José Luis Carranza. El joven pintor expone “El reflejo de la muerte” en la galería enlace de San Isidro. Recuerda que el estilo en un artista es una evolución natural y honesta.
Pedro Escribano
Recuerda que creció entre libros de anatomía, incluso no pocas veces tuvo la oportunidad de mirar con atención despojos humanos. Y esto porque el padre de José Luis Carranza es médico y su madre enfermera. Allí está parte del origen de las formas anatómicas de sus personajes que habitan los lienzos de su reciente muestra, “El reflejo de la muerte”, en la galería Enlace, en San Isidro.
¿En esta muestra te consideras tanático?
Siempre han enlazado a mi obra, desde distintas ópticas, aspectos de la condición humana. La crítica siempre la ha relacionado con lados oscuros, con una carga fáustica, corrosiva, en contraposición de lo luminoso, lo iniciático y lo divino del arte. Yo creo que soy del otro extremo. Siempre me han enlazado por el lado oscuro y sí se podría decir que hay una carga tanática, aunque no sé si lo busque voluntariamente.
Sin embargo, en tus colores resaltan los cálidos, los verdes, los rojos encendidos…
El tema es la concepción que tengo yo de la pesadilla. Para mí siempre las pesadillas han estado bañadas por una luz muy pálida y blanca. Jamás en oscuridad, así que no hay nada más horroroso que la luz entre las 4 y 5 de la mañana, que baña levemente las formas de las figuras. Ese es el estado magnífico de la pesadilla.
Entre la niebla y la tiniebla...
Exacto. Es algo que es y no es, y un ser humano allí es y no es normal. Siempre lo he visto así.
Artista joven, celebrado, ¿perseguido por pesadillas?
Ese asunto escapa a la edad, escapa a lo que la gente podría ver como un éxito terrenal, o qué sé yo. O sea, en mi opinión yo no ando persiguiendo esos temas. Yo más bien ando encerrado en mis asuntos pictóricos y en mis propios dramas visuales.
¿Dramas visuales?, ¿acaso la pintura no es una fiesta?
Contra todo pronóstico, para mí la pintura no se convierte en un festival alegre o en un proceso feliz. No, no, en absoluto. La pintura a mí jamás me ha divertido. Desde que la he pensado nunca me ha resultado placentera. Así que el proceso me resulta más bien denso, fastidioso, tenso. Me encantaría tener un temperamento más progresista a la hora de trabajar, como los impresionistas, pero no es así.
¿Pintar es padecer?
Algo así. Ahora sí comprendo cuando las mujeres dan a luz (risas).
Alumbrar un nuevo ser…
Claro, quitemos esa pompa de decir la gran obra y mucho menos. Yo creo que hay trabajo mucho más noble que la pintura. Pero, como te digo, a mí pintar no me divierte.
Ahora hay más escuelas, mejores condiciones para pintar. ¿Es difícil hacerse de un estilo?
El problema del siglo XXI es que ya no estamos amparados por ningún tipo de escuela o estilo que englobe a muchos artistas. Si es que hay una sobrepoblación de artistas, va a ver una sobrepoblación de estilos también. No es como en otros siglos en que cada artista se metía a escuelas o estilos y hacían cofradías. En realidad es cosa seria el tema del estilo, pero el estilo también es una trampa porque es un camino que te lleva a un callejón sin salida.
¿Cómo así?
En realidad, la búsqueda del estilo también es como la búsqueda de la muerte porque se va perdiendo la pasión por la búsqueda a la hora de introducirse en un estilo.
¿Quieres decir que te consagras en un estilo y no sabes qué hacer después?
Exacto. A eso voy, pero yo pienso que un artista no es un mono de feria que está condenado siempre a presentar novedades y novedades. En absoluto. El estilo es una evolución natural. Si tú ves a los grandes artistas de otros siglos, incluso de nuestro siglo XX, pues han tenido un discurso lineal. Mira a Humareda, por ejemplo. Su discurso es lineal y maravilloso y su evolución es muy natural, no era como un mono de feria que dice: bueno, ahora presento óleos y la próxima exposición presento latas recicladas.
¿Crees que hay monos de feria en el arte peruano?
Demasiados, demasiados… así como hay sobrepoblación de artistas, cosa que es muy cierta, cosa que si tú ves al Perú, por ejemplo, de fines del siglo XIX, hay escasas figuras artísticas. Hay unas cuantas cabezas y algunos aprendices. En cambio, a fines del siglo XX hay cantidad de artistas.
Incluso hay diferencia en décadas. En los 80 aquí era un puñado de artistas que guerreaban contra todo, pero ahora hay cantidad de muchachos que están buscando la oportunidad para tener notoriedad artística y lo demás.
¿Estilo?
Yo digo que el estilo no debe ser una búsqueda consciente, sino lo más auténtico, natural y honesto que brota.
Dices monos de feria. ¿No hay derecho de experimentar y ejercer el deseo democrático de crear? ¿Todos pueden pintar?
Sí, pero el tema es que todos pueden pintar, pero no todos pueden pintar bien. En mi opinión, cada vez estoy más cercano al tema de hacer bien las cosas, pienso en eso, saber hacer. Y el arte de todos los siglos y de todas las épocas siempre ha estado orientado al saber hacer. Pienso en la obra de arte como la obra completa; no es solo una catarsis, no solo es el momento de una locura. Es una cosa que engloba todo. Tiene que tener un acto de nobleza y de poder. Tiene que ser una obra palpitante. Si se pudiera buscar la perfección de la anatomía, mucho mejor, pero eso es imposible.
Y, hablando de anatomía, tus personajes tienen una anatomía marcada. ¿De dónde viene?
El tema con la anatomía es que yo toda la vida he tenido estudios sobre ella. Vengo de una casa forjada en ese tipo de estudios: mi padre es médico y mi madre enfermera. Siempre ha habido material anatómico en casa, libros, despojos humanos, y en alguna oportunidad para hacer disecciones menores como hacía en Bellas Artes. Todo eso me ha llevado a enriquecer mi discurso.
Tus figuras también nos envían a épocas pretéritas.
En mi obra es muy importante la mirada hacia el pasado. Si bien ahora muchos artistas nos sentimos que estamos en un callejón sin salida, yo creo que es el momento para mirar el pasado y darse cuenta de la gran modernidad y la vigencia de muchos maestros que traídos a nuestra época cobran gran poder.
En tu obra veo cierta tentación rubensniana. ¿Es correcto?
Por supuesto. El arte del siglo XVI, el barroco, es el que más disfruto. Precisamente cuando viajé a España me centré en las grandes colecciones de maestros. Estudié Tiziano, y en Louvre estudié a Rubens.
¿Tú no eres de los pintores jóvenes iconoclastas que dicen: ah, yo no hago eso, hago lo mío?
Es totalmente estúpido, irrespetuoso e infantil decir eso. No, el ser humano se compone de capas y costras; entonces, nosotros somos criaturas del pasado. Nosotros masticamos el arte del pasado, lo digerimos y de ahí sale un discurso original, honesto. Nada puede nacer si no tiene padres porque si no, como dijo Humareda, el que no es hijo de alguien es hijo de puta.
Claves
El artista. Nació en Lima, 1981. Estudió pintura y dibujo en la Escuela de Bellas Artes. Entre otros premios, ganó Pasaporte para un artista, con beca a París.
Galería. Enlace. Av. Pardo y Aliaga 676, San Isidro. Curaduría de Manuel Munive Maco.
