.

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