La falta de atención médica, el calor y la humedad comenzaron a hacer efecto en la salud del suboficial Luis Astuquillca, herido de un balazo en la pierna. La herida se le infectó. Vino la fiebre. Sin alimentos, sin posibilidades de beber adecuadamente agua fresca, el efectivo prefiere recordar sus buenos tiempos con su familia, sus compañeros de la policía y los futboleros de su barrio. Eso le devuelve los ánimos. Quiere seguir jugando los mejores partidos de fútbol de su vida.
La noche anterior llovió más que otros días. Amanecí sin fuerzas. Sin ganas de nada. Pensé: “¿Y si todo esto es una pesadilla y en cualquier momento voy a despertar?”. Unos fuertes punzones de dolor me hicieron notar que no era una pesadilla, que estaba viviendo la realidad.
Lo que me punzaba era mi pierna. Estaba hinchada y caliente. La herida se había infectado. No podía ni levantarme, mucho menos alzar el brazo, porque el codo herido también estaba infectado. Ese día no bajé al río. Me arriesgué. Decidí quedarme bajo un árbol que me servía de apoyo. No quería moverme. Me toco la frente y siento que estaba con fiebre.
Lo que me preocupaba es que durante varios días no me crucé con ninguna persona. Con nadie. Me preguntaba: “¿En qué parte de la selva me he metido que no existe un alma?”. Después de varios días sin ver a nadie, llegué a la conclusión que la selva me había tragado. Nunca pensé vivir esta experiencia. Creí que en 72 horas llegaría un helicóptero y nos rescataría. Así de fácil. ¡Y ya pasó una semana! ¿Qué pecados estaba pagando? ¿A qué tipo de prueba me estaba sometiendo el Señor?
Me di cuenta que si apelaba a mis recuerdos, me fortalecía. Especialmente si traía a la memoria momentos felices. Era como si proyectara una película sobre episodios de mi vida. Esos recuerdos me recargaban, me hacían sentir optimista. La vida tenía que continuar. Además, me esperaban mis seres queridos, mis padres, mi hermana, mis compañeros de la Dinoes, los amigos del barrio, en fin.
CUETO EN EL RECUERDO
“Ya vendrán, estoy seguro que vendrán”, me decía “El helicóptero va a venir con toda mi gente de la Dinoes”.
Pensaba: Ellos me abrazarán con alegría al encontrarme vivo. Me llevarán a Kiteni para curarme. Luego podré ver a mi mamá y si tengo suerte estaré en mi casa comiendo mi arroz con pollo y su papita a la huancaína. O el cebichito que prepara mi madre cada sábado cuando regreso de la Dinoes.
Pero también me preocupaba mi pierna. Felizmente la bala no me agarró el hueso. Habría sido lo peor. Tenía miedo de perder mi pierna, la derecha, porque juego fútbol y con esa pierna meto goles. Eso me hizo recordar a mis amigos de la canchita de Campoy, con los que pasé grandiosas jornadas futbolísticas. No, no voy a perder mi pierna, me decía.
Desde niño me gustaba el fútbol. Mi padre siempre me llevaba a jugar. Una vez cuando paseaba con mis padres por la plaza Unión vi a César Cueto haciéndole publicidad a una marca de zapatillas. Mi padre le pidió que se tomara una foto conmigo y desde esa fecha soy su hincha. Aún guardo esa fotografía. Tenía ocho años.
A mi memoria venían mis compañeros del colegio. Mi querido colegio "Solidaridad II" de Campoy. Allí donde bailaba la "Saylla", una danza puneña, en cada actuación .
Habré estado más de cinco horas recordando algunas anécdotas de mi niñez y pasajes bonitos con mi familia que finalmente aliviaron un poco el dolor de mis heridas. Al ver que la noche llegaba y que nuevamente amenazaba una fuerte lluvia, me levanté para caminar un poco y buscar un lugar para cobijarme. Por un milagro de Dios, encontré un hueco. Era un hueco hecho por el hombre.
Al parecer era una guarida de los terrucos. Estos malditos se esconden así, para atacar por sorpresa a las fuerzas del orden. Ahí pasé la noche.
Pero seguía sin fuerzas. Me dio un bajón. Anochecía. Yo me decía: “Ojalá mañana tenga más fuerzas para bajar al río”. Seguir el río era mi ruta de escape. Al menos eso era lo que creía.
MAÑANA: Astuquillca se disfraza de poblador para despistar a los terroristas.
QUÉ PASABA EN EL PAÍS
Crece rumor de hallazgo de dos cádaveres
En Kiteni las Fuerzas del orden reciben información de los pobladores sobre posible hallazgo de los cadáveres de los dos policías desaparecidos. Sin embargo los jefes militares y policías reclamaron que se les entregara alguna evidencia, para confirmar dicha versión, porque podría tratarse de una trampa de los terroristas para emboscarlos.
La Policía Antidroga y de Terrorismo desbarató una red de activos que serviría para financiar las actividades del senderista Víctor Quispe Palomino, el conocido “camarada José” jefe del Vrae.
La organización tenía una fortuna de 100 millones de dólares distribuidos en empresas, camiones, etc.
