Revista Domingo
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¿Qué fue de los jotitas?

Un puñado de adolescentes llevó por primera vez al Perú a un mundial sub 17 de fútbol hace tres años. En un país acostumbrado a las derrotas deportivas se desató una fiebre futbolera que incluyó propuestas tan desesperadas como hacerlos jugar los partidos de la selección de mayores. Hoy, solo un “jotita” –Reimond Manco– ha sido convocado por el equipo que dirige Sergio Markarián. El resto juega como suplente en clubes de primera y segunda división del balompié local. ¿Perdimos la generación más exitosa de menores de los últimos tiempos?

Por Ghiovani Hinojosa


“Tócame que soy realidad”. La modelo Shirley Arica debía haber acariciado los bíceps de Reimond Manco para comprobar, extasiada, que su amante enjuto no era un sueño. Pero prefirió reservar tan exótica frasecita en la memoria para cuando tenga que decir algo en la televisión farandulera. En efecto, su relato íntimo en Magaly TeVe ofreció al Perú un Manco jactancioso, tosco y superficial, que negaba no solo sus encuentros en Chiclayo sino incluso su amistad. Acostumbrados a verlo más en las páginas de espectáculos que en las de deportes, muchos peruanos satirizaron esta confesión: crearon páginas en el Facebook para seguir el impacto mediático de “la frase del siglo”, recargaron los portales noticiosos con comentarios sarcásticos y compraron a 25 soles polos estampados con las cuatro palabras. ¿Ese era el chiquillo que nos hizo vibrar con sus enganches en la cancha el 2007 y que fue elegido el mejor jugador del Sudamericano Sub 17? ¿Cómo así una promesa del fútbol nacional pide que lo toquen y asegura que es realidad a una chica que se lo cuenta todo al país? ¿Qué hay de su nivel futbolístico? ¿Por qué cambió el PSV Eindhoven holandés por el Juan Aurich chiclayano? ¿Dónde están los otros jotitas; son acaso una generación perdida? Preguntas que un puñado de especialistas responde a continuación.

Se fue quedando Manco

“El personaje ya se lo comió”, sentencia el periodista Phillip Butters sobre Reimond Manco. Es decir, el enamorador de modelos recién estrenadas que se casó a los 18 con una de ellas recibe hoy más prensa que el delantero que se inmiscuye con agilidad entre los zagueros. Ni bien Manco volvió del Sudamericano Sub 17 –en el que los “jotitas” lograron clasificarnos por primera vez a un mundial en esa categoría– Alianza Lima lo hizo debutar en primera división. Era abril del 2007, y este futbolista de 1,72 metros ya jugaba en la liga más exigente del balompié peruano. No tuvo que escalar posiciones en las divisiones de menores; la cima parecía estar cerca. Butters piensa que este salto de etapas atarantó a un “jotita” ya limitado. “Físicamente, no es un tipo fuerte, veloz, con envergadura y con peso. Es flaquito y ligerito. Tampoco tiene una capacidad aeróbica tremenda, es decir no aguanta 90 minutos en el mismo ritmo. Técnicamente, no le sabe pegar al balón con la parte externa del pie, por lo que le cuesta tirar centros templados veloces, siempre le mete con comba; eso lo hace previsible. Al no tener mucha fuerza, le es difícil desbordar y dar un centro; entonces trata de amagar, y allí comienza su otra deficiencia: no tiene pierna izquierda”, detalla.

A mediados del 2008, Manco fue fichado por el PSV Eindhoven, donde jugaba Jefferson Farfán. Se sabe que ni bien llegó a Holanda, no pudo entrenar con el primer equipo por sus deficiencias físicas, por lo que lo ubicaron en las divisiones juveniles. Sin embargo, logró disputar cinco partidos con los mayores, luego de lo cual fue prestado al Willem II. Con este club sólo jugó dos partidos, algo flojos. De retorno al PSV, y como consecuencia de una exigente preparación física, se lesionó la rodilla. Tras ser operado, pidió volver al Perú para rehabilitarse. En total, estuvo un año sin jugar. El Juan Aurich lo recibió en calidad de préstamo hasta el fin de la temporada 2010, pero terminó comprando su traspaso hasta el 2014. Según el sociólogo y socio aliancista Aldo Panfichi, la transferencia costó 600 mil dólares, 400 mil menos de lo que pagó el club holandés por el futbolista. Sobre la ejercitación física inconclusa de Manco en Europa, el periodista Eddie Fleischman comenta: “El problema del fútbol peruano es que los menores no soportan la carga de trabajo cuando son adultos, no tienen la base suficiente para ello. Llegan a mayores con una serie de falencias físicas que hacen que, cuando uno les recarga el trabajo, se lesionen”.

Manco frustró un proceso que completaron jugadores como Paolo Guerrero y Carlos Zambrano. El primero, por ejemplo, debutó en el Bayern Múnich luego de cerca de tres años de preparación en el equipo juvenil. Durante esos años no solo mejoró su régimen alimenticio, su “suplementación” nutricional y su trabajo en el gimnasio, sino también sumó horas de juego, algo crucial para afrontar con éxito la competitividad de la primera división. “¿Te imaginas lo que hubiera pasado con Paolo si se quedaba en Alianza? Hubiera sido un calambrito”, dice Phillip Butters.

Reimond Manco no figura en la tabla de goleadores ni habilitadores del Torneo Descentralizado. Al 10 de setiembre, sólo había marcado cuatro goles con el Aurich. “Es más que nada una figura mediática, farandulera. No nos dejemos engañar por la jugada que hizo ante Canadá, fue una excepción; en el partido contra Jamaica ni la tocó. Es bien difícil que Manco revierta su carrera”, opina Butters. Daniel Peredo, periodista de Cable Mágico Deportes, no es tan severo: “En las buenas generaciones de menores que ha habido en el fútbol peruano, los jugadores han tardado en consolidarse como profesionales. Por ejemplo, la del 84, como sub 17, ni siquiera pasó la primera fase del Sudamericano Perú 2001; y, como sub 20, quedó última con 0 puntos en el Sudamericano Uruguay 2003. Y esa selección es hoy la base de la de Markarián: Farfán, Guerrero, Vargas, Aguirre, Rodríguez, Libman y Guizasola”. Vista así nuestra realidad, Reimond Manco aún no es un cadáver deportivo: puede despedir los escándalos amorosos, sumar cada vez más minutos de juego y labrar mejor su biotipo; tal vez Europa vuelva a interesarse en él. Pero ¿qué hay del resto de “jotitas”?

La mayoría es suplente

El equipo del profesor Juan José Oré no solo nos dio una gran alegría –quedó entre los ocho mejores del mundo– sino también una esperanza gaseosa y caprichosa. De pronto, pedimos que todos los “jotitas” nos representen en la selección de mayores en las eliminatorias rumbo al Mundial Sudáfrica 2010, algo insostenible física y técnicamente. Las frecuentes visitas a programas faranduleros y una teleserie que condensó la historia del grupo contribuyeron con el mito. “La gente creyó más de lo que debía en ese equipo”, reflexiona Eddie Fleischman. “Los directivos los endiosaron, los pusieron como los herederos de las nuevas generaciones del fútbol peruano. Hubo mucha presión sobre ellos. Algunos tuvieron sus primeros autos, incluso sus primeros hijos”, agrega Aldo Panfichi. Tres años después del fenómeno, ¿qué es de ellos? “Ha habido una involución en aquella generación. Ninguno de los jugadores del equipo titular de Perú, salvo Reimond Manco e Irven Ávila, es un titular indiscutible en primera división hoy”, asegura Fleischman.

Vayamos por partes: el arquero Eder Hermoza “El Gato”, quien mantuvo su arco invicto durante la primera fase del mundial, es hoy guardametas suplente del Total Chalaco. Tras un paso modestísimo por el Sport Áncash, con el que debutó en primera división en febrero del 2009, hoy está detrás del golero Manuel Heredia, ex Sporting Cristal. El ex capitán Néstor Duarte, defensa central de los “jotitas”, es hoy suplente en Universitario de Deportes. El “Negro” Galván y John Galliquio lo tienen en el banquillo.

“La competencia es muy dura”, nos confesó Duarte. Jairo Hernández, el otro zaguero, juega en el equipo de reserva del José Gálvez. Alonso Bazalar, tras debutar con su papá, Juan Carlos Bazalar, en Cienciano el 2008, forma parte de la reserva del club Universidad César Vallejo. Destinos parecidos tuvieron también el “Huevito” César Ruiz y Christian La Torre: el primero es mediocampista del Coronel Bolognesi, un equipo de segunda división, y el segundo pasó de ser uno de los goleadores del Sudamericano Sub 17 a delantero del América Cochahuayco, también de segunda división. Por cierto, el América está en el penúltimo lugar en la tabla. Tuvieron mejor suerte en la primera Irven Ávila, atacante del Sport Huancayo, Daniel Sánchez, mediocampista del Cristal, y Luis Trujillo, volante de Alianza Lima; aunque estos dos últimos con poca regularidad como titulares.

“Pido a los técnicos que confíen más en mis chicos”, dice Juan José Oré, el director técnico que los forjó como grupo.

Daniel Peredo explica lo que pasó: “Los ‘jotitas’ estaban para volver a sus clubes y terminar su etapa de formación en categorías menores. En algunos casos se apuró su presencia en la primera división”. Lo contradictorio es que, si hubieran aguantado su debut en el fútbol profesional, muy probablemente no hubieran encontrado un mejor destino. Y es que falta espacios de competencia en el balompié peruano de menores; por ejemplo, no hay un torneo nacional sub 17. Y como los clubes competitivos son pocos en esa categoría, los pequeños talentos no tienen rivales que les ayuden a mejorar su nivel. Sólo el recientemente instaurado Torneo de Promoción y Reserva ayuda a revertir levemente esta situación.

Los “jotitas” fueron, según Aldo Panfichi, un “microclima” dentro del sistema peruano de fútbol de menores, una rareza de equipo. Para Phillip Butters, fueron un accidente de la altura: nos habría ido bien en Ecuador, al inicio del Sudamericano, porque Brasil y Argentina no se aclimataron con anticipación. Seamos sinceros: no todos los jugadores que triunfan en la división de menores de un país llevan el mismo talento la selección de mayores. Esto le pasa hasta al tótem del fútbol: del Brasil que ganó el Mundial Sub 17 en 1997, Ronaldinho fue el único en campeonar después con los mayores en el Mundial Corea-Japón 2002. Los peruanos nos tragamos el cuento de ver a todos los “jotitas” en el Sudáfrica 2010 cuando ninguna nación del orbe lo creía así. O los medios traficaron con nuestra ilusión como quisieron, o necesitamos héroes profundamente.

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