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“Puedo ser sexy sin tener que usar un corsé"

Shila Alvarado. Artista plástica e ilustradora.
Shila Alvarado. Artista plástica e ilustradora.
Shila Alvarado. Artista plástica e ilustradora.

Juana Avellaneda/

 

No quiere casarse y su novio tampoco. Shila Alvarado está convencida de que el matrimonio no está hecho para todas las personas. La chica sexy a la que todos alucinan con un corsé y medias de coco prefiere dibujar por horas, escuchar a la Nueva Ola y comer muchas, muchas granadillas.

 

¿Cómo nace Limeña Girl?

Me llamaron de un diario para ilustrar una columna de sexo. Y como siempre me habían gustado las pin-up girls hice una versión latina. Fue gracioso. Cuando le hacía cambios la gente se quejaba. Un año después se enteraron de que la chica del dibujo realmente existía.

En tus dibujos se te ve súper sexy, ¿cómo eres en la vida real?

Una niña. Paro en zapatillas, en jeans, con polos de rayas, relajada. Soy capaz de comprarme varios polos del mismo modelo si me gustan. Tampoco uso tacos. No sé, prefiero estar cómoda.

Pero sí te sientes sexy.

Sí, pero lo hago más por diversión que por otra cosa, por vocación podría decirse. Naturalmente, creo que tengo 13 años. La gente piensa que estoy en corsé, zapatos altos y con un látigo en la mano. Pero estoy así: con un moño y mis lentes.

Tienes el cabello larguísimo, ¿nunca has tenido un accidente?

Uf. Paro tirando clips o papeles de los escritorios. Conocí a Julio Villanueva Chang porque mi cabello se enredó en su saco y no podía sacarlo (risas).

¿Y a tu novio?

Él es periodista. Me dijo que iba a hacer una entrevista para una revista donde no trabajaba. ¡Me estafó! Quería conocer a la chica detrás del dibujo. Ya llevamos cinco años juntos.

¿Planes de boda?

No quiero casarme y él tampoco. Creemos en el amor, pero no en el matrimonio. No está hecho para todas las personas. Tampoco quiero tener hijos, prefiero dar a luz a muchos libros.

He leído que utilizas a tu cabello como materia prima.

Sí. Quería empezar a trabajar con un rastro mío y el cabello se parece mucho al trazo de un lápiz. Tengo varias obras bordadas con mi cabello.

¿Te lo cortarías?

Si se trata de una obra, normal. Tampoco me molesta salir desnuda. Por eso hago autorretratos. Es más fácil conseguir lo que quiero decir a través de mi cuerpo. Aparte, puedo levantarme a las dos de la mañana y ponerme a trabajar, cosa que no sucede cuando chambeas con otra persona.

Te sientes más cómoda.

Si sé lo que quiero, mi cuerpo también lo sabe. Logro más la postura, la actitud. Hago 300 fotos para hacer una sola ilustración. Hasta que no consiga lo que tengo en mente, no paro.  

Cuando dibujas, ¿te tomas una foto primero?

Sí. Acomodo el trípode, pongo la cámara en modo automático y listo. Claro que si está mi mamá o mi novio les pido que me ayuden.  Es medio fregado eso de estar levantándose para apretar otra vez el botón.

Tu novio será el más feliz

Nos divertimos. Una vez estábamos en mi sala haciendo fotos para un autorretrato donde lo único que me tapaba era mi cabello y justo pasó un Mirabús al frente de mi ventana (risas).

¿En la intimidad eres tan atrevida como pareces?

Limeña Girl es una porción de mí, pero multiplicada por diez. Tengo zapatos taco 15 que solo utilizo como utilería. Tengo corsés, pantimedias, brasiers, conjuntos casi vedetescos que yo, personalmente, nunca me pondría. No me siento cómoda con eso, soy bastante simple.

¿No eres como Limeña Girl?

No, pero puedo convertirme en ella sin necesidad de ponerme un corsé. En realidad Limeña Girl es una actitud. Y con una mirada puedo ser sexy. La diferencia entre ambas es que ella hace muecas y yo solo sonrío. Me da pudor que me tomen una foto donde salgo sonriendo. He pasado tanto tiempo haciendo de Limeña Girl que me cuesta deshacerme del personaje.

Presagio, tu primer individual trata la historia de una niña que está a punto de cruzar la frontera.

Sí, está como en el medio. Sabe que algo va a pasarle pero no sabe qué. Son niñas, han empezado a crecer, algunas son adolescentes. Además son muy salvajes.

¿Y tú como eras de niña?

Mis papás dicen que era una locura, que veía una piscina y lo único que hacía era sacarme los zapatos para meterme. Todos tenían que tirarse a rescatarme.

O sea, eras un locón.

Salía muchísimo. Pasé como Barranco como Godzila, manyas. Ahora no. He construido mi espacio, mi casa, mi taller y estoy muy contenta. No tomo, no fumo, pero sí bailo pegadito (risas). Me encanta la salsa y la Nueva Ola.

Y dibujar te enloquece.

Puedo hacerlo por horas. Y cuando lo hago no siento frío, hambre, dolor. Es un lugar tibio y calmado. El problema es cuando termino. Me falta azúcar, me duele el cuerpo, el brazo, el cuello. Pero mientras dibujo todo es felicidad.

 

La ficha

 

Soy artista plástica, ilustradora, fotógrafa, poeta y escritora. Estudié en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde me gradué con medalla de plata en grabado. He publicado Pelilargo (2007), Tomando té (2008), Corazón de algodón (2010) y la novela gráfica Ciudad de payasos (2010). Cuando dibujo estoy en mi mundo. Ah, me encantan los peluches y mi favorito, por ahora, es una coneja llamada Takaita.

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