Carolina García/
Una mujer estadounidense pudo encontrar en un mercadillo el chollo de su vida. Nada menos que un cuadro del pintor impresionista francés Pierre-Auguste Renoir, que adquirió en un puesto del rastro de Valle de Shenandoah, en Virginia. La mujer, que ha preferido no revelar su identidad, compró una caja con varios objetos, entre ellos un muñeco de Paul Bunyan (un leñador popular en el folclore de EEUU) y una vaca de plástico, todo por menos de $ 50.
El cuadro, que estaba incluido en el lote, no llamó demasiado la atención de la compradora, que pretendía quitar la tela y quedarse con el marco. Su madre, precavida, le dijo que quizá sería conveniente pedir una segunda opinión sobre la autoría (en el marco pone que la pintura es de Renoir), y ahora los expertos dicen que podría ser la obra Paysage. Bords de Seine, realizada en torno a 1879 y valorada entre $ 75 mil y $ 100 mil.
“Nunca había visto un muñeco de Paul Bunyan”, ha declarado la mujer, que solo ha querido identificarse como la “Chica Renoir”, al periódico The Huffington Post. La afortunada compradora ha añadido que no piensa quedarse con la pintura: “Estaría muy asustada de tenerla”, ha dicho. “Seguro que quien la compre la cuidará como merece”.
La obra, que mide 14 cm de alto y casi 23 de ancho, y que representa un paisaje fluvial en tonos pastel, será subastada por la casa estadounidense The Potomack Company el próximo 29 de setiembre. “Cuando la ves, sabes que es de verdad”, ha señalado Anne Norton Craner, especialista en artes plásticas de la casa de subastas y ex investigadora asociada del museo Metropolitan de NY, en declaraciones recogidas por el New York Times.
La pintura, según Craner, aparece en el catálogo razonado de la obra de Renoir, donde se indica que fue adquirida por la galería francesa Bernheim-Jeune en 1925, que posteriormente la vendió a Herbert May, el marido de la coleccionista de Maryland Sadie A. May. La pregunta de cómo el cuadro pudo acabar en un mercadillo no tiene por el momento respuesta.
El cuadro tiene en la parte de atrás una pegatina con el número de catálogo, según ha señalado Craner. La madre de la compradora le dijo a su hija que verificara la autoría en el momento en que esta arrancaba el papel de la parte de atrás de la pintura. “Estoy contenta de no haberla vendido en uno de los rastrillos que organizo en mi jardín”, ha dicho la mujer, que ha añadido que si la subasta sale bien, llevará a su madre de viaje a París a visitar el museo del Louvre.