El reciente asesinato del director del establecimiento penitenciario Manuel Vásquez, ha traído el recuerdo el asesinato del también director de la isla penal “El Frontón”, Miguel Castro Castro. Conozca la historia…
En los instantes que estaba saliendo de su domicilio, cinco terroristas armados con revólveres y metralletas, entre ellos una mujer, asesinaron el 24 de octubre de 1985 al director de la isla penal “El Frontón”, Miguel Castro Castro.
El lamentable suceso ocurrió en el interior del edificio en el que vivía la víctima, en la segunda cuadra del jirón Loreto del distrito de Breña.
El funcionario, que en esos instantes estaba acompañado de su hijo de 8 años de edad, recibió varios disparos por la espalda y luego fue rematado por dos tiros de revólver en la cabeza. Los asesinos, antes de darse a la fuga, colocaron sobre el pecho de la víctima un cartel con letras en plumón rojo que decía: “Así mueren los canallas. El pueblo armado venga a sus mártires”.
Los senderistas que según los testigos estaban apostados en cada una de las esquinas del edificio, previamente habían sorprendido al chofer de Castro Castro. Edmundo Meza llegó a las 08:15 hrs., puntual como siempre, no bien terminó de tocar la bocina, fue reducido rápidamente y recibió dos disparos en la parte posterior de la cabeza.
Luchó por su vida
Los victimarios fugaron en la camioneta en la que recogían a Castro Castro. En esta movilidad todavía estaba el cuerpo del chofer quien simuló, después de recibir los dos disparos, estar muerto. Tras algunos minutos de viaje, los asesinos abandonaron rápidamente la movilidad y arrojaron en su interior una dinamita con el fin de hacerla explotar y también al chofer, al que ellos creían muerto.
Increíblemente, Edmundo Meza se incorporó tomó el cartucho de dinamita y lo arrojó por una de las ventanas de la movilidad. Luego, tomó el volante y pese a las graves heridas se dirigió al hospital Arzobispo Loayza donde los médicos los sorprendidos médicos le brindaron los cuidados de emergencia y al mediodía declararon que la vida del valeroso chofer estaba fuera de peligro.
Abrumada por el dolor, Graciela de Castro, la esposa del director penitenciario asesinado manifestó que este ya había sido amenazado de muerte y que incluso en las últimas semanas, ella también fue blanco de un sospechoso atropello por parte de un auto sin placas.
La mujer, envuelta en llanto, contó que su menor hijo que había presenciado el asesinato de su padre estaba preguntando, “muerto de susto si su papito había muerto. Que si viviría. Qué donde lo habían llevado”. Entre sollozos y lamentos confesó que: “Mi hijito está muy impresionado por la forma cómo han matado a su padre. No puedo decirle la terrible verdad, ¿no?
