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El reto de Funes

Para la izquierda latinoamericana la victoria electoral de Mauricio Funes en El Salvador está signada por un alto contenido simbólico. Llega al poder, gracias al voto ciudadano, un movimiento político que durante diez años apostó por la lucha armada. En 1980, una confluencia de los grupos de izquierda salvadoreña derivó en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional; organización de inspiración marxista-leninista que a lo largo de esa década intentó tomar el poder de en tres ofensivas militares que combinaron la lucha guerrillera con la insurrección popular.

El FMLN buscaba de este modo el espacio y la representación política que sucesivos gobiernos conservadores le negaron. El frente era la conjunción de una vigorosa izquierda enraizada en el pueblo salvadoreño a la que, sin embargo, se impedía participar en elecciones y se reprimía sistemáticamente. Voces disidentes eran acalladas a balazos. Este fue el caso de monseñor Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980. Su muerte marcó un antes y un después en el conflicto.

Los ochenta fueron tiempos de confrontación abierta y sangrienta para El Salvador. Se estima que a lo largo de esa década murieron 75 mil personas y otras ocho mil desaparecieron. La izquierda constituyó un ejército en las montañas, una sólida red de milicias en las ciudades y estableció una alianza política con el socialdemócrata Frente Democrático Revolucionario (FDR)) de Guillermo Ungo. Al frente tenía al Ejército salvadoreño respaldado por la Democracia Cristiana, la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y financiado por el gobierno norteamericano. Al cabo de una década de violencia armada, ambas fuerzas, de un lado el FMLN y del otro, el gobierno y los militares, decidieron iniciar conversaciones de paz. Esta finalmente llegaría con la firma de los acuerdos de Chapultepec, en 1992.

Entonces los guerrilleros del FMLN se despojaron de sus uniformes de campaña, bajaron del monte y entregaron sus armas. Algunos se alejaron de la política o cambiaron de camiseta. Pero fueron los menos. El FMLN se convirtió en un movimiento que reconocía tendencias entre sus militantes. Surgió una renovadora ala socialdemócrata y otra con nítida identidad socialista. Habían decidido hacer política, pero no sabían entonces que deberían esperar 17 años para ganar una elección presidencial. En el ínterin llegaron a las alcaldías de las principales ciudades y no lo hicieron mal. Hoy su líder, Mauricio Funes, tiene un reto de marca mayor: demostrar que solo en democracia es posible derrotar a la pobreza y construir un país más justo, más libre y sobre todo más solidario.

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