Policía de Tránsito: una actividad de alto riesgo para la salud

En la intersección de Juan de la Torre con Bolívar los policías controlas la congestión vehicular y la demanda de peatones.
En la intersección de Juan de la Torre con Bolívar los policías controlas la congestión vehicular y la demanda de peatones.

Arlen Palomino .

Arequipa.

 

"¡Avanza! !Avanza!", grita el chofer de combi sacando la cabeza por la ventana. La unidad forma una larga cola de taxis, autos y coasters que esperan en la avenida Juan de la Torre, en pleno centro de Arequipa. A la cabeza de la agobiante congestión está un policía de tránsito que retiene a los vehículos para que los peatones crucen la vía. 

Con un parque automotor que supera los 148 mil autos y una infraestructura vial capacitada solo para 60 mil, las calles arequipeñas son a diario un caos.

No solo hay un problema de cantidad, también de actitud. Los choferes no respetan las reglas, comenta el efectivo . Su apellido es Ramos y todos los días lidia con este huaico de unidades, como lo hacen 165 de sus colegas . Un impertinente chofer de un auto plomo confirma la aseveración de este hombre con uniforme y guantes verdes, quepí y un pito en la boca.

A pesar que le ordena parar , éste continúa su marcha sin importarle la orden policial. Ramos no puede hacer nada, seguirlo es casi imposible: no tiene moto ni algún vehículo cercano . Solo se limita a mover la cabeza. Es la historia de todos los días , dice.

Lleva dos tapones de oídos confeccionados artesanalmente con papel higiénico y un par de lentes negros. Los tapones lo protegen del demencial ruido que también mina su capacidad auditiva. 

El director de Ecología, Protección del Ambiente y Salud Ocupacional, Zacarías Madariaga, explica que u na persona no debe exponerse a un máximo de 60 decibeles . Ramos tiene un pito, herramienta de trabajo que al soplarla atentará contra sí mismo.

El sonido de un silbato alcanza entre 95 y 100 decibeles; un motor parado genera 70. Ni qué decir de los bocinazos. Un excesivo ruido genera sordera a largo plazo, taquicardia y hasta un ataque al corazón. También estrés: altera la personalidad. Por eso no es extraño ver choferes y policías totalmente desquiciados, rojos de ira, intercambiando insultos. Un estudio de la Universidad Católica de Santa María demostró que los policías de tránsito sufren de infertilidad, aparentemente por la contaminación atribuida a la gasolina con plomo que felizmente ya se erradicó .

Soportan la radiación solar, cuyos índices entre 10.00 y 15.00 hrs. son de peligro y causantes de cáncer a la piel. Respiran aire contaminado y, por su fuera poco, lidian con el mal humor de los conductores.

  

CONSECUENCIAS

Ramos no lo admite, pero su compañera ubicada en la intersección de la calle Misti con avenida Ejército (Yanahuara) confiesa que todos los días acaba con dolor de cabeza. La muchacha se refugia bajo la sombra de un árbol a las 15.00 hora s.

Madariaga explica que el sistema respiratorio es el principal afectado. Los gases tóxicos generan asma, rinitis, faringitis. Los dolores de cabeza son provocados por la ausencia de oxígeno. El monóxido de carbono expelido por los tubos de escape contamina la sangre.

En 2012, los valores de material particulado (PM10) en el aire sobrepasaron los límites permitidos en la ciudad, según mediciones realizadas por cinco estaciones de monitoreo de la Gerencia Regional de Salud, durante los doce meses del año. Con relación al 2011, el incremento fue del 15%. ¿Cómo resolver el problema? Madariaga opina que se debe masificar el transporte público; dejar de lado las combis pequeñas e implementar carros con mayor capacidad. 

Mientras se espera una solución integral, el caos vehicular sigue regulado por un policía que solo tiene como arma su silbato.

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