Ernesto Guerrero
Su situación es crítica, se encuentra en estado de coma profundo y los médicos que lo asisten en el Instituto de Salud del Niño temen lo peor. Solo un milagro podría salvar al pequeño Adrián Andrés Quillo García, baleado en la cabeza la noche del sábado por delincuentes que abrieron fuego en un restaurante turístico de Ancón. Los padres del menor lo saben y se aferran a esa idea como última esperanza de vida.
Roberto Shimabuku, director del ISN, confirmó que la vida de Adrián Andrés pende de un hilo. “La bala le ha causado muchísimo daño, es increíble que haya sobrevivido al impacto, lamentablemente ahora no puede respirar solo, está conectado a un ventilador artificial”, precisó.
Pronóstico reservado
El proyectil, explicó el funcionario, perforó el hueso temporal derecho del bebé de un año de edad y le atravesó en diagonal el cerebro, dejándole un orificio de salida en el lado izquierdo de la frente.
"Por la trayectoria, la bala le dañó internamente el oído y el ojo derecho. Al salir le causó destrozos en el lóbulo ocular izquierdo", reveló Shimabuku, tras indicar que el pronóstico clínico del paciente es reservado.
Informó, además, que ayer un equipo de cirujanos intervino quirúrgicamente al niño para extraerle los coágulos de sangre que ejercían presión en la cavidad craneana, a fin de contrarrestar el severo edema cerebral que presenta. "No sabemos cómo va a evolucionar, si va a sobrevivir o no", subrayó el director del ISN.
Extrema pobreza
Adrián Andrés permanecía hasta anoche internado en la Unidad de Cuidados Intensivos. Sus progenitores, Joselyn Mercedes García y Richard Quillo Arango, iniciaron ayer una cadena de oración en Lima por la salud de su hijo. "Sé que Adriancito está muy mal, pero para Dios no hay nada imposible. Por favor, ayúdennos con sus plegarias en estos momentos difíciles", clamó la madre.
Joselyn y Richard viven en extrema pobreza. Aparte del menor baleado, tienen un hijo de tres años de edad. Él es albañil desempleado y ella lava ropa ajena, asea casas por encargo y también lava platos en restaurantes, actividad que realizaba la noche del sábado en la peña turística Techi, de Ancón, cuando se produjo el tiroteo en el que, como su hijo, también resultaron heridos cuatro adultos, incluidos los dueños del local.
La Policía confirmó que los dos individuos que irrumpieron encapuchados en el restaurante y dispararon indiscriminadamente tienen estrechos vínculos con traficantes de terrenos enquistados en Ancón.
Cae uno de los sicarios
Fue posible determinar ello tras capturar a uno de los sicarios e identificar a su cómplice. El detenido es Jesús Miguel Rengifo Vílchez (18), alias "Cholo Yupanqui".
Pese a su juventud, se trata de un avezado maleante que consumó actos de violencia por encargo con ayuda del prófugo Mendoza Duarte (a) "Loco Henry", manifestó el comandante Eduardo Vizarreta Zevallos, jefe de la Divincri de Puente Piedra, unidad policial que ejecutó la importante captura.
El "Loco Yupanqui" fue intervenido drogado en la avenida Santa Rosa, a unas nueve cuadras del local donde desató la balacera. En un principio negó toda responsabilidad en el hecho de sangre, pero después confesó y condujo a los investigadores a su domicilio del asentamiento humano Nueva Estela, Mz. 'B', lote 5, Ancón.
Allí se encontró una caja de municiones calibre 9 milímetros y 60 envoltorios con pasta básica de cocaína.
El detenido también llevó a los agentes hasta un arenal, a unos 50 metros de su domicilio, lugar donde había enterrado la pistola Taurus de cañón corto que utilizó para dejar al borde de la muerte al pequeño Adrián Andrés, y a los esposos Óscar Del Castillo Quinteros (31) y Carmen Ríos Pérez (32), dueños de la peña turística, así como a los hermanos comensales Jorge Luis (18) y Víctor Vélez Bautista, de 22 años de edad.
Dueños de peña eran el objetivo de los sicarios
El detenido Jesús Miguel Rengifo Vílchez admitió que el objetivo del ataque era asesinar a los dueños del restaurante, Óscar del Castillo Quinteros y a su esposa Carmen Ríos, ex directivos del AH Las Lomas de Villa Ancón. Hasta el cierre de esta edición, el rufián se había negado a revelar quién lo contrató.
El alcalde de Ancón, Jhon Barrera Bermuy, admitió que en su distrito operan varias mafias de traficantes de terrenos. "Se aprovechan porque existen amplios arenales del Estado que están en abandono. Estafan a gente humilde vendiéndoles lotes ajenos en 5 y 6 mil soles", sostuvo.