Entrevista a Jaime Antezana. El analista en temas de violencia interna y narcotráfico explica que lo que llaman “remanentes del senderismo” es más que todo una “firma” del narcotráfico.
María Elena Castillo
El ministro de Defensa afirma que las últimas emboscadas son la respuesta de los narcoterroristas a la presencia del Estado. ¿No es una afirmación muy simplista, teniendo en cuenta la cantidad de atentados registrados?
Ya no se puede sostener que estas dos últimas emboscadas son una reacción al avance del Estado. Los hechos nos permiten aseverar que esta organización no solo abandonó Vizcatán antes del “Operativo Excelencia”, desarrollado por las Fuerzas Armadas desde el 30 de agosto, sino que aceleró el proceso de reubicación en puntos estratégicos a lo largo y ancho del Valle de los ríos Apurímac y el Ene (VRAE).
¿Tomaron un cerro pelado?
Cada cerro ha costado la vida de un miembro de las FOES (Fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina) y un soldado. Según las Fuerzas Armadas tomaron el control de los cerros para impedir que los francotiradores disparen a los helicópteros, pero Vizcatán ya no era el centro de gravedad de la presencia de esta organización.
¿No se advirtió esto con el trabajo de inteligencia?
Yo se lo dije personalmente a un alto oficial que está en el VRAE, que la mayor parte de narcoterroristas se había desplazado a otras zonas pero aún así hicieron el Operativo Excelencia. La justificación fue que Vizcatán era un santuario para los terroristas, que era una zona de tránsito de droga e ingreso de insumos químicos, y que la organización cobraba “cupos” y sacaba su propia producción de droga. Los militares creían haber afectado su economía. Además, por la contraofensiva del narcosenderismo, para recuperar Vizcatán, pensaron que la mayor parte de las columnas regresarían al lugar, lo que nunca ocurrió.
Ruta del narcotráfico
Si no fue por las acciones militares, ¿por qué dejaron Vizcatán?
Por la droga. Las emboscadas de los pasados dos años fueron en zonas periféricas al VRAE (Ocobamba y Huachocolpa). Fueron ataques contra policías que incautaron droga o decomisaron insumos químicos. El primer mensaje fue una represalia por estos actos, pero lo más importante es que buscaban el control de las rutas de distribución de la droga, porque esa es su fuente de ingresos. Cuando mataron al comisario y a los policías de Ocobamba el mensaje para las firmas fue que ellos controlaban la ruta y que debían darles una bolsa de dinero. Es un ingreso redondo.
¿Amplían el negocio?
Se les está viendo en el sur de Ayacucho, desde el 2006, por donde transportan droga hacia la frontera con Ica y Arequipa. Han sido vistos en LLata y Laramate, que es el punto de frontera con Ica, y en el distrito de Quicacha, en Caravelí, el mes de octubre del año pasado, en pleno Operativo Excelencia. Salieron de Vizcatán para reubicarse en zonas donde no tenían presencia y así cerrar el círculo del negocio. De eso no se han dado cuenta las Fuerzas Armadas y han creído que con un operativo de 800 hombres en Vizcatán podían no solo tomar el control sino darle un duro golpe, pero no ha ocurrido ninguna de estas dos cosas.
Porque no hay terroristas…
Quedan. Las últimas emboscadas son un indicativo de que la capacidad operativa militar es mayor de la que imaginan porque han emboscado a dos patrullas simultáneamente. Las Fuerzas Armadas no los pueden combatir porque no entienden que se trata de una estructura armada que ya no pertenece a Sendero Luminoso ni al grupo “Proseguir” sino que se articuló al narcotráfico.
¿Son una “firma” del narcotráfico?
Son algo más que una “firma”. Desde fines de 1999 hasta el 2005 eran pelotones de sicarios. Desde el 2000 al 2003 tuvieron una alianza con el narcotráfico basada en la protección de “mochileros”. Entre el 2004 y el 2006 tienen sus primeros cultivos y pozas de maceración, y pasan a ser parte de la estructura del narcotráfico, con una relativa autonomía de las demás “firmas”. Y ahora es una organización cuyo núcleo duro es gente que viene de Sendero Luminoso, pero está formada por jóvenes, la mayoría “mochileros” y algunos sicarios.
La guerra de la droga
¿Ya no son los 200 hombres que las autoridades aseguraban?
No. En el 2006 había ya 350 hombres armados. Me temo que ahora han crecido mucho más porque están operando a lo largo y ancho del VRAE. Los militares los han subestimado y el primer ministro dice que son manotazos de ahogado, cuando la realidad es que se produjeron 23 emboscadas desde julio del 2003 a la fecha, de las cuales 13 fueron en los últimos doce meses.
¿Nuestro país se está “colombianizando”?
El narcotráfico se está reproduciendo en estilo colombiano en el VRAE y Alto Huallaga, con estructuras armadas que tienen un discurso político, pero en otras zonas están los pelotones de sicarios, reproduciendo el estilo mexicano.
¿No se dan cuenta de que no se trata de un fenómeno exclusivamente subversivo?
Dicen que son simples delincuentes, y esto puede llevarnos a gravísimos errores. El principal enemigo es el narcotráfico. Los hechos de violencia irán in crescendo y entonces recién el Estado entenderá que estamos frente a una guerra, a la guerra de la coca.
“No hay un programa integral para el VRAE”
Se ha criticado la priorización de la ofensiva militar. ¿Cómo va el Plan VRAE?
Se han hecho anuncios mediáticos desde noviembre del 2006, se pasaron el 2007 supuestamente diseñando el plan, pero no se implementó. Estamos solo con anuncios parciales. No hay un programa integral de desarrollo para el VRAE que articule los esfuerzos de los gobiernos locales y regionales y con el gobierno central.
¿No se ha hecho nada?
No. Aparte de los anuncios mediáticos hay dos cosas: el establecimiento del comando especial de las Fuerzas Armadas, que desde febrero se ha convertido en región militar, y la electrificación, que es anterior al anuncio del Plan VRAE. Si bien el discurso oficial dice con claridad que hay que promover el desarrollo y una mayor presencia del Estado, así como combatir el narcotráfico, las acciones militares no lo toman en cuenta. Parece como si no entendieran que trabajan mano a mano con el narcotráfico. (Edición impresa La República)
