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La salud en emergencia

El calvario de los pacientes en las emergencias de los hospitales públicos de Arequipa

Tijeras para suturar en el hospital Goyeneche está oxidadas y no cortan.
Tijeras para suturar en el hospital Goyeneche está oxidadas y no cortan.
Deficiencias. A estos nosocomios acuden pacientes pobres. La atención es pésima. Faltan médicos, equipos, instrumental y medidas para evitar la propagación de enfermedades. En su descargo, funcionarios reclaman más dinero. Una crónica que retrata el drama de los pacientes que tienen la desgracia de enfermarse.

Jorge Malpartida Tabuchi. 

Echado en una camilla, en medio del pasadizo y al lado de otros pacientes enfermos, está Antonio, paciente con tuberculosis. Tiene la boca cubierta con una chompa y una mascarilla, medidas provisionales para no propagar el bacilo de Koch, bacteria causante de su mal. Espera hace más de cuatro horas para que lo atiendan en el servicio de emergencia del hospital Honorio Delgado o  General de Arequipa. No podían ubicar al especialista.

Hace tres semanas le detectaron la enfermedad. Lo hospitalizaron en el Goyeneche, el otro nosocomio del Ministerio de Salud en la Ciudad Blanca. A pesar del tratamiento, tuvo una recaída. “Esperamos desde las nueve de la mañana. No lo ha chequeado el médico”, cuenta Efraín, su primo de 16 años que le acompaña en este periplo. 

En el General no hay suficientes camas de observación. Son solo seis, tres para mujeres y tres para hombres. A diario llegan 120 pacientes. La falta de recursos logísticos y humanos no permiten satisfacer la demanda de pacientes. También faltan ventiladores, aspiradores, camas, mobiliario, máquinas de monitoreo multiparámetro (para medir los signos vitales de las personas: pulso, respiración). No hay equipos para suministrar oxígeno, llaves de triple vía y las tijeras para suturar heridas no cortan. Tampoco hay sillas de ruedas y cuartos de aislamiento para enfermedades contagiosas. Mientras Antonio se arropa entre una frazada y se acomoda la mascarilla que le cubre la boca, hay una señorita a menos de medio metro que degusta un plato de papaya trozada sin saber que su salud está en riesgo. Los bacilos viajan vía aérea con la tos o esputo del infectado.

Según el Ministerio de Salud, las áreas de espera de los hospitales deben ser abiertas y bien ventiladas, evitando la presencia de pacientes con TBC  junto con otros pacientes sin el bacilo, especialmente de aquellos con alto riesgo de enfermar, como por ejemplo niños y ancianos. Sin embargo, a solo unos pasos de Antonio se encuentran los consultorios de Pediatría, con niños que presentan enfermedades respiratorias.

El director del hospital Honorio Delgado, Néstor Linares, indica que la emergencia es insuficiente para la demanda. “Tampoco tenemos consultorios para todas las especialidades”, indica Linares.

El gerente regional de Salud, Héctor Flores Hinojosa, admite que la emergencia del Honorio Delgado no da para más. Colapsaría con un accidente de tránsito a gran escala o desastre de la magnitud de un terremoto por la cantidad de pacientes a atender.

 

DÉFICIT DE RECURSOS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la emergencia médica como aquella situación urgente que pone en peligro inmediato la vida del paciente o la función de algún órgano. Es decir, existe una necesidad inminente de atender al paciente. 

Según la dirección del hospital, el Honorio Delgado tiene un déficit de 490 plazas, entre médicos, enfermeras y personal administrativo. “Las plazas de especialistas deben incrementarse en 50% como mínimo.  Faltan galenos intensivistas, cardiólogos, anestesiólogos y endocrinólogo”, dice Linares. 

Al lado del área de Rayos X, el pequeño Andrés, de ocho años, se aburre de esperar los resultados de la radiografía. Su madre lo trajo a las 9.00 de la mañana por un ataque de asma. “Demoran mucho, llevo más de una hora aquí para que me den las placas”, dice su madre Inés Flores.

Lo peor ya pasó, pero cuando recién llegó, Andrés no podía ni respirar. Le aplicaron el nebulizador y le dieron un desinflamante para estabilizarlo. “Pero esto no parecía emergencia, lo revisaban con tranquilidad. Fueron a buscar al médico a otro piso y no avanzaban”, cuenta molesta Inés, mientras mira de reojo a su hijo, que tiene ya el rostro cansado de tanto esperar. 

 

PROBLEMAS DEL GOYENECHE

Problemas similares hay en el hospital Goyeneche. En ambulancia llega el bombero voluntario Marcos,  con una fractura doble en la tibia de la pierna izquierda. La tarde del sábado tuvo un accidente doméstico y se cayó del segundo piso de la casa de un amigo. Como no tenía seguro médico, ingresó por emergencia a las 15.00 horas del sábado, pagó ocho soles por la consulta en Traumatología  y quince soles por la radiografía. 

“La atención fue rápida, revisaron las placas y me enyesaron sin problemas. Me dijeron que tenían que operarme para ponerme unos clavos, así que tenían que hacerme análisis de sangre. Ahí fue la demora, esperé casi dos horas. Salí del hospital en la noche”, cuenta.

La emergencia del Goyeneche no cuenta con laboratorio propio. Es más, todo el hospital solo tiene un laboratorio que atiende a todas las especialidades. Además faltan químicos. Tampoco el ecógrafo que se tiene no funciona y la sala de aislamiento para pacientes con enfermedades contagiosas, como la tuberculosis, se encuentra cerrada con llave. 

Héctor Flores  indica  que lo que necesita el Goyeneche es personal médico y equipos especializados. Hay un déficit de 170 profesionales, entre médicos y enfermeras. Las atenciones totales del hospital al día son de 700 (entre consultorios externos y emergencias). Faltan anestesiólogos, neurocirujanos, cardiólogos y médicos generales. Sin estos especialistas, la unidad de trauma shock (para estabilizar y reanimar a pacientes de gravedad) o el quirófano que existe en el Goyeneche, no puede utilizarse.

También faltan traumatólogos, en el hospital solo hay cuatro de esta especialidad. Uno debe estar en emergencias, otro de guardia, uno en sala de operaciones y el otro en consultorios externos. La necesidad de traumatólogos es tanta, que de ocho de la noche a ocho de la mañana, generalmente no se dan abasto en los consultorios de emergencia y muchas veces derivan a los pacientes con fracturas graves al Honorio Delgado. 

Esta mañana Marcos es trasladado en camilla para que lo internen y le hagan una cirugía en su pierna fracturada. Pero antes de entrar a la sala de operaciones, debe revisarlo un traumatólogo. La revisión no puede esperar mucho para descartar algún daño a largo plazo, como una amputación o parálisis del nervio de la pierna. Sin embargo, el médico que debe atender a Marcos, y a otros tres pacientes más, está realizando unas labores administrativas que lo han alejado de sus obligaciones. Su emergencia, aunque suene a broma, por el momento tendrá que esperar. Así como la de los miles de pacientes que no disponen de recursos para acudir a una clínica privada.

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