Angelo Torres.
Enviado especial a Uruguay/
Dieciséis partidos perdidos de visita de manera consecutiva en las eliminatorias no son una casualidad. Es el reflejo de un fútbol al que le cuesta ganar confianza, lograr solidez, que se ha quedado en el ritmo de los setenta y en el que, lamentablemente, los de fuera que deberían marcar la diferencia no lo hacen. Se inventó aquello de los ‘4 fantásticos’ cuando evidentemente el único superhéroe que tiene esta selección es de carne y hueso y tiene varios tatuajes: se llama Paolo Guerrero, juega en el Hamburgo y le dicen el ‘Depredador’.
Es una pena, palabra que sí, que no se le pueda clonar. Ayer en el Centenario anotó un gol –el segundo, el del empate tras el centro desde el lateral de Advíncula para un 2-2 que abrió la persiana de la esperanza– y como capitán luchó, empujó al equipo, dejó la piel ante más de 60 mil uruguayos en Montevideo que alentaron de manera indesmayable a su selección, la segunda del mundo en el último ránking, que sufrió para ganarnos pero ganó al fin de cuentas y nos dejó últimos en la eliminatoria.
Sergio Markarián apostó por un 3-5-2 y le dio todas las facilidades a una delantera uruguaya que sin las luces encendidas, igual complicó con la velocidad de Suárez y el desequilibrio de Cavani. Forlán fue el más opaco del trío celeste y hasta marró un penal ante Penny que pegó una estirada notable. Ramos y, sobre todo, Álvarez se mostraron nerviosos. El zaguero de Cristal le hizo un penal muy tonto a Cavani. En general, se defendió pésimo en las pelotas paradas y así nos vacunó el local: en una pelotera llegó el 1-0.
El balón no ingresó por completo, ‘Toño’ Gonzales la sacó sobre la línea pero el árbitro brasileño le dio el gol a Suárez. Luego, un error en salida de Cruzado permitió el segundo: remató Suárez, dio rebote Penny y Maximiliano Pereira aumentó. Cuando el descanso llegaba, Yotún tiró un centro y Godín se convirtió en enemigo de su propio arquero Muslera porque la mandó a guardar de autogol. Y luego llegó en el amanecer del complemento el gol de Paolo ya reseñado que invitó a tener fe en la capital uruguaya y silenció el mítico estadio charrúa.
Sin embargo, volvimos a defender mal en la táctica fija. Penny nos salvó pero la zaga estuvo en otra parte y el ‘Cebolla’ Rodríguez en la segunda jugada firmó el 3-2. Con Perú volcado en ataque sobre el final, Sebastián Eguren concretó el 4-2 en otra opción polémica porque Cavani, que participó directamente en la acción, estaba adelantado.
No tuvimos equilibrio. En algunos faltó temperamento. Somos últimos en la eliminatoria con apenas tres puntos, los que teníamos a esta altura de la eliminatoria pasada con Chemo del Solar y ahora seremos anfitriones en setiembre de Venezuela para después recibir a la Argentina de Lionel Messi y compañía.
Markarián quiere respaldar su proyecto en jugadores que ayer ni siquiera estuvieron y es evidente que le fallaron antes y le siguen fallando. Jugadas seis fechas no encuentra el sistema que potencie nuestras pocas virtudes y disimule nuestros innumerables defectos.
