Peor imposible. Alianza Lima empezó ganando con tanto de Joazinho Arroé, pero no supo mantener la ventaja y cayó goleado por 4-1. Árbitro Martín Vásquez cobró un penal inexistente a favor de paraguayos, sin embargo, este error no influyó en el resultado final. Al término del partido hubo discusiones en vestuario íntimo.
Asunción.
Un sueño y mil pesadillas, así podría titularse esta aventura que vivió Alianza Lima en Paraguay. Porque el equipo blanquiazul llegó con la ilusión y el propósito de colgarse el cartel de protagonista en su debut en la Copa Libertadores. Sin embargo, pegó la vuelta a Lima con el cachetazo de un 4-1 frente a un Libertad que fue mucho más de principio a fin.
El cuadro que ayer jugó de verde y blanco se entregó fácilmente a los brazos de la frustración. No quiso correr hasta el último aliento y se enemistó con el esfuerzo, sobre todo en la etapa final del partido.
La noche de Asunción dejó al desnudo la crisis de un club que está de cabeza: deudas, un presidente cuestionado, socios enfrentados, errores de logística en un equipo que se quedó sin laterales (Villamarín y Rabanal) a 48 horas del estreno.
Las intenciones de ambos equipos se percibieron desde los planteamientos tácticos que adoptaron para afrontar esta contienda. El cuadro paraguayo jugó buscando doblegar la resistencia de Salomón Libman por todo el frente de ataque ni bien se escuchó el pitazo inicial del FIFA uruguayo Martín Vásquez.
El equipo blanquiazul, en cambio, vino a Asunción y asumió una actitud demasiado cautelosa y apeló al contragolpe.
Alianza le dio prioridad a luchar, forcejear y destruir. Libertad, en cambio, jugó, trató bien el balón y generó jugadas de gol como la de Rodolfo Gamarra, cuyo disparo chocó en el travesaño izquierdo de Libman apenas a los cuatro minutos de iniciadas las acciones.
Con buena circulación del balón a partir del criterio de Sergio Aquino y Civelli, el equipo dirigido por Jorge Burruchaga halló la fórmula para hacer temblar a la retaguardia blanquiazul.
Estábamos viendo un partido, y de pronto comenzamos a ver otro. Porque Alianza trataba de equiparar con coraje, con tenacidad, empujado por la vergüenza deportiva de Edgar González, la habilidad de Paolo Hurtado, la gambeta de Johnnier Montaño y el olfato de gol de Joazinho Arroé, quien dejó en silencio al estadio Nicolás Leoz tras culminar una jugada colectiva iniciada desde la media cancha por Montaño.
Show guaraní
Sin embargo, solo fue un espejismo, porque con el transcurrir de los minutos, Alianza perdió la pelota y le cedió el rol protagónico a Libertad. Fue así que a pocos minutos de que terminara la primera etapa, Civelli estrelló su disparo en el parante derecho. El cuadro paraguayo desde ya anunciaba que la historia del partido daría un giro de 180 grados en el complemento.
Y así fue: desde el primer minuto Libertad empataba el partido con tanto de Civelli tras error de Libman. A los 20 minutos del complemento, se le vino la noche a Alianza: el árbitro Vásquez sancionó una falta inexistente contra el atacante Mauro Caballero y cobró un penal a favor de los paraguayos que Sergio Aquino anotó.
De ahí en adelante, Alianza se derrumbó como un castillo de naipes y facilitó el trabajo del equipo rival, que con orden táctico desdibujó el bloque defensivo del equipo de José Soto. Un tanto de Mauro Caballero y un autogol de Walter Ibáñez consolidaron la victoria justa del Libertad a pesar del craso error de Vásquez.
Al final del partido, el vestuario de Alianza fue un polvorín: discusiones en voz alta entre José Soto y sus jugadores, sobre todo con aquellos que tienen poses de ‘estrellas’.