Alfonso Rivadeneyra García
A los 15 años Peter Parker es el lorna de su colegio. Por si fuera poco, tiene mala visión, es huérfano y tímido. Al visitar una demostración científica en su ciudad, Nueva York, una araña radiactiva lo muerde, tras lo cual obtiene poderes y al mismo tiempo la idea de ganar fama. Lo consigue, no sin pagar las consecuencias.
Con la fuerza y los reflejos proporcionales de una araña –era capaz de levantar varias veces su propio peso, reaccionar ante ataques veloces y mantener el equilibrio como nadie–, además de un traje como nadie vio antes, pasó a ser una celebridad, pero egoísta. Un día vio a un ladrón. Pudo atraparlo, no lo hizo. Días después al regresar a casa descubrió que su tío Ben, a quien amaba como a un padre, había muerto en un atraco frustrado y que el culpable se había refugiado en un almacén. El adolescente vestido como Spiderman (Hombre Araña) fue a darle caza y descubrió que el asesino era ese pillo que dejó ir tiempo atrás.
Luego vino la culpa, pero también una decisión. Peter le dijo adiós a los sets de televisión y hola a la ciudad y sus habitantes, a quienes intentaría librar de todo mal. Además tenía que ayudar económicamente a su tía May, por lo cual empieza a trabajar como fotógrafo para un diario, que le pide fotos de Spiderman para difamarlo, encima los problemas de un adolescente común. De malentendido en malentendido se formó este héroe nacido del remordimiento.
IDEA Y PODER
Para Marvel Comics la primera mitad de la década de 1960 fue crucial, pues el editor en jefe Stan Lee (1922) ideó personajes que aún le dan millones a la compañía, como Los Vengadores. Pero un año antes de aparecer el conocido grupo lanzó a Spiderman, héroe poco común para la época. Como dijo en una entrevista con Kevin Smith, pensó en “Araña” (Spider, en inglés), héroe en revistas pulp que de arácnido solo tenía el nombre, pero Stan solamente necesitaba eso y la habilidad de pegarse a las paredes, entre otras. A Martin Goodman, fundador de Marvel, no le gustó la idea, pero Lee la publicó en el número 15 de la revista Amazing Fantasy (1962), donde, al ser la última edición, podía hacer y deshacer.
Habló con Jack Kirby para obtener el diseño del héroe, que debía ser un chico como cualquier otro. Lo plasmado por Kirby no coincidió con las expectativas del editor y el encargo recayó en Steve Ditko (1927), aplicado artista. Él dibujó a Spiderman tal y como lo conocemos ahora.
CAMBIO Y RESPONSABILIDAD
No fue hasta 1963 cuando apareció el primer cómic propio del trepamuros como resultado de las altas ventas en su debut. Ditko dibujó The Amazing Spiderman solamente hasta el número 38 (1966). ¿Por qué se fue? Solo hay hipótesis. En un documental emitido por la BBC, a cargo del presentador Jonathan Ross, conocemos que no se ponía de acuerdo con Lee en la identidad secreta del villano Duende Verde. Además Lee era de ideología liberal y Ditko, conservador. Ahí no queda todo, pues no coinciden en quién de los dos tiene exactamente qué créditos sobre la autoría de Spiderman.
Stan considera que su idea es más importante que la representación física, aunque no resta crédito a Ditko, lo “considera” cocreador del personaje (cita textual). El dibujante no concede entrevistas, pero con una ilustración que realizó en 1999 pone en duda si el personaje es creación de solo Lee. Con sus “padres” atascados en una polémica, el superhéroe cumple 50 años en agosto y su legado es tan fáctico como los “lanzarredes” de sus muñecas.