José Miguel Silva @jomisilvamerino
Jorge del Castillo conversó con LaRepublica.pe sobre su experiencia aquel domingo hace ya veinte años en que Alberto Fujimori decidió disolver el Congreso y el Poder Judicial. Fue tan cercano a Alan García que incluso esa noche se encontraba junto a él y sus menores hijos cuando de pronto unos militares con fusiles y metralletas les exigieron que salgan. ¿Qué hubiera ocurrido si finalmente el ex presidente salía o por lo menos si se dejaba detener?
¿Por qué si el APRA tuvo un gobierno tan cuestionable entre el 85 y el 90, Fujimori mandó a buscarlo? ¿Tanto poder de influencia en la sociedad podría tener un partido que dejó el gobierno en esas condiciones? Jorge del Castillo recuerda a continuación ese hecho volverá a repetir cada año en que se conmemore un aniversario más del 'autogolpe'.
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Ese cinco de abril yo venía de Chorrillos y Barranco hacia la casa de Alan García en Chacarilla del Estanque. Era como las seis y media de la tarde y debía reunirme con él a las siete.
En el camino vi en el óvalo Balta unas tanquetas que sin embargo, no me llamaron la atención mucho porque como soy barranquino siempre veía eso.
Nosotros a las diez de la noche ya sabíamos que iba a haber el mensaje de Fujimori. De pronto los policías que estaban cuidando el perímetro de la casa nos avisaron que el ejército estaba rodeando la manzana.
En ese momento recibimos llamadas de algunos compañeros que sabían lo que pasaba. Nosotros no estábamos viendo la televisión, pero nos avisaron que se había dado un golpe de Estado.
Empezó a sonar un altavoz de manera muy amenazadora:
-¡En nombre del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas están detenidos, salgan en este momento!
Entonces Alan decidió cambiarse y cargar dos armas que tenía en su poder. Salió hacia la parte de atrás de la casa. Yo me encargué de resistir todo lo posible.
Recuerdo que me dediqué a 'pedir tiempo'. Cinco minutos, diez, un rato más y a la vez se escuchaban sus disparos contra la vivienda.
Ellos querían meterse por el techo de la casa, trepando por las paredes. Fue después de un rato, que yo logré comunicarme con Radio Antena Uno y me dejaron salir al aire para contar lo que venía ocurriendo en la casa.
Un rato después, Alan me avisó por teléfono que estaba 'fuera de alcance'.
-Déjalos entrar porque en la casa están mis hijos, me pidió Alan.
Por eso los dejé pasar. Los policías que estaban dentro de la casa estaban completamente angustiados con lo que ocurría. Salimos todos y nos pusieron contra la pared.
Me golpearon y amenazaron buscando que yo les diga dónde estaba Alan García.
-Debe estar en la casa del Pueblo, respondía.
Ellos llamaban por radio y recibían respuestas negativas. Ahí me golpeaban más.
Luego me amarraron y me pusieron una capucha sobre la que ya tenía. Me sacaron de la casa y me subieron a un carro particular. Sentí una pistola en la cabeza durante todo el viaje que me hicieron por Lima.
Me habían llevado a un cuartel militar y allí terminé una semana encerrado en un cuarto sin ninguna información. No sabía cuál era la situación de Alan García, fui incomunicado totalmente, hasta que gracias a un familiar, que se contactó con un militar de familia aprista.
Fueron momentos muy complicados. Aquellos oficiales que me habían retenido no tenían ni la más mínima sospecha de quién era Montesinos.
-Doctor el problema no es con usted, me repetían.
LIBRE Y DANDO GOLPE
Una semana después yo salí en libertad. Me envolvieron en una capucha y me sacaron en un auto.
-Lo vamos a soltar, dijo un oficial.
-¿A dónde?, pregunté sin éxito.
Me llevaron al cuartel Los Cibeles. Me encontré a varios compañeros allí. Abel Salinas, entre ellos. Fue hasta el amanecer, en que me soltaron cerca a mi casa.
Días después, junto a Pilar Nores fuimos al Poder Judicial para presentar un “hábeas corpus”, pero este se encontraba rodeado de tanques. Ninguna oficina atendía.
Lo que sí había eran turbas contratadas por la dictadura para insultarnos. Ahí fue que sentí su violencia, casi delincuencial.
Una persona me insultó y mi reacción fue violenta contra él. Me estaba agrediendo de la peor manera en un momento en donde ya habíamos sufrido gases lacrimógenos de la policía.
PELIGRO
Luego de un tiempo, y ya junto a Alan García, tuvimos algunas actividades mientras él estaba en la clandestinidad.
Todo hasta que hubo un incidente en un comité de Villa El Salvador. No había ninguna garantía para su vida. Nos estaban siguiendo.
Así fue que pasamos varios días hasta que el comité ejecutivo nacional decidió que se pida asilo político para Alan. Me sorprendió que varios gobiernos democráticos rechacen nuestro pedido, pero Colombia sí aceptó y él viajó.
Es perfectamente posible que ellos hayan querido matar a Alan García.