Revista Domingo
Loading

Edad de piedra - foto 1

CUE061009D.jpg

En Jatunmachay, la divinidad está muy cerca. Y no solo porque este bosque de piedras está a 4.300 m de altura, sino porque, por siglos, comunidades nativas han considerado a sus imponentes formaciones rocosas algo así como sus protectoras.

En Jatunmachay, la divinidad está muy cerca. Y no solo porque este bosque de piedras está a 4.300 m de altura, sino porque, por siglos, comunidades nativas han considerado a sus imponentes formaciones rocosas algo así como sus protectoras.

Por: Nilton Torres V.
Fotos: Óscar Farje.

Las enormes formaciones rocosas que se yerguen imponentes me hacen pensar en lo efímera que puede ser mi vida. Millones de años han pasado desde que salieron de las profundidades del océano primigenio, y aún ahora se mantienen firmes, todopoderosas y protectoras de quienes se atrevan a llegar a ellas.

No se sabe desde cuándo, pero los pobladores de las alturas de la comunidad de Pampas Chico, en Áncash, llaman a este enorme bosque de piedra Jatunmachay, vocablo quechua que quiere decir Cueva grande. El nombre responde sin duda a la presencia de una veintena de abrigos rocosos, especie de cuevas de dos metros de profundidad, que albergan en su interior petroglifos y pinturas rupestres de origen indeterminado, pero que dan testimonio de la característica divina de este lugar ubicado a más de 4.300 metros sobre el nivel del mar.

Aquí el sol no calienta, pero quema, y los extraños que nos atrevemos a irrumpir en el silencio de estas antiquísimas rocas, antes debemos pedir permiso a los apus que nos rodean para, con su venia, descubrir los secretos que se guardan en las más de 200 hectáreas que conforman el bosque de piedra de Jatunmachay.

Hurgando en lo sagrado

Siguiendo una ancestral costumbre, los comuneros de Pampas Chico se mantienen muy cerca del bosque de piedra. Jatunmachay no es un lugar desconocido para los aficionados a la escalada en roca. Incluso, muchas escuelas de este deporte, con sede en Huaraz, llevan a sus alumnos hasta los enormes paredones del bosque de piedras para que rindan su prueba final. Pero Jatunmachay es más que un reto que coronar.

Desde hace algunas semanas, arqueólogos del INC, sede de Áncash, junto a antropólogos y educadores de la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo (Unsam), han empezado a trabajar en la zona para determinar la dimensión de las tradiciones y la literatura oral que se mantiene entre los comuneros, así como delimitar la zona considerada arqueológica para declarar, a Jatunmachay, patrimonio cultural de la nación.

Luis Burgos, jefe del equipo de arqueólogos, dice que el trabajo aún se encuentra en etapa de recojo de información, pero a pesar de ello se atreve a afirmar que Jatunmachay debió ser un lugar sagrado al que la gente llegaba para establecerse temporalmente. Y esta afirmación se sustenta en los petroglifos y pinturas rupestres hallados dentro de las cuevas que se ubican en la periferia del bosque de piedras.

Petroglifos y pinturas rupestres comparten tiempo y espacio en las cuevas del bosque de piedra. Llama la atención la cantidad de petroglifos que representan desde reptiles de reminicensias prehistóricas, hasta algunos grabados que hacen pensar en las cabezas clavas de Chavín. También hay diseños geométricos, y personajes que evocan a los dioses degolladores del norte y también a divinidades de la cosmovisión andina.

"Aquí lo que podemos ver es la representación de varias culturas. Veo semejanzas con grabados de la cultura Recuay, rezagos de Chavín, hay personajes con tocados cónicos, pero al mismo tiempo hay pinturas que debieron pertenecer al período lítico. Sin duda, el lugar fue una especie de sitio de peregrinaje y en donde pudieron congregarse las distintas culturas de la región", dice el licenciado Burgos.

Por su parte, Felipe Caballero, otro de los arqueólogos del INC, dice que en los alrededores de Jatunmachay han encontrado construcciones hechas por el hombre, pero que de alguna forma se relacionan con el bosque de piedras. Ya sean estos conjuntos habitacionales de carácter defensivo hasta pétreas huancas, imponentes monolitos de piedra, de casi dos metros de alto.

Secretos vivientes

Intentar conocer los secretos de Jatunmachay exige pasar más de un día en sus dominios. Al caer la noche, las rocas se tornan aún más misteriosas y a la luz de la Luna pueden adoptar distintas formas. Son como gigantes que, inmutables, se ofrecen a cobijarnos, mientras el frío que desciende hasta los cinco grados bajo cero, nos obliga a refugiarnos en carpas y bolsas de dormir.

Arqueólogos del INC tras los secretos de los petroglifos de Jatunmachay. Al amanecer, y mientras la escarcha que aún se puede ver en todo el terreno termina de evaporarse, toca hacer un recorrido por el lugar. Rufa Olórtegui, antropóloga de la Unsam, conversa en un impecable quechua con una de las comuneras, la señora Eduarda, quien ha dormido muy cerca de nosotros, en una choza que le permite estar cerca de sus ovejas y vacas.

"Que los comuneros duerman en el mismo Jatunmachay junto con sus animales nos indica no solo que este bosque de piedra es el refugio ideal para su ganado, sino también que es un lugar asociado a la fertilidad. Ella nos ha contado que aquí encontraron una illa de toro, una especie de amuleto con forma de este animal, y por eso están aquí", dice la antropóloga.

Al ganarse la confianza de Eduarda y de su esposo, don Pedro, ellos le cuentan también que allí se practica el rito al agua, lo que es un auténtico descubrimiento, ya que este solo se creía vigente en el sur del país.

"La presencia en este lugar de la gente con sus animales, con sus creencias y ritos, hace la diferencia. Hay cuevas como la de Guitarrero u otros bosques de piedra como el de Huayllay, pero estos están abandonados, la población no vive allí. Aquí es distinto, la cultura está viva", dice Rufa.

La energía puede sentirse en cada roca y en cada cueva. Aquí es sencillo entrar en comunión con la naturaleza. Llegar hasta la cima de uno de los apus que miran hacia Jatunmachay se convierte en una verdadera odisea. La altura y esos kilos de más pasan factura, pero aun así conseguimos el objetivo y la recompensa es grande.

Desde la altura la respiracion se corta, no solo por el esfuerzo, al contemplar en todo su esplendor el bosque de piedras que se extiende hasta donde se pierde el horizonte.

Y entonces pienso en Eduarda, en Pedro, y en todos los habitantes de este lugar. Y entiendo por qué permanecen aquí desde el tiempo de sus bisabuelos y los abuelos de estos. Y no me cabe duda que sus hijos y los hijos de estos seguirán aquí hasta el fin de los tiempos, siempre bajo el amparo de Jatunmachay.



Culturas Vivas

Guillermo Reaño, director de la revista Viajeros y miembro del Instituto Conservación y Cultura (ICC), es uno de los gestores del proyecto Culturas Vivas. "Tratamos de rescatar patrimonios culturales que, como Jatunmachay, aún no se valoran. Nuestra idea es llamar la atención para que las comunidades que albergan un sitio así, puedan articular una propuesta que les permita usar sus bienes culturales vinculándolos al turismo", dice Reaño.

La comunidad de Pampas Chico firmó hace un par de años un contrato de "exclusividad" de uso de Jatunmachay con una empresa de turismo llamada Andean Kingdom, pero esto vulnera los intereses del Estado, ya que un patrimonio cultural no puede ser de uso privado. "La idea no es enfrentarnos con Andean Kingdom, sino buscar una solución compartida en la que participen el INC, la Unsam, las autoridades locales, pero sobre todo la comunidad de Pampas Chico, ya que ellos son los llamados a beneficiarse", señala Reaño.