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Fernando Ampuero:“La verdadera aristocracia es la del intelecto”

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El escritor Fernando Ampuero acaba de publicar El peruano imperfecto, una novela con humor y acaso mucho de álter ego.

Pedro Escribano.

Pedro José Arancibia es el personaje principal de El peruano imperfecto (Alfaguara). Cuenta la historia de un personaje que va desde la niñez hasta la adultez, que es periodista y que cada vez no encaja en este país cambiante.

–¿En esta novela quiere hacer una radiografía del peruano?

–Básicamente es un peruano de la clase media alta, de la burguesía limeña, que forma parte, como tú o como yo, de una élite cultural. En el mundo de la aristocracia tenemos que hablar de tres aristocracias: una, la que da el apellido, otra la que da el dinero y la tercera, la del talento. Este contexto en el que se mueve Pedro José de Arancibia, que es un escritor periodista, refleja la historia del limeño viejo, que nació en la segunda mitad del siglo XX y llega al siglo XXI. Nació cuando Lima tenía un millón y medio de habitantes y ahora tiene como 9 millones. Entonces, hay todo un cambio, un choque cultural, la migración y la violencia en todas sus formas. Lo cierto es que es un peruano que cada vez más está fuera de sitio, ya no encaja con la conducta de un nuevo país.

–A pesar del contexto, migración, combis, violencia, ¿su novela no se detiene en ese laberinto o la situación social?

–No se habla de grandes cosas, menos de asociar el personaje con Fernando Ampuero…

–Justo, quería preguntarle, ¿cuánto de usted hay en el pellejo de Pedro José?

–Es una novela que se inscribe como autobiografía en clave falsa. En clave falsa por qué, porque hay historias que no han ocurrido y que yo las invento. Otras que sí ocurrieron y que las he exagerado, otras más bien eran tan increíbles y no iban a ser verosímiles por lo que las he atenuado para la novela. Hay una identificación con radar, pero muy lejana.

–Pero sí parece creíble el retrato que hace de Doris Gibson, de quien dice “mitad mujer y mitad rugido”?

–(Risas) ¡Así era!!!. Es un personaje de leyenda, maravilloso. Tuve la suerte de tener muy buenas amigas, una de ellas era Doris Gibson, también Chabuca Granda… Yo era un chiquillo.

–¿En esos pasajes de amistad sí se filtra con carne y hueso Fernando Ampuero?


–Sí, puede ser. El privilegio que tiene el periodista es que en la mañana tiene entrevistar a un ministro o a un actor y en la tarde entrevistar a un dirigente de pueblo joven, con un ataúd de algún familiar. Y la gente allí, reclamando como si tú fueras un justiciero y tú solo tienes que informar. Lo único que puedes hacer es conmoverte con su drama y expresarlo, volcarlo como sucedió.



–Álvaro Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner, escribieron El idiota latinoamericano, claro, con la puntería política, ¿lo de usted apunta al peruano frustrado?

–El peruano de mi novela en realidad tiene un problema de falla de fábrica. Yo soy un individuo de la clase media, el personaje también es un personaje de la clase media. Tiene, como cualquier persona sensible, sentimiento por la justicia social, un personaje de izquierda, pero ante el fracaso de las izquierdas, es un desencantado, pero eso no quiere decir que han muerto sus sentimientos de izquierda. Tú te sigues manteniendo, no por estos regímenes comunistas que han fracasado, sino más bien por humanismo, como pasa ahora con lo de inclusión social, que uno tiene que apoyar. Por otro lado, ya no puedes pensar como cuando tenías 20 años, pues no vas a cambiar el mundo. Pero sí puedes curar, sanar algunas heridas de tu sociedad. El personaje se dedica a perseguir corruptos, vinculados a la política. Atrapa a uno, a otro, pero a la larga te das cuenta que también es una gran frustración, porque por más que te pasas la vida persiguiendo, metiendo preso, saltan diez corruptos por otro lado. Es la de nunca acabar.

–¿Esta novela puede inscribirse como de aprendizaje?

–Exactamente. La vida de Pedro José va desde niño hasta sus años avanzados. Pero esta novela también es una biografía sexual, porque el individuo es un peruano que tiene una herida psicológica, que le hace tener relaciones con las que se llama personas blancas en el Perú, aunque, en realidad no es blanco sino otro tipo de mestizo.

“Ahora soy más exigente con el lector”

–¿Cómo evalúa esta novela con otras suyas?

–Es mi novela quizás más ambiciosa a mi modo de ver porque en mis otras novelas, claro, yo estaba muy preocupado de no dejar respirar al lector, cogerlo de la nariz y llevarlo hasta la última página del libro. Con una estructura muy bien armada como para que las lean en una tarde. Aquí no, soy más exigente con el lector, hay una mayor densidad en el texto.

–Cuando Pedro José Arancibia revisa su origen, la novela sopesa la historia, se remonta incluso a la época de la Colonia.

–Sí, claro. En las apostillas, que es el diario de Pedro José, dice que eso es importante, pues como tú o yo, uno tiene que tener una historia familiar. Pero lo más importante, la verdadera aristocracia es la del intelecto, esa es la que perdura y esa es la conclusión a la que llega en las apostillas Pedro José. La novela es una crítica a partir de una autocrítica de un individuo de un sector aristocrático, pero más inteligente, culturoso y no de otro sector aristocrático que solo están pensando en llenar sus bolsillos.

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