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Lima sur

Un verano sin agua

Recipientes.  No todos los pobladores afectados, que son 30 mil, tienen recipientes adecuados para almacenar el agua.
Recipientes. No todos los pobladores afectados, que son 30 mil, tienen recipientes adecuados para almacenar el agua.

 Una semana antes de Navidad, 30 mil pobladores de Tablada de Lurín se quedaron sin agua potable y Sedapal les ha dicho que, en el mejor de los casos, podrían reponer el servicio a fines de febrero. Quizá demoren más. Mientras tanto, esas familias deben soportar las más altas temperaturas de los últimos años.

 

Por María Isabel Gonzales
Fotos Rocío Orellana

 

Los vecinos de Tablada de Lurín en Villa María del Triunfo no llevan un termómetro en el bolsillo para saber cuántos grados de calor están soportando. Lo único que tienen claro es que este es el peor verano que les ha tocado vivir. Y no porque, como cualquier otro limeño, suden la gota gorda bajo los implacables rayos del sol sino porque de sus caños no sale ni un hilito de agua. Todo empezó una semana antes de Navidad, cuando las familias hacían planes para los festejos de diciembre. Nadie advirtió que a los picapedreros informales de la zona se les ocurriría excavar en el camino de la tubería matriz con la que Sedapal abastecía a 30 mil pobladores. Picaron y dejaron sin protección 50 metros de red que terminaron colapsando por la presión del agua. Desde entonces los vecinos deben almacenar el agua que pueden en tinas y baldes que cargan de camiones cisterna. Estos los visitan de forma interdiaria y en horas en que la mayoría de hombres adultos se ha ido a trabajar. Mujeres y niños deben hacer largos recorridos para no perderse la repartición. Esa distribución de agua es una medida a la que Sedapal accedió luego de cinco días del incidente. Esperaron a que los pobladores marcharan hacia sus oficinas para darles una solución. Por lo pronto la oficina de la Defensoría del Pueblo-Lima Sur ya observó que los nueve camiones cisterna que realizan la tarea son insuficientes para abastecer a tal cantidad de gente. Además le recomendó a Sedapal ser transparente con la población de la zona. Mientras todo esto se resuelve, el sol sigue cocinando a Tablada de Lurín.

Cuidar el agua

A la casa de don Eduardo Sáenz en el asentamiento humano 8 de Octubre se puede llegar gracias a una escalera que construyeron sus vecinas. Don Eduardo se para a un lado de ella y ve subir a hombres, mujeres y niños, a quienes saluda con un movimiento de cabeza. Le da pena cuando se detienen para abanicarse con sus ropas. Le gustaría acercarles un vaso con limonada para soportar el calor a la mitad de un cerro en el que no corre ni un poquito de viento. Pero don Eduardo no puede. En realidad nadie en Tablada de Lurín puede darse el gusto de prepararse una jarra de limonada. Ya pasó poco más de un mes y en esta zona de Villa María del Triunfo darse un duchazo para mitigar el calor es un lujo. Para lavar la ropa lo piensan dos veces. Deben cuidar como oro el agua que les toca. Don Eduardo siempre les pide a los que pasan junto a su casa que le avisen si es hora de llevar los baldes. Para él es imposible ir cuesta abajo y sortear los caminos de tierra que aún no han sido asegurados por los pobladores. Le duele la espalda y sus piernas no son las más fuertes. Por eso llama a algún amigo para que le haga el favor de traer agua para él y su familia. Después de mirar durante horas la escalera, dice resignado: “Parece que hoy no llega la cisterna”. Varias gotas de sudor resbalan por su frente y se las seca con el brazo. Ahora debe decirle a su esposa Maximina que hay que cuidar lo que les quede de agua. No se les vaya a terminar antes de tiempo.

A don Eduardo suelen hablarle a gritos porque el oído le falla desde hace algunos años. Aún con esa sordera sabe cuándo a la vuelta del cerro los picapedreros informales comienzan la faena. Por culpa de ellos don Eduardo y otros 29 mil pobladores andan con la garganta seca. Los técnicos de Sedapal les han explicado que deben instalar un nuevo tramo de tuberías. Según dicen, la cifra de conexiones que abastecen a los asentamientos humanos de la zona es de 4.750. Después de plantear entre dos y tres meses para reparar el daño, Sedapal ha prometido una nueva tubería para fines de febrero. Los dirigentes esperan que cumplan su palabra. Por ahora solo queda aguantar con estoicismo los días más calurosos del verano.

Polvo y piedras

A unos metros de la casa de don Eduardo vive Liduvina Martínez, una ayacuchana que se mudó a Lima para acompañar a su esposo Amadeo en el tratamiento de un mal que amenazaba con destruir sus cuerdas vocales. Este 2012 cumple 60 años y su esposo 71. Ambos deben trabajar para sobrevivir. Hacen bordados por los que cobran S/. 1,50 cada uno. Por la falta de agua don Amadeo se ha visto obligado a desatender las pocas plantas que le cambian la cara al árido paisaje donde vive. Basta también con decir que una jarra de agua debe alcanzarles a los dos para día y medio de consumo. Esa es la fórmula que aplican para no deshidratarse. Para evitar el pequeño horno en el que se convierte su casa durante el día se sientan en la entrada. Según don Amadeo, no muchos se han preocupado de las enfermedades que pueden aparecer por falta de agua. “La gente no sabe cómo almacenarla correctamente y hay gran cantidad de mosquitos. El polvo, la tierra y las piedras están por todos lados. Con decirte que sobre nuestras cabezas está la concesión minera Tres Marías; te imaginarás cómo queda todo esto”, dice mientras cierra con cuidado sus tachos de plástico. No quiere que el agua se eche a perder.

Pobreza y calor

En Ampliación 39, cerro vecino a 8 de Octubre, Francisca Tamariz deja unas tinas vacías junto a la puerta. Quiere estar lista en caso de que haya que correr por agua. Solo ella se queda en casa, así que debe encargarse de esta tarea. Aún en un momento como este le preocupa más la situación de su anciana vecina Juana Arteaga. Es una mujer mayor que encontramos cocinando con leña una sopa para sus nietos Mari y Christian. Juana no para de sudar por el calor del fuego pero no le queda otra. No hay plata para comprar una cocina. Viene de Huancayo y se ha quedado a cargo de una casita que queda al lado de la vivienda de su hija. Con lo que gana su esposo como albañil maestro de obra pueden comprar algo de comida y cuidar a Mari, la mayor de los nietos. A ella se la encargó uno de sus hijos, quien ya no viene a verla ni se preocupa por ella. Mari tiene 10 años pero no va al colegio. Se pasó la mano para limpiarse el sudor y se ha manchado la cara. Son ella y su primo Christian de 7 quienes ayudan a la abuela a subir los baldes con agua cuando llega la cisterna. No tienen recipientes grandes, así que en más de una ocasión deben pedir prestado alguno. A Mari la conocen la mayoría de vecinas. Cuando baja las escaleras le pasan la voz. En su zona todos están pensando en hacer una pollada para que vaya a estudiar este año.

Llegó el recibo

Carmen Flores está sorprendida. No tienen agua desde hace un mes y sin embargo ha llegado el recibo comunal que vence en unos días. Las vecinas se le acercan. Le cuentan que cuando van hacia la cisterna el hombre que hace la repartición les pide el recibo. Otra vecina, Consuelo de la Cruz, debe salir con su hija Anika, de cuatro meses, detrás de los camiones. Cuando le solicitan el recibo no sabe qué contestar. Le pide una copia a Carmen para que no vayan a pensar que a ella no le corresponde recibir agua. Los dirigentes están preocupados: esperan que Sedapal cumpla con reponer el servicio en febrero. “En un mapa no parece una zona tan grande, pero no tienen idea de lo mucho que está sufriendo la gente”, dice Apolinar Quispe. Como dirigente hace lo que puede por traer el agua de vuelta. Pero ahora debe irse a trabajar. De lo contrario, además del agua, se quedará sin el menú del día.
 

 

Distritos con sed

 

En las últimas semanas, pobladores de varios distritos costeros del sur de Lima han protestado en las calles por el racionamiento de agua que sufren. Lurín, Punta Hermosa, San Bartolo, Punta Negra y Pucusana reciben solo cinco horas interdiarias de agua.

En Sedapal aseguran que hay tres proyectos en marcha. Uno en Pucusana para el que están buscando financiamiento, y otro en Lurín que deberían tenerlo listo para junio. El tercero consiste en una solución integral para el sur que incluya el desagüe.

A pesar de esta respuesta, en el concejo de Lurín no están conformes. Aseguran que el presupuesto de los proyectos incluía ejecución. Seguirán en discusiones con Sedapal.  Podrían volver a marchar en protesta de ello.

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