Alfonso Rivadeneyra García.
Dinero, mujeres e ingenio lo persiguen; razones por las que Tony Stark es uno de los hombres más envidiados de Marvel Cómics. Pero hay un motivo más: es Iron Man, superhéroe en el que se convirtió no por altruismo, sino para salvarse.
En los años 60, la tecnología de transistores revolucionó la reducción de componentes electrónicos, realidad que el número 39 del cómic “Historias de Suspenso” (1963) no ignoró. Allí Stark muestra transistores de su creación que amplían fuerzas de cualquier aparato. Por ejemplo, con un pequeño imán puede quebrar hierro. Trajo el “futuro” a la guerra.
Con soldados de EE.UU., Stark se desplaza a Vietnam para supervisar sus innovaciones, pero una mina lo hiere y comunistas lo capturan. Trozos de metralla se alojaron en el pecho del científico, quien podría morir en una semana. Mientras tanto, sus captores le dan herramientas y material para que les fabrique armas, pero el inventor los ignora y crea una armadura que le permite huir y, sobre todo, vivir.
Ya libre, Stark subsiste con un pectoral que permite a su corazón latir y desarrollar su vida normal (y de superhéroe). Hoy en día no tiene metralla en su cuerpo ni necesita cargar la armadura en un maletín. Stark “actualizó” su cuerpo mortal: almacena la armadura en los huesos, está conectado a satélites y puede moverse más rápido. Es Iron Man por dentro y por fuera, “adelantado un día y medio al futuro”, como dijo el guionista Matt Fraction.
Stark en Iron Man 1, 2 y Los Vengadores es interpretado por Robert Downey Jr. Curiosa elección, pues el actor y su rol abusaron de sustancias. A finales de los 70 Stark tocó fondo con el alcohol y Downey Jr. hizo lo mismo en los 90 con la heroína, cocaína y marihuana. Incluso llegó a prisión. Ya fuera del lodazal, artista y personaje deben acostumbrarse a no ser las estrellas en el equipo/elenco disímil.