Japón. Lla orden del primer ministro. Casi todos los trabajadores de la central nuclear de Fukushima son mayores de 60 años y ya no pueden dar marcha atrás.
Fukushima. David Jiménez. Enviado Especial. Elmundo.es
Ante la encrucijada de sacrificar la vida de decenas de hombres o dejar completamente fuera de control la central de Fukushima, el Gobierno japonés no ha dudado hasta ahora: “El abandono es imposible”.
Cuando hace dos días la empresa Tepco decidió sacar indefinidamente a los últimos operarios de la planta, temiendo que sufrieran dosis letales de radiactividad, un directivo consultó con el primer ministro, Naoto Kan.
El líder japonés se negó alegando que los empleados deben asumir la posibilidad de perder la vida en su intento de salvar al país de un desastre nuclear. “El abandono es imposible, [Kan] nos dijo: ‘Sigan hasta que la exposición a la radiactividad los mate’”, ha revelado el directivo de Tepco al diario japonés ‘Mainichi’.
Un número variable de trabajadores –entre 50 y 300– siguen luchando para controlar los cuatro reactores de Fukushima que se encuentran fuera de control y amenazan con una fusión de sus núcleos y una fuga masiva de radiactividad.
Los empleados que continúan en la central son hombres anónimos y casi todos mayores de 60 años. Algunos no cobran más de 100 dólares al día por su trabajo. Nagase, un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 89 años que vive como refugiado en el Centro Deportivo Azuma, en la ciudad de Fukushima, asegura que no ha sido el dinero o el reconocimiento lo que les ha llevado hasta allí. “Llevan dentro el yamato-damashii”, dice del ‘espíritu japonés’.
La idea tiene connotaciones negativas para quienes la identifican con la prepotencia y el nacionalismo radical que llevó a Japón al desastre de la Segunda Guerra Mundial, pero en su versión más amable reúne los conceptos del valor, patriotismo y dedicación al bien común por encima del interés individual.
El hecho de que los voluntarios que trabajan en la central sean en su mayoría jubilados es un síntoma de la crisis de consciencia colectiva que vive Japón, a los ojos la primera generación de la posguerra.
La forma en que los japoneses han desabastecido comercios y gasolineras, a pesar de las peticiones del Gobierno, es presentada como prueba definitiva de que los aspectos más positivos del ‘yamato-damashii’ están en decadencia.
Tres generaciones de japoneses viven como refugiados en el pabellón del Centro Deportivo Azuma. Los mayores sufrieron la Segunda Guerra Mundial. Sus hijos se beneficiaron del milagro japonés que en los años 80 convirtió a la nación en una potencia. “Mis nietos sólo piensan en lo que van a comprar mañana”, dice el anciano Nagase.
Agradecimiento
Jóvenes y mayores solo tienen palabras de agradecimiento para el grupo de trabajadores sin rostro que continúan la lucha en la central nuclear, situada a 60 kilómetros de distancia de aquí.
Yuta Ape, un profesor de inglés de 27 años que llegó de Sendai, dice que no imitaría a los héroes de Fukushima aunque le pagaran todo el dinero del mundo. Trabaja, sin embargo, desde el amanecer en la asistencia de las personas mayores que se encuentran en este refugio, busca donaciones para los damnificados y, cuando tiene tiempo, haciendo compañía a quienes han perdido a seres queridos.
Se ve a otros muchos jóvenes echando una mano, prueba quizá de que el concepto de ‘yamato-damashii’ no ha muerto del todo. Simplemente ha dejado de significar lo mismo que para los ‘kamikazes’ que se arrojaban sobre buques americanos en tiempos de guerra.
Gobierno nipón está “abrumado” por la crisis
El director ejecutivo de la Tokyo Electric Power Company (Tepco), Akio Komori, rompió en llanto en plena conferencia de prensa luego de pedir disculpas por los graves sucesos en la central nuclear de Fukushima.
Una semana después del desastre que devastó la costa nororiental del país, la Agencia de Policía Nacional dijo que las cifras recientes indican que 6.911 personas murieron y 10.754 no han sido encontradas.
El gobierno japonés admitió el viernes estar abrumado por la magnitud del desastre. La admisión se produce en momentos en que Japón aceptó la ayuda estadounidense para estabilizar su complejo nuclear recalentado a la vez que aumentó la calificación de gravedad de su accidente nuclear de 4 a 5 en una escala internacional de siete.
Hidehiko Nishiyama, de la agencia de seguridad nuclear de Japón, dijo que la calificación fue elevada cuando advirtieron que el 3% del combustible en tres de los reactores en la planta Dai-ichi de Fukushima resultó gravemente dañado.
