Entrevistas Cultural
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Susana Perrottet

“Al irme de Perú, lloraba en todos los aviones”

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Artista multidisciplinaria peruano-suiza.

Varios de tus temas son bien alucinados. ¿Cómo salen?
Todo empezó con dos vivencias que tuve en Suiza.  Siempre tuve ese afán de mantener el contacto y la relación con seres queridos lejanos, que a veces están tan lejos que ya están muertos...
Lejanos en el tiempo y el espacio...
Sí. Y hubo dos contactos muy importantes. Un día me desperté muy mal, triste –y yo nunca me despierto mal– me fui a trabajar, y no podía ni levantar ni un lápiz. Cogí una tijera y recorté un hombrecito blanco, lo paré ahí y, con un plumón, le hice dos ojos. Cuando tú pones un plumón, el papel va absorbiendo la tinta y, al final, parecía una calaverita chiquita y yo no sabía qué era eso.
¿Qué pasa por tu cabeza cuando haces esas cosas...?
Justamente no pasa nada, es algo automático. Y me llama mi mamá y me dice que mi primo en Lima había muerto esa mañana. Yo ni siquiera me sorprendí, porque se me dio la explicación a lo que yo había estado haciendo.  
¿Y el segundo contacto?
Era un sueño en que mi primo, el que murió, estaba desnudo y tenía frío. Quería meterse en la cama con algunos de los familiares, y todos estábamos en camas, abrigados con frazadas, en un ambiente bien grande. Él  jalaba la frazada para meterse y nadie lo dejaba. Después llego a la casa de mi mamá y me dice que habían llamado de Lima, que había que renovar la tumba de mi primo que, si no, la iban a levantar.   
Has dicho que, para ti, Lima es lo subconsciente y Zúrich, lo racional...
¡Allá es un lugar tan controlado!  No hay espacio para la poesía, el soñar, la espontaneidad y todo lo que no se rige a un orden que viene de la racionalidad…
Pero esas experiencias  fueron allá.
Sí. Pero siempre estando lejos y mirando al Perú con ese afán de mantenerme conectada con el otro lado. Cuando uno se va, parece que todo muere, porque ya no está visible.   
Allí viene ese vínculo extraño con tu bisabuela suiza, más allá del parecido…
Sí, hay cosas que siento que estoy haciendo por ella en esta vida, en mi vida.
¿Cosas que dejó inconclusas?
O cosas que quizás dejó de hacer. De allí es donde viene el trabajo que estoy haciendo con el material de mi abuelo, su hijo, para seguir como tejiendo su obra. Mi bisabuela fue bailarina, una pionera  de la danza…
Tu bisabuelo también, ¿no?
Sí, él tuvo más transcendencia internacional. Ella fue muy conocida a nivel suizo y en Alemania. Entonces, ellos dos tuvieron un hijo, mi abuelo, pero ellos siguieron dedicándose a la danza.  El hijo creció en un hogar para niños  y no con sus padres.  Era muy triste.
¿Había un abandono no deseado?
Claro, en nombre del arte, en nombre de la vida del artista. Ahora, me estoy dedicando a mi abuelo, porque quiero darle la atención que no tuvo. Estoy leyendo sus obras… Él era escenógrafo en Basilea y pintaba parecido a mí. Los colores que usa, yo también los uso.
¿No sería lógico que concluyeras las cosas de tu bisabuela por el lado del ballet?
Sí, pero lo estoy haciendo por el lado emocional. Y, ahora, lo otro es un capítulo más allá, en mi obra. Mi abuelo puso fin a su vida a los 40 años, y dejó tres hijos. Hubo una ausencia muy grande en mi familia y nos ha marcado bastante.
¿Tú conociste a tu abuelo?
Sí. A mi bisabuelo no, creo que él murió antes que yo nazca, pero a la bisabuela sí la conocí viejita, viejita...
¿Y se hablaba del parecido entre ustedes o lo has descubierto recién?
No, recién. A partir de los 20 años, mi papá siempre me andaba diciendo: cada vez te pareces más. Hasta que yo, a raíz de una entrevista, me puse el sombrero frente al espejo del baño, y salió esa foto (que está en la muestra). Al compararla, se me puso la piel de gallina.
¡Es que son idénticas…!
Me gusta decir que no solo heredamos las apariencias, sino también deseos, tragedias, esperanzas, y las seguimos, ¿no?
¿No estás asumiendo deudas ajenas?
Sí, las veo como mías, porque considero que somos como una planta. Que ellos ya no estén vivos, es una manera de verlo, pero yo pienso que todo el mundo sigue vivo a la vez. Entonces, estoy colaborando con algo que es mi familia y, sí, es mío.
¿Cómo definirías esta muestra?  
Es como que volviera a nacer en Lima después de veinte años.  He expuesto en muchos lugares, pero nunca he estado tan nerviosa  como esta vez.  El fin de semana, antes de la muestra, hasta me dio vértigo.   
Eres tan suiza como peruana. ¿Has sentido el desarraigo?
Sí. Sin embargo, siempre que me iba de Perú, he llorado en todos los aviones y, al llegar, también he llorado  en todos los vuelos.
¿Y cuando te ibas de Zúrich?
Nunca, ni una sola vez me ha sucedido que yo sienta ese desarraigo. Acá siempre era como que me arrancaran de algo. No sé si es porque acá pasé mis primeros cinco años, la pubertad, el primer enamorado, épocas  importantes en la vida de una.
¿Este renacer marca tu arte?
A un nivel emocional, siento que alcanzo cierta madurez. En cuanto al contenido, no podría decir, porque ya tengo mis planes. Voy a hacer esto del abuelo y presentarlo ahora en los premios federales suizos. Después quisiera mostrarlo acá, el próximo año. Sería la más grande satisfacción saberme bien parada en los dos lugares.❧
 

la ficha

Nací en Lima hace 39 años y, a los cinco, me fui a Zúrich. Allí estudié arte, gané premios, entre ellos, el Caran D´Ache 2012 y expuse mi obra. Ahora regreso después de 20 años  y presento, en la galería El Borde de El Ojo Ajeno, mi primera individual en el Perú, 'Señales', una muestra que incluye audio, dibujo,  fotografía y animación, a partir de una investigación personal y de mi archivo familiar.

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