Especiales
Loading

Ayacucho celebra su carnaval - foto 3

ESRE08020816B.jpg

Durante 5 días, 300 comparsas desfilaron por las calzadas de esta ciudad. la felicidad ganó las calles. Participaron en esta fiesta ayacuchana instituciones públicas y privadas, colegios y universidades, barrios y gremios artesanales. Nada estuvo prohibido.

Durante 5 días, 300 comparsas desfilaron por las calzadas de esta ciudad. la felicidad ganó las calles. Participaron en esta fiesta ayacuchana instituciones públicas y privadas, colegios y universidades, barrios y gremios artesanales. Nada estuvo prohibido.

Alfredo Pomareda, desde Ayacucho .

La verdad está en el agua. Respaldado por la lluvia, Trilce Janinampa Cárdenas, de 43 años, se aventura a gritar en medio de la pista, sin perder el paso del huayno, que odia al Gobierno, que permaneció seis meses en la cárcel sin entender cuál era su delito, que administra 27 hectáreas dedicadas al cultivo de hoja de coca, que en el VRAE –su lugar de origen– los cocaleros son tratados como animales.

Es el segundo día de fiesta y Trilce llora mientras danza: "la verdad está en el agua", grita el campesino. Nadie lo manda callar, los otros bailarines también quieren ser escuchados. Cuando Ayacucho celebra, todo es lícito. Hasta el cielo participa en los carnavales.

AGUCERO DE FIESTA

Llueve en Huamanga, las calles de piedra se inundan, las paredes de adobe sobreviven al aguacero. Lentas, las comparsas se acercan a la Plaza de Armas. Casi 300 grupos desfilarán durante cinco días en una fiesta que se renueva cada año. El pueblo toma las veredas. Los hombres cogen de la mano o la cintura a sus mujeres, quienes vigilan a sus movedizos hijos. Cada pareja abraza cuatro o cinco niños. Son miles, y de raza uniforme.

La felicidad de un año se concentra en febrero. Los ayacuchanos danzan en homenaje a la Pachamama, a los Apus. Agradecen la buena cosecha, elogian la vida y, sobre todo, reclaman ante sus autoridades por una ciudad menos desventurada. El Ño Carnavalón es un gran muñeco que se pasea por Huamanga el quinto día de celebración, luego es quemado, pisoteado o despedazado.

"Siempre satirizamos a un político en el Ño Carnavalón, pero este año nos han prohibido eso", cuenta Rogelio Chuquihuanca, trabajador de limpieza de una entidad bancaria que también participa en la gran fiesta. Aquí nada está prohibido. Lo sabe Rogelio, el hombre que aprendió a tocar guitarra en un mes para participar en los carnavales.

CARNAVAL, TODA LA VIDA

La rendición llega con el alcohol. Sentadas en una banca de la Alameda Valdelirios, en Huamanga, dos adolescentes con polleras y sombreros blancos ríen hasta las lágrimas. Están ebrias, la chicha de jora les brota por los ojos. Su libertad es incuestionable, su extraño comportamiento es imposible de juzgar. Ellas se integrarán en quince minutos a la comparsa de Huanta para bailar el Carnaval de Kulluchaka. Tienen tacones y dentro de su blusa guardan un pequeño talco.

Una decena de muchachos que rodean a las bailarinas alcoholizadas desatan, de pronto, una lluvia artificial. Marita y Luisa, indefensas, reciben las ráfagas de espuma que se originan en unos sprites "made in Bolivia". En carnavales es de rigor portar ese sprite. Las adolescentes, mojadas de la cabeza a los pies, ríen y se abrazan con sus victimarios. Ellas encuentran la felicidad en la fiesta del agua.

"En el Carnaval de Ayacucho cualquier grupo de personas puede participar representando a una entidad, a una organización, a un barrio o a una familia numerosa", ilustraba horas antes el ministro de Agricultura, Ismael Benavides, quien luego sería bañado en espuma y talco ante el aplauso de los huamanguinos.

"En el barrio de San Blas el que entra no sale más", gritan los danzantes al compás de la tiya (un tambor serrano), la guitarra y la quena. No es necesario estudiar en el conservatorio para participar en los Carnavales. "Nosotros entrenamos por meses, salimos en las madrugadas a las calles para practicar nuestra danza. Es parte de nuestra identidad", ilustra Felipe Sánchez, bailarín por cinco días, artesano durante todo el año.

ASí NO, AYACUCHO

Lo más extraño en el Carnaval no son los caballos de la "2da Brigada de Infantería de Ayacucho" que transitan por las calzadas, tampoco los carros alegóricos que trasladan a las reinas. La comparsa de los ‘morocos’ o novatos del ejército roba las miradas de turistas y lugareños: los muchachos militares están completamente ebrios y gritan improperios. Nadie los censura en voz alta. Los susurros se llegan a escuchar: deben respetar el uniforme esos chicos.

Continúa la lluvia, la espuma de los sprites bolivianos se estampa en los paseantes distraídos. La cerveza Franca, ayacuchana de corazón, se ha convertido en el líquido vital. La felicidad –transitoria por cierto– de este pueblo obedece a los Carnavales. Pasada la fiesta, las calles estarán vacías y sucias. Será como despertar de un letargo. Porque danzar es soñar.


CARNAVALES SON UN PATRIMINIO

El Instituto Nacional de Cultura (INC) declaró Patrimonio Cultural de la Nación a los Carnavales de Ayacucho que no solo se celebran en Huamanga, sino en muchos distritos de esta ciudad. En el pueblo de la Quinua, por ejemplo, la fiesta es multitudinaria.

En el marco de los Carnavales Ayacuchanos el ministro de Agricultura, Ismael Benavides Ferreyros, declaró en Huamanga el "Año Internacional de la Papa". Ayacucho es la región de mayor diversidad biológica de la Sierra Central, cuenta con 314 variedades de papa y produce 120 mil toneladas al año. Más de 200 gremios de agricultores bregan para llegar a tamaña producción.Un motivo más de celebración.