Jorge Malpartida Tabuchi
“No molestes. No podemos hablar, estamos muy emocionadas. ¡Ya va a salir, ya va a salir! Waaa”, gritan correteando como roedores un par de adolescentes minutos antes de que Ricardo Arjona aparezca en el escenario ante las 16 mil almas que se han juntado en el Jardín de la Cerveza de Arequipa.
Metros más allá, apoyada sobre una reja de metal, la quinceañera Vielka Lazo cuenta que del cantante guatemalteco le gusta todo: el sentimiento que le pone a sus letras y su romanticismo. “Es un poeta, es un poeta”, le soplan sus amigas que al igual que ella han esperado más de cuatro horas para ver a Arjona en vivo.
“Cada letra que interpreta te llega al corazón. No son cursis y lo que canta encaja con lo que sientes”, confiesa una emocionada Camila Bueno, de 18 años, que dice que ahora que se siente “forever alone”, le encantaría encontrar a un hombre detallista como Arjona, que le haga creer en el amor.
Ricardo Arjona, el compositor de baladas románticas que derriten no solo a adolescentes despechadas sino a mujeres maduras (que sobrepasan las cuatro décadas), parejitas de enamorados y rudos machos con el corazón partido, estuvo en la Ciudad Blanca como parte de su gira mundial “Metamorfosis”, en la que presentó su último disco “Independiente”.
Minutos después de las 10.00 de la noche, cae el telón y la orquesta del artista hace su ingreso al escenario decorado como una carpa de circo. Momentos después y a los acordes de “Animal nocturno”, sale Arjona con su larga cabellera peinada hacia atrás y su barba a medio afeitar que, según sus fans, lo hacen ver mucho más sexy.
“El ser un animal nocturno era una bella rutina/Conquistar a chicas del Jet-Set o a mujerzuelas de esquina/Si es que no son la misma cosa con diferencia de precio”, entona Arjona con una voz que se pierde entre el griterío.
PRIMER AMOR
Comienza a sonar “Mi novia se me está poniendo vieja”, esa canción que le dedica Arjona al gran amor de su vida: su madre. En uno de los momentos más emotivos de la noche, Ricardo Paredes abraza con fuerza a su mamá Sandra Vargas y grita a todo pulmón y con lágrimas en los ojos: “Me quiere igual si voy de guerrillero /O gano el premio Nobel de la Paz /Le da igual si voy de último o primero /Si estoy de conformista o de tenaz”.
A Sandra, que le ha inculcado a su hijo de 30 años el fanatismo por los versos del guatemalteco, no le queda más que sonreír por el tierno gesto. “Esa canción me ha quebrado. Me identifico mucho con las letras llenas de poesía”, revela Ricardo.
COMPAÑERO FIEL
A él no le gusta Arjona, pero está aquí acompañando a su novia. Christian, de 35 años, mientras compra un par de cervezas, cuenta que justo ayer han cumplido cuatro años juntos. “Solo vengo porque la adoro. Pero ha sido un buen concierto”, dice luego de casi dos horas de show.
Previo a su despedida, Arjona toca sus hits El Problema, Minutos y Mujeres. Pero en este instante de la noche, suena “Si el Norte fuera el Sur”. Si el Norte fuera el Sur, serían los Sioux los marginados/Ser moreno y chaparrito sería el look más cotizado. Antes de regresar a sus sitios, Christian abraza a su novia y dice inspirado: la U no desciende, causa, la U no desciende. Ella ríe por la ocurrencia. Ojalá que sí: si el Norte fuera el Sur.