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Murió Benedetti, el escritor combatiente

Poeta uruguayo le cantó al amor, pero también exigió justicia social. Su salud y sus 88 años de vida ya no dieron más y falleció en su casa de Montevideo después de una existencia llena de coraje y ternura.



Pedro Escribano.



Mario Benedetti ha muerto. Nada detuvo el fin que se veía venir. En los dos últimos años eran frecuentes sus ingresos de emergencia al hospital de Montevideo, Uruguay. El pasado 5 de mayo, el Nobel portugués José Saramago a través de su blog pedía a los lectores del autor de Inventario hacer una cadena de poesía para que mejore de salud. Pero igual, la muerte llegó.



El verso de Vallejo dice: “¡Tanto amor y no poder hacer nada contra la muerte!”. El poeta murió ayer. Tenía 88 años de vida. El año pasado ingresó cuatro veces al hospital. Este año ocurrió en marzo y en abril últimos. La muerte y un mal intestinal no le dieron más tregua.



Con Benedetti se apaga una figura querida, un escritor de estirpe combatiente, un hombre de izquierda que mantuvo hasta el final de sus días una coherencia con lo que él creyó. Le cantó al amor, pero también, desde sus convicciones éticas y políticas, exigió justicia social y se enfrentó al poder. Siempre estuvo por los débiles, los marginados, los abusados, por los mismos que padeció persecuciones y destierros. Así, en condición de exiliado habitó entre nosotros en los años 70, durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado.



Este poeta, un convicto hombre de izquierda, supo también ganarse a sus lectores con sus poemas amor. Cuando asistía a presentaciones públicas era común que se acercaran parejas de esposos para decirle que se habían enamorado con sus poemas. Ese es un rito que en los jóvenes de hoy en día aún persiste.



Inventario de la vida



Mario Benedetti nació el 14 de setiembre de 1920 en Paso de los Toros, en Tacuarembó, Uruguay. Estudió en el Colegio Alemán en Montevideo, en donde solía escribir sus tareas escolares en verso. Cursó la secundaria hasta el primer año, los apuros económicos, a los 14 años de edad, lo empujaron a trabajar en un taller mecánico y hacerse autodidacta. En realidad, trabajó de todo: fue taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial. Después se hizo periodista y militante de izquierda. Amigo de la Revolución Cubana, llegó a publicar más de 80 libros en los que destaca Inventario, poemas de otros en poesía. En narración, Montevideanos y La tregua. El año pasado publicó Testigo de uno mismo. Murió cuando escribía Biografía para encontrarme. Sus poemas fueron musicalizados por Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, entre otros.



Recibió, entre otros galardones, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005) y el Premio ALBA del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana (2008).



“Hacer literatura en el exilio me ayudó a sobrellevarlo”



¿Qué recuerda de su exilio en el Perú?



Fue una época difícil para mí. Me fui a Perú porque me habían amenazado de muerte en Argentina. En Lima trabajé en un diario de un periodista que se accidentó y quedó manco...



Paco Moncloa.



Paco Moncloa. Él fue un amigo mío. Y me consiguió trabajo en un diario con la condición de que no escriba sobre Perú. Así que escribía sobre temas literarios, pero igual, me expulsaron a Argentina.



¿Estuvo preso en Perú?



No estuve preso realmente, pero vinieron a buscarme para deportarme. Estuve preso en mi casa. Vino un tipo que se me instaló y se durmió. Yo aproveché para sacar todos los papeles comprometidos que yo tenía y tirarlos. En Perú había departamentos que tienen como un tubo por donde tiran la basura y tiré por allí todos los papeles comprometidos. Después de romper todo, lo desperté: “Usted me viene a vigilar y se me duerme”, le dije. Me acompañó hasta mi cuarto, me pidió perdón por lo que me hacían, y me deportaron a Buenos Aires.



¿El exilio lo tatuó de rencores y cicatrices? ¿Le ayudó a escribir?



Las cicatrices y los rencores no se produjeron en el exilio, sino bajo la dictadura. Escribir es un oficio que ejerzo desde mi infancia, y hacer literatura en el exilio me ayudó a sobrellevarlo.



¿En tiempos de la globalización, cómo ve la situación, sigue siendo optimista?



Yo creo que está más difícil para el mundo en general. Una vez que queda EEUU solo como capo de la globalización, yo creo que es mucho peor para el mundo. La única esperanza que tengo de que esta situación mejore es que los norteamericanos la emprendan contra los EEUU. Hay sectores críticos a Bush. Y van aumentando, esa es la única esperanza que tengo, creo que no hay otra forma de acabar con la globalización. Aunque, claro, hay una actitud crítica de los gobiernos de los países del sur.



LR. 5 Nov. 2006

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