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Mario Vargas Llosa, confieso que he vivido

Cuatro en raya. Mario Vargas Llosa flanqueado por Antonio Cisneros, Guillermo Niño de Guzmán y Fernando Ampuero en un diálogo para recordar.
Cuatro en raya. Mario Vargas Llosa flanqueado por Antonio Cisneros, Guillermo Niño de Guzmán y Fernando Ampuero en un diálogo para recordar.
Conversatorio en el garcilaso. El escritor y Nobel peruano sostuvo un ameno encuentro con Antonio Cisneros, Fernando Ampuero y Guillermo Niño de Guzmán. Allí, firme, ventiló opiniones sobre literatura y política, pero también hizo revelaciones sobre pasajes de su vida y obra.

(Por Pedro Escribano)



–El Jaguar sí mató al Esclavo– le dijo Mario Vargas Llosa al riguroso crítico francés de la editorial Gallimard.



–No –retrucó el crítico–. Usted se equivoca. El Jaguar asume un crimen que no cometió solo para recuperar el liderazgo perdido ante sus compañeros del colegio militar Leoncio Prado .

El escritor se quedó en una pieza, lelo.



Así como este divertido pasaje en que el autor no tiene la última palabra, Mario Vargas Llosa reveló una serie de anécdotas y posiciones como ciudadano y escritor en el ameno conversatorio que sostuvo la noche del miércoles pasado en el centro cultural Garcilaso . Hincado, como un caballo en un ruedo, por las preguntas de Antonio Cisneros , Fernando Ampuero y Guillermo Niño de Guzmán , el Nobel soltó prendas sobre su vida y su oficio de escritor. 



Una serie de temas desfilaron bajo la aguda criba del  escritor. La novela, la historia, la cultura, la homosexualidad, el cine, la política y su reciente “proceso de arequipización”. Todo respondió con solvencia, y no faltó, por supuesto, el buen humor.



La faena comenzó cuando Antonio Cisneros, quien confesó que se había ganado con Varguitas en el Garcilaso, le recordó el lejano encuentro que tuvieron, en los años sesenta, en Londres, cuando eran “jóvenes y bellos”. Vargas agarró el hilo de la madeja y refirió que sí, que habían coincidido en una ciudad en donde todo lo que ocurría tenía que ver con el mundo: el boom de la música con los Beatles y Rolling Stone, los hippies, la explosión de la moda, el culto al amor, la importancia de la droga, la caída de viejos tabúes.



“La suerte nos deparó en ser testigos… Bueno, en mi caso más testigo que partícipe. Creo que tú fuiste un poquito más partícipe que testigo de todo eso”, lanceteó al poeta (risas del auditorio).



Eso de pie para que Vargas Llosa contara sobre el sueño europeo de los jóvenes intelectuales de entonces; qué le deparó y cuánto le había servido no solo para hacerse escritor sino también para conocer mejor el Perú y Latinoamérica.



“Fue una experiencia muy valiosa para mí. Creo que, efectivamente, yo le debo muchísimo de lo que soy a Europa. Pero una de las cosas más importante que le debo es haber descubierto que yo no era europeo sino un latinoamericano”, reveló.



Contó que, antes de viajar a Europa, para él prácticamente no existía América Latina. Y que fue en París en donde recién empezó a conocer a escritores latinoamericanos. Claro, cuando estuvo en el Perú conocía a algunos, como Pablo Neruda y al mismo Borges, quien era conocido por una pequeña minoría.



“Alguna vez Luis Loayza me enseñó un pequeño folleto. ‘Mira, aquí hay un bonito poema de un poeta mexicano’. Era ‘Piedra de sol’. Esa fue la primera vez que vi un texto de Octavio Paz”, contó.



Y narró que justamente Paz prologó una importante revista francesa en la que se había dedicado un especial a la literatura latinoamericana. Paz tituló: “París, la capital de la literatura latinoamericana”. Más elocuente no pudo ser.



Luego de los temas literarios, saltaron a los temas más polémicos, como la política, la historia, el cine, la homosexualidad en la literatura. Comentó que esos temas él los toma con la libertad absoluta del creador.



“La guerra del fin del mundo, La fiesta del Chivo, El sueño del celta están basadas en hechos y personajes históricos, pero son tan libres como las novelas de ficción”, subrayó.



“Nunca –agregó– me he preocupado por la realidad histórica de las novelas como esas que he citado, sino en la medida en la que podían dar al lector una impresión de verdad, para que sean persuasivas, que convenzan al lector de su verdad”.



“Cuando he querido mostrar alguna tesis, alguna cuestión de tipo político que quiero defender, escribo un ensayo, una conferencia. Para mí la novela no puede ser, no debe ser, un instrumento de divulgación”, sentenció.



En otro momento habló sobre la cultura, un tema de nuestros días, y de su próximo libro, La civilización del espectáculo. Admitió que ahora, para entender la cultura, se manejan nuevos conceptos.



“Ahora vivimos una gran confusión al respecto. Ahora no podemos decir qué es serio y qué no. Ahora es imposible saber qué es bello. Es algo que se determina de una manera absolutamente arbitraria, muchas veces falaz, llena de imposturas y embauques”, criticó.



Pero el conversatorio también dio pie para el buen humor, sobre todo cuando Vargas Llosa contó que en su reciente viaje a su querida Arequipa –“que me quiere mucho sobre todo después de haber ganado el Nobel”– un chico se abrió camino entre la gente para preguntarle, ansioso.



–Dígame, ¿el Jaguar mató o no al Esclavo?



–No lo sé –respondió.



“Creo que el muchacho se quedó totalmente defraudado con mi respuesta”, refirió el escritor.



Y esto no le ha pasado solo con sus libros. Cuando viajó a Piura, al pueblo de Yapatera, un cumananero recitaba alegremente cuando de pronto calló y se dirigió a Patricia, la esposa del escritor.



–A usted no le perdono lo que le ha hecho a este hombre.



–¿Qué le he hecho? –preguntó Patricia.



–Usted ha dicho, según el discurso del Nobel, que Vargas Llosa lo único que sabe hacer es escribir. No pues, señora, esas intimidades no se revelan en público (risas del auditorio).

Hay 1 Comentario
06 de abril de 2012 | 15 hrs
OLIVIER escribe:

SE PUEDE DISCREPAR IDEOLOGICAMENTE CON VARGAS LLOSA PERO TIENE UNA SINCERIDAD Y CONVICCION ADMIRABLE, EN LOS 90 SE PERDIO A UN GRAN POLITICO.

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