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El señor de La décima

Nicomedes Santa Cruz Gamarra, el gran compositor y decimista.
Nicomedes Santa Cruz Gamarra, el gran compositor y decimista.
Hace casi medio siglo Nicomedes Santa Cruz Gamarra publicó una caja de dos discos que cambió el rumbo de la música nacional, Cumanana, una colección de ritmos y versos de profundas raíces afroperuanas que hoy influyen decisivamente en bandas de electrónica, jazz y otros géneros. Nicomedes, el gran compositor y decimista, revive con el lanzamiento de una reedición de esa histórica producción.

Por Ángel Páez.

En la cerrajería como en la poesía hay un son de los diablos. Nicomedes Santa Cruz Gamarra lo descubrió a golpes. Mientras moldeaba, doblaba y soldaba el hierro, entre los combazos sobre el yunque, detectó un ritmo ancestral. Se lo decía el cuerpo. Entonces a lo que sonaba le comenzó a poner letras. El resultado se parecía mucho a lo que su madre Victoria Gamarra cantaba, ora lavando, ora cocinando. Victoria le cambió dos veces la vida a Nicomedes.

La primera fue cuando era niño. Siempre que le preguntaban sobre sus influencias mencionaba a su madre. Decía que desde pequeño la escuchaba cantar valses, festejos y panalivios, y recitar décimas, mientras cocinaba y lavaba. Eso lo maravilló. Ella despertó al gusano literario y musical que llevaba dentro.

La segunda fue cuando tenía once años y estudiaba quinto de primaria. Victoria Gamarra no vio a Nicomedes madera de decimista sino de cerrajero. Lo sacó del colegio y se lo encargó como aprendiz al maestro del barrio. Pero cuando forjaba el hierro para adornar casas, jardines y mausoleos, Nicomedes escuchó el eco de lo que cantaba su madre. Lo supo en los tiempos libres de la cerrajería, cuando se iba a patear pelota en Breña con unos amigos, entre los que se encontraban algunos de los ocho hijos del maestro de la música afroperuana Porfirio Vásquez. Lo llevaron a su casa y este le presentó a su hermano, Carlos Vásquez, un consumado decimista. En el encuentro Nicomedes descubrió que entre la cerrajería y la poesía había un son de los diablos.

Nicomedes, en una entrevista de Federico de Cárdenas y Peter Elmore, relató ese momento clave que cambió el curso de su destino que creía entre hierros retorcidos: “Porfirio me llevó donde Carlos. Yo ya tenía una buena cantidad de glosas (escritas en la cerrajería) y fue Porfirio el que me dijo: ‘Dígase una, Nicomedes. Cuando terminé Carlos Vásquez estaba llorando. Me dijo: ‘Creí que me iba a morir sin dejar un discípulo. Tú lo vas a ser’”.

Estimulado por Porfirio y Carlos Vásquez, Nicomedes dejó la cerrajería y viajó en busca de las décimas y de los decimistas por toda la costa del norte, y llegó a Ecuador. Quería encontrar el origen africano. Se quedó más tiempo en Zaña, Lambayeque, donde supo que no se había equivocado de camino.

Zaña era la niña de los ojos de Nicomedes. Había escuchado los relatos del jaranero Manuel Quintana, ‘El Canario Negro’, que había logrado viajar a Zaña en la primera década del siglo XX. Nicomedes quería investigar el misterio que guarda la fuga ‘a lundero le da Zaña, a lundero le da...’, que ha generado algunos debates. Es una frase que tiene indudables raíces africanas y él estaba interesado en descubrir  su significado. También en Zaña Nicomedes tuvo su gran contrapunto en décimas con Cristian Colchado, que fue un mano a mano sin juez. Probablemente fue la última controversia de alto nivel que tuvo, porque en Lima ya no tenía rivales”, relató el director de Patrimonio Cultural del Museo Afroperuano de Zaña, Luis Rocca Torres.

Al regresar de esa suerte de viaje a la semilla, compone y declama décimas para toda ocasión. Para el Señor de los Milagros, para la señorita mundo Gladys Zender, para el club Alianza Lima, para el petróleo de Talara, y se arraiga en el gusto popular, aunque, paralelamente, los intelectuales le prestan atención. Sebastián Salazar Bondy escribió un artículo repleto de elogios en La Prensa, el cinco de junio de 1958, y por su intermedio, el editor Juan Mejía Baca publicó el primer libro de Santa Cruz, Décimas, en 1959. El mismo año la disquera El Virrey lanzó el álbum Nicomedes Santa Cruz y su Conjunto Kumanana, la agrupación que fundó con su hermana Victoria Santa Cruz, de decisiva participación. En el disco confluyen los ritmos y sonidos que se empeñó en rescatar de los memoriosos de ascendencia africana y muchas de esas décimas que compuso mientras forjaba el hierro.

Escribía artículos en los principales periódicos de la capital, dirigía y conducía programas de televisión y radio, viajó a otros países donde había descendientes de la diáspora africana, Nicomedes Santa Cruz encarnó, alentó, protagonizó el renacimiento de la cultura afroperuana. Nadie como él estaba en todas partes.

En 1964 lanzó Cumanana, una edición especial de una caja de dos discos –en uno canta lo que rescató y compuso, y en el otro declama décimas y poemas de su autoría–, a lo que añadió un maravilloso libro que contenía un estudio del autor sobre la música afroperuana y fotografías de Carlos “Chino” Domínguez. Una joya que ha sido reeditada hoy conforme apareció originalmente. Para no creerlo.

La última vez que anduvo por las calles limeñas Nicomedes lamentaba entre sus amigos que algunos muchachos parodiaran su voz estentórea con ánimo de burla. Se sintió perplejo, disgustado y ofendido.

Abandonó el Perú en 1980 para vivir en España, pero las pocas veces que volvió de visita, tropezó con la chacota pública. Con la sensación del olvido absoluto, murió el cinco de enero de 1992, a la distancia, en Madrid. Veinte años después de su desaparición física, la música, la poesía, el espíritu inquieto, festivo y rebelde de Santa Cruz se manifiesta en los ritmos y melodías de artistas jóvenes, como la banda electrónica Novalima, la orquesta de jazz afroperuano de Gabriel Alegría y el proyecto de fusión Radiokijada, por mencionar algunos que suenan por el planeta. “Si viviera hoy, diría con su clásica media sonrisa: ‘Fíjate que todo comenzó conmigo’”, dice su sobrino Rafael Santa Cruz Castillo: “Hoy Nicomedes Santa Cruz es una referencia ineludible, una influencia insoslayable, una presencia poderosa en la música peruana. No se lo imaginaba”, explica. La burla se transformó en idolatría.

“Cumanana marca un antes y después de la música afroperuana. Sin Cumanana probablemente no existiríamos nosotros. Marcó hito. Pasarlo por alto sería muy parecido a un crimen”, dijo Rafael Morales, uno de los fundadores de Novalima.

Les cantó al esclavo y al café, al obrero y al explotador, al meme neguito y a la pelona, a la vida y a la muerte, a la misturera y al frutero, a Juan Bemba y a la samba malató, y aunque ya no está en este mundo, dejó en herencia un son de los diablos.

Hay 2 Comentarios
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11 de junio de 2012 | 21 hrs
Marco escribe:

Me incluyo en el pedido de Gonzalo. Felicitaciones a la Republica por aprovechar el periodico de manera educativa, rememorando a aquellos que son parte de la historia popular.

10 de junio de 2012 | 18 hrs
Gonzalo escribe:

Por que no nos imprimen una muestra de sus decimas? Este Nicomedes fue un gran señor!

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