Rivera Urquiza, de 35 años, quien trabajaba como segundo cocinero en el lujoso buque, narró lo que vivió la noche cuando el crucero colisionó con la isla Giglio y comenzó a hundirse con más de 4,000 tripulantes a bordo.
"Cuando la nave comenzó a inclinarse fui a la zona en donde estaban los chalecos salvavidas y me puse uno. Como nuestra responsabilidad era evacuar a los pasajeros, yo y otros compañeros, ayudamos a que unas 2,300 personas puedan abordar los botes salvavidas que llegaban para el rescate", dijo.
Indicó que uno de los momentos que más recuerda es cuando ayudó a una anciana a lanzarse hacia una de las naves de rescate. Recordó que transcurrió una hora y media desde que había comenzado la evacuación cuando decidió ponerse a salvo.
Sin embargo, cuenta que la inclinación del crucero hizo que resbale y quede colgado "como una bandera" de una de las barandas. "Pedí auxilio a gritos y pensé que no lograría sobrevivir", dijo tras señalar que luego apareció una nave de rescate, por lo que se arrojó al mar para nadar y llegar hasta ella para ponerse a salvo.
De otro lado, Rivera Urquizo calificó de "injusta" la suma de dinero que la compañía de embarque ha ofrecido a los trabajadores del crucero por la pérdida de sus pertenencias y los perjuicios generados durante el naufragio.
(LaRepublica.pe/Andina)