Política
Loading

En penal de Santa Mónica no hay espacio ni para un alfiler

polt070217-2c.jpg

La República acompañó a la comitiva, y comprobó que uno de los graves problemas es el hacinamiento en el que viven las reclusas.

• La República acompañó a la comitiva, y comprobó que uno de los graves problemas es el hacinamiento en el que viven las reclusas.

María Elena Castillo.
Foto: Percy Ramírez

Internas de la Prevención, donde la celda más grande alberga a 40 mujeres, que duermen de dos en dos en camarotes y colchonetas envejecidos. Apenas un metro cuadrado tiene para vivir cada interna del penal Santa Mónica de Chorrillos. Las celdas, tanto de la Prevención como del resto de los pabellones, superan largamente su capacidad de albergue. Los ambientes están llenos de camas camarotes y delgados colchones sobre los que descansan las mujeres presas en ese lugar.

"¿Cuánto mide este lugar? ¿Cuántas personas hay aquí?", preguntó incrédula la defensora del Pueblo, Beatriz Merino, durante una inopinada visita que realizó ayer a dicho centro penitenciario para supervisar la situación de las cárceles.

Todo lleno

En las celdas de la Prevención del penal están instaladas alrededor de 60 internas. La más grande, que a simple vista parece ser de 5 x 8 metros, alberga a cerca de 40 presas. "O sea que hay un metro cuadrado para cada una", refirió la defensora sin creer lo que miraba.

Los camarotes rodeaban las paredes sin dejar casi ningún espacio vacío, y en el medio una docena de colchonetas tampoco dejan para caminar. "Aquí dormimos de dos en dos", señalaron las presas a coro.

"Ahora somos 40 en esta celda, pero antes éramos el doble", aseguró Isabel Palacios Gálvez, una interna que lleva 16 meses en la Prevención. "La directora trata de mejorar el lugar, pero es muy difícil. La comida es mala, hay cucarachas y si nos enfermamos nos dan la pastilla milagrosa, ya sea para la cabeza, la barriga o cualquier cosa", añadió.

La ventilación es escasa. Una abertura de apenas 20 centímetros de alto bordea una de las paredes. El fuerte calor de este verano hace que al mediodía el ambiente se vuelve insoportable.

En peor situación se encuentra el Pabellón 2 B. En las celdas construidas para dos, duermen de cuatro a cinco personas, y en los ambientes para cuatro se han instalado el doble de internas.

El hacinamiento es tal que el largo pasadizo está lleno de camarotes y la delgada ruta que queda para pasar es utilizada todas las noches como literas para las presas que no tienen dónde dormir.

"Aquí no cabe ni un alfiler más. En muchos casos duermen dos en cada colchón. Por la noche nadie se puede mover de su lugar sin pisar a su compañera. Ni siquiera cuando hay temblores podemos movernos. Imagínese lo que pasaría si hay un terremoto de noche", advirtió Herlinda Zárate, la delegada del 2B.

Ambiente de violencia

Hacinamiento incentiva enfrentamientos entre las internas. Abajo, en la prevención. La Defensora del Pueblo, Beatriz Merino, escucha las quejas de las internas. "Debajo de nosotros está la cocina y si hay un accidente todas morimos", añadió.

Una trabajadora del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) que prefirió no identificarse alertó que esta situación genera un ambiente violento entre las internas. "Se han registrado peleas porque alguna rozó a la otra sin querer. El hacinamiento hace que por este simple hecho discutan y hasta se golpeen unas con otras", afirmó.

Pésimas condiciones

Santa Mónica es una prisión con una capacidad para albergar a 500 internas, pero en este momento hay 1,052 mujeres, la gran mayoría en situación de procesadas, sin abogado y viviendo en pésimas condiciones.

Según el informe de la Defensoría del Pueblo, el 89.98% de las internas está en situación de procesadas, pues apenas 137 tienen una sentencia. La mayoría de las mujeres presas en Santa Mónica (759), están allí por tráfico de drogas, lo que les impide acceder a beneficios penitenciarios.

La comitiva de la Defensoría del Pueblo comprobó que, al igual que en la mayoría de los penales a nivel nacional, la infraestructura de esta prisión está seriamente deteriorada, y que los servicios básicos son deficientes y están en mal estado de conservación.

Además, los talleres de trabajo son también escasos y muy pocas internas tienen posibilidad de acceder a programas de educación, lo que dificulta la tarea resocializadora que debe tener el penal.

"En esas condiciones muchas de las mujeres que salen de aquí vuelven a regresar, pues no encuentran las condiciones para readaptarse y reinsertarse a la sociedad", dijo una funcionaria del INPE en base a la experiencia que le han dado sus años de trabajo en esta prisión.

A la vista. El Pabellón 2 B de Santa Mónica, donde las internas duermen en los pasadizos. La realidad del penal de mu-jeres de Chorrillos es una réplica de lo que ocurre en todo el país, y que hace unas semanas generó un violento enfrentamiento entre los internos de dos pabellones del penal Miguel Castro y culminó con la muerte de presos y la crisis, generando además la salida de la jefa del INPE, Rosa Mavila.

En diciembre un informe de la Defensoría del Pueblo advirtió la crítica situación por la que atraviesan los penales a nivel nacional, en los que se sobrepasa la capacidad de albergue en un 75%.

"La sobrepoblación y hacinamiento sirven como un espacio propicio para prácticas violentas, favorecen los actos de corrupción y ponen en riesgo derechos fundamentales como la salud", indicaron en el informe.

Entonces recomendaron que se adopte una serie de medidas para "corregir la situación de hacinamiento, inseguridad y problemas de infraestructura del sistema penitenciario" y que se elabore un programa de construcciones y refacciones de las prisiones.

Peligroso polvorín

La respuesta del Ejecutivo hasta ahora se ha limitado a anuncios sobre la posibilidad de reabrir el penal de Challapalca (clausurado por recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos), y la promesa del actual presidente del INPE, Benedicto Jiménez, para construir un penal en Huaral y otro en Ancón.

Sin embargo, la realidad que La República pudo comprobar ayer al acompañar a la defensora del Pueblo en su inopinada visita a Santa Mónica es que la crítica situación del penal no ha cambiado en lo más mínimo. Y que tal como están las cosas, sigue siendo un polvorín que en cualquier momento puede volver a explotar.

Datos

SUPERVISIÓN CONSTANTE. La visita que la Defensoría del Pueblo realizó ayer al penal de Mujeres de Santa Mónica y al de Máxima seguridad de Chorrillos es el inicio de un programa de supervisión constante a los penales de todo el país.

PREVENCIÓN. La Defensoría realizará visitas inopinadas para comprobar si se están tomando medidas para evitar enfrentamientos violentos como el que ocurrió hace dos semanas en el penal Miguel Castro Castro.


Mejor están las internas por terrorismo

La delegación de la Defensoría del Pueblo visitó también el penal de Máxima Seguridad de Mujeres, donde cumplen condena alrededor de un centenar de mujeres por terrorismo y una cantidad similar de presas acusadas por delitos agravados y tráfico ilícito de drogas.

La situación en este penal es diferente. No hay problemas de hacinamiento, pero las internas se quejaron de ser marginadas al no permitírseles la visita íntima como en los penales de hombres.

En el pabellón A hay 50 mujeres, la mayor parte condenadas o procesadas por terrorismo, pero que aseguran estar desvinculadas de las organizaciones armadas. Una de ellas es Lucero Cumpa, quien en la década de los 80 fue detenida con el líder del MRTA, Víctor Polay. "La mayor parte estamos entre 10 y 15 años aquí, queremos estudiar y trabajar para acceder a los beneficios penitenciarios, pero no nos quieren reconocer lo que hemos hecho antes del 2003, cuando se modificó la norma", dijo.

En el Pabellón B están las internas que mantienen su vinculación con Sendero Luminioso, como Martha Huatay y Laura Zambrano, entre otras. Aislada del grupo se mantiene a Elena Iparraguirre, pareja sentimental de Abimael Guzmán, quienes insisten en una "solución política" para ellas.