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Crónica

La Oroya, el plomo y la vida

Sindicato de Trabajadores de Doe Run.
Sindicato de Trabajadores de Doe Run.
Hace tres años la enorme chimenea del complejo metalúrgico de La Oroya no arroja plomo ni gases contaminantes. El reposo de este monstruo ha permitido una mejora en la calidad de vida de la población aunque la contaminación persiste. Para los trabajadores de Doe Run ese no es un argumento que valga. Exigen el reinicio de las operaciones de la metalúrgica sin que cumpla con sus compromisos ambientales, aun cuando eso significa un peligro para su salud.

Por Flor Huilca

Fotos Rubén Grández

Cuando las enfermeras del Centro de Salud de La Oroya tocaron su puerta y le dieron el sobre cerrado, Rosario sintió una agitación en el pecho. Ese sobre le traía el número que estaba esperando. Quería que sea de un dígito, pero fue de dos. Su pequeño Josué, de 3 años, tenía 14,17 microgramos de plomo por decilitro de sangre. Eso significa que su cuerpo está contaminado con plomo. Rosario cogió a su niño y lo envolvió con los brazos.



Josué nació hace tres años, cuando el complejo metalúrgico de La Oroya, operado por Doe Run Perú, apagó sus máquinas y dejó de arrojar bocanadas de gases tóxicos y polvo de metales pesados por su chimenea, pero el plomo ya se había metido a su sangre. Rosario piensa que tuvo que ser ella, durante su embarazo, la que se lo trasmitió. Vivía en La Oroya Antigua, la zona más expuesta a la contaminación. Ella misma tiene 13,17 de plomo en la sangre, pero ese nivel no la asusta, por el contrario, para ella es un alivio: antes tenía 21,7. Ha bajado 8,53 y está convencida de que también ha bajado el plomo en la sangre de su hijo mayor, de 13 años. Lo que pasa con esta familia es una buena noticia para la salud de La Oroya en medio del clima hostil y de miedo que impera por estas semanas en la pequeña ciudad metalúrgica de la sierra central. Los niveles de contaminación con plomo de sus habitantes bajaron, aunque no han desaparecido. Coinciden en esta conclusión un estudio del Centro de Salud de La Oroya y otro del proyecto El Mantaro Revive, impulsado por el Arzobispado de Huancayo. Ambos se realizaron por separado en 2011. El Centro de Salud realizó un dosaje a 803 personas menores de 9 años y madres gestantes, y reveló que  53% de los niños tienen 10 microgramos de plomo por decilitro de sangre, porcentaje que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera preocupante. El pequeño Josué está entre el 44% de los niños que registran un rango de 10 a 19,9 microgramos de plomo por decilitro de sangre. Y en un 3% podría llegar hasta 45 de plomo en sangre.  



Valores similares a estos registra el informe de El Mantaro Revive, que evaluó a 46 niños y madres gestantes. De todos ellos, cinco tienen entre 9,87 y 11,27 de plomo en sangre. Solo un caso llega 18,54.  Estos indicadores no son para festejar, es cierto, pero sí son tranquilizadores: revelan que la contaminación está bajando. En el 2003, una muestra realizada por el Consorcio Unes y el Programa de Recuperación Ambiental a niños de 5 a 9 años, evidenció que el 90% de pequeños de La Oroya Antigua tenía entre 20 y 44 de plomo en sangre. Y en La Oroya Nueva el 39% tenía entre 45 y 69, casi siete veces más del promedio permisible.

SIGUE LA ALARMA



La novedad de los últimos estudios es que ambos se realizaron en el 2011, con el complejo inoperativo. Ese detalle, para Paula Mesa, coordinadora de El Mantaro Revive, entidad que hace un seguimiento técnico de la situación ambiental, es significativo porque apunta a las operaciones de la metalúrgica como principal foco contaminante a través de la emisión de gases y polvo tóxico. “No había como probarlo, pero ahora que el complejo ha parado después de 80 años podemos decir que sí tiene relación con la reducción de plomo en la sangre”, afirma Paula. Sin embargo, aclara que no se puede inferir que la contaminación ha desaparecido.



El plomo, explica, es un metal que no debe estar en el cuerpo humano; ni siquiera en niveles bajos, porque siempre causará un daño. De la sangre puede ser expulsado en meses, pero cuando llega a los huesos demora hasta veinte años en salir. En ese tiempo es posible un daño neurológico que podría disminuir la capacidad de aprendizaje. El cierre de Doe Run ha permitido que en estos tres años el aire que se respira en esta pequeña ciudad andina sea cada vez menos contaminado. El promedio de dióxido de azufre, el mayor contaminante del aire junto a las partículas de plomo, es de 2 microgramos por metro cúbico, casi nada, si se considera que en el 2007, con el complejo operativo, el valor promedio era de 452. El 28 de agosto de 2008, por ejemplo, se disparó a 27 mil, el pico más alto de la toda la historia registrado por Digesa. Ese día el gas se vino como una capa gruesa de neblina y debió sentirse un olor asfixiante en la ciudad.



CONDICIÓN AMBIENTAL



Dado que la mayor contaminación está en el aire, las organizaciones sociales y ambientalistas de La Oroya insisten en que no se debe permitir a Doe Run el reinicio de operaciones, si incumple con el Programa de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA) que establecía la ejecución de nueve proyectos de remediación ambiental. Ocho se han ejecutado, pero el principal: la planta de ácido sulfúrico, no está terminada, aun cuando la empresa obtuvo hasta dos prórrogas del plazo que le dieron para que cumpla sus compromisos. Esa planta, señala Paula Mesa, ayudaría a reducir 80% de gases y polvo contaminante que arroja la chimenea de la fundición. “No pedimos el cierre del complejo, estamos de acuerdo con la reactivación de la planta, pero en condiciones ambientales favorables para la población y para los trabajadores”, señala.



CIUDAD TOMADA



Domingo estuvo en La Oroya el último lunes, cuando se agotaban los últimos esfuerzos de diálogo antes del paro de 24 horas del miércoles. Se respiraba un aire pesado. Había miedo en las organizaciones y en los dirigentes que reclaman por una calidad ambiental en las operaciones de Doe Run, y exasperación en los trabajadores parados desde hace tres años.



Por eso el nombre de la mujer cuyo testimonio abre esta nota, no es Rosario. Ella aceptó hablar con nosotros siempre y cuando se mantenga su nombre en reserva. Tiene mucho miedo. Y es que las personas que aceptan hacerse una muestra de sangre son hostigadas y, si reciben ayuda en alimentos para mejorar la nutrición de sus hijos, se exponen a que les griten “mendigas y traidoras”.  La misma condición pusieron otros dirigentes sociales. Decidieron hablar sin fotos, sin grabadora y sin dar sus nombres por temor a los piquetes de huelguistas apedreen sus casas como ocurrió en paros anteriores. Paula Mesa nos citó a las siete de la mañana por razones de seguridad y Rosa Amaro, la presidenta del Movimiento por la Salud de la Oroya (MOSAO), tuvo que abandonar la ciudad por la misma razón. Tanto Paula como Rosa y monseñor Pedro Barreto han recibido amenazas de muerte. Se entiende ese temor sobre todo cuando el 23 de marzo dos cooperantes de El Mantaro Revive fueron agredidos en Junín, durante un foro organizado por el Colegio de Ingenieros de esa región. Uno de los agresores es dirigente del sindicato.



A CUALQUIER COSTO



La desesperación de los trabajadores –el sindicato asegura que son 3.500– se agudiza conforme se acerca el 12 de abril. Ese día Indecopi debe decidir si acepta o no el plan de reestructuración de Doe Run que se ha declarado en crisis financiera. Si dice que no, vendrá la liquidación de la empresa y los trabajadores irán a la calle. Además del problema laboral, eso podría tener consecuencias sociales para esta ciudad de casi 70 mil habitantes, de los cuales un tercio está vinculado directamente a la actividad metalúrgica.



El sindicato no tiene reparos en reconocer que ubica su derecho al trabajo por encima de la salud y la vida de la población. “¿Vale más la ley que el hambre del pueblo?”, preguntan los mineros en un volante que declara persona no grata a monseñor Barreto y a los congresistas que rechazaron una ampliación del plazo para que Doe Run cumpla con su PAMA.



Daniel Huamán se pone como ejemplo de que el plomo en la sangre no tiene mayor significado. Dice que tiene 34 de plomo en sus venas y que a sus 53 años juega fútbol, trabaja y se siente bien. Reconoce que hay “emplomados” en La Oroya pero no todo es por causa de Doe Run. Le echa la culpa  a “los carros y petroleros que pasan por la Carretera Central” y a las minas cercanas que arrojan sus desechos al río Yauli.



Los incumplimientos de Doe Run y las condiciones que exige para volver a operar no han mellado la confianza de los trabajadores. O al menos eso quieren creer. Dicen que si se le da un plazo y se le permite operar a la vez, cumplirá. Aseguran, además que Doe Run reiniciará sus operaciones el 1º de mayo, pese a que el gobierno ha advertido que no aceptará condiciones de una empresa cuestionada. Pero si la calidad del aire ha mejorado, no pasa lo mismo con los suelos. El panorama al salir de La Oroya es desolador: la lluvia ácida (gases tóxicos con agua) mató el verdor de los cerros. Enormes rocas parecen derretirse por la erosión, al contacto con los químicos contaminantes. Mientras más nos alejamos de La Oroya, la vida vuelve a las montañas.

Hay 7 Comentarios
03 de mayo de 2012 | 16 hrs
Edson Plasencia escribe:

Todos tienen plomo: niños y adultos; los niños tienen más porque se movilizan menos que los adultos y ademàs, el plomo al ser un elemento pesado, se asienta ... justo al nivel que respiran los niños.

Para qué se presentan EIAs si no se van a cumplir ?

09 de abril de 2012 | 11 hrs
Rikard escribe:

Para los trabajadores de Doe Run manipulados por la empresa que no cumple con el PAMA y se lleva sus ganancias y deja contaminación no le interesa la salud de la población d ni de ellos mismos. El gobierno debe expulsar a esta empresa en otros países hubiesen enjuiciado a Doe Run

08 de abril de 2012 | 17 hrs
Walter P escribe:

¿Porqué sólo hay contaminación en niños y no en adultos? Un estudio lo señala: el polvo generado por los vientos y el llevarse la mano a la boca son los principales causantes. El problema principal es los suelos de La Oroya. Doe Run ya no contamina con plomo y sólo le falta controlar el azufre.
Un dato: a Petroperú y a Repsol se les otorgó permiso hasta el 2015 para eliminar el azufre. Las gasolinas usadas contaminan el Perú en una proporción 300 veces más que en La Oroya

08 de abril de 2012 | 17 hrs
Luis escribe:

Hay una única forma de evitar la contaminación y evitar la pobreza: reabrir el Complejo para terminar su PAMA. Con las mejoras ambientales ya alcanzadas se cumplen los límites fijados por la ley, incluido el plomo. Está pendiente sólo el azufre.
¿Como evitar la contaminación en personas que viven en casas y vías sin asfaltar que han sido construidas con barro que fue impactado con plomo y arsénico en el pasado? Esa no es responsabilidad de Doe Run.
¿Quién se beneficia con cerrarla? Atentos.

08 de abril de 2012 | 16 hrs
Victoria escribe:

La oroya, comunidades y la región centro dependen del funcionamiento del complejo metalúrgico de la oroya administrado por Doe Run Perú, tenemos viviendo 60 años aqui y nuestros hijos profesionales muchos de ellos fuera del país grandes empresarios, la oroya tenia una contaminación antes de terminar los ocho proyectos PAMA actualmente la situación es otra y por ello seguiremos apoyando a Doe Run Perú

08 de abril de 2012 | 12 hrs
Pedro escribe:

Estas personas solo piensan en ellos mismos, ponganse la mano al pecho o sino digamne de que estan viviendo hata ahora nosera que quieren que esto continue?

08 de abril de 2012 | 11 hrs
Jimmy escribe:

De amor no vive el hombre estimado,
toda la Oroya depende de la empresa para vivir y educar a sus hijos.

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