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Confort sumergido

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Es uno de los hoteles más extravagantes y caros del mundo. Atlantis, una estructura que pretende simular una Atlántida perdida, dejó boquiabierto a nuestro corresponsal.

Es uno de los hoteles más extravagantes y caros del mundo. Atlantis, una estructura que pretende simular una Atlántida perdida, dejó boquiabierto a nuestro corresponsal.

Texto y fotos: Carlos López.

¿Alguna vez soñó con conocer la Atlántida? ¿Se imaginó en medio de las ruinas submarinas, rodeado de animales como mantarrayas, tiburones, medusas, barracudas y peces sierra? ¿Pensó en trepar las escalinatas de los templos para rendir culto a Poseidón?

Todo lo anterior es posible... si usted dispone del dinero suficiente. El hotel Atlantis –una de las más extravagantes novedades hoteleras del mundo– viene con todo eso y más. Ubicado en Nassau, en las Islas Bahamas, le saca la vuelta a la mitología y recrea el mundo acuático del continente perdido.

1. Las mantarrayas son los peces más populares del acuario. Se les ve en varios ambientes y no dejan de asombrar.
2. El techo de un restaurante con motivos marinos.

¿Y a cuánto? Bueno, ahí está el problema. Una suite no baja de 25,000 dólares, por cinco días. ¿Muy caro? Acaso le salga más a cuenta una habitación simple.

Eso sí. Por donde se le mire, la aventura vale la pena. El Atlantis posee el más grande hábitat marino al aire libre: 250 especies (unos 70,000 animales en total, que se alimentan con 1,000 libras de comida diaria). Y eso fuera de las comodidades: 11 piscinas, 10 canchas de tenis, muelles para 63 botes (entiéndase yates de hasta 70 metros de longitud) y un staff de 700 cocineros, dispuestos a preparar lo que se le antoje (la langosta es el plato principal).

Nosotros, humildes y sorprendidos visitantes, acabamos de ver a los tiburones martillo, tan cerquita que casi parece posible tocarlos, a pesar de que se encuentran detrás de un vidrio de un grosor aproximado de 30 centímetros (si lo rompes, te mojas y lo pagas).

Seguimos caminando y ahora estamos frente a una especie de Intihuatana submarino, provisto de toda una parafernalia digna de una película de fantasía con Indiana Jones de protagonista. Se supone que es un cuarto de navegacion, usado por los atlantes (el gentilicio) para obtener información sobre la posición de los planetas, el clima y las rutas accesibles para planear sus viajes.

Los peces conocen bien su oficio de anfitriones. Cada instante es una fiesta de color.

Luego, después de tanto pez suelto nadando por ahí, salimos a la superficie donde un sol apabullante nos espera. Oleadas de turistas con sus cámaras digitales de marcas japonesas se pasean y se toman fotos de recuerdo, con el fondo de un gran trono, construido para un monarca de grandes dimensiones que nunca ha de reclamar su reino.

Y es aquí donde el tour llega a su final. Y que estas fotos queden de testimonio gráfico de que las grandes aventuras nos aguardan. Basta invertir un poco. Bueno, un montón.