Restos mortales de Luis Jaime Cisneros fueron sepultados en camposanto de Lurín. Recibió el adiós del presidente García y de ministros de Estado. También de amigos, alumnos e intelectuales peruanos.
Pedro Escribano.
Arriba, el sol era brillante. Abajo, la muchedumbre era cálida. En este clima de amistad y cariño fue despedido el gran maestro Luis Jaime Cisneros Vizquerra rumbo a su morada final, en el camposanto Parque del Recuerdo, en Lurín.
Amigos, alumnos, discípulos, en los que se cuentan a numerosos intelectuales peruanos, le dieron el último adiós a un verdadero guía de la juventud que fue el recordado académico y profesor universitario.
Sus restos se velaron en la iglesia Virgen de Fátima, a donde también acudió en respetuoso silencio el presidente de la República, Alan García Pérez.
La misa de cuerpo presente estuvo a cargo del sacerdote e historiador Armando Nieto quien, como aconsejaba el desaparecido maestro, fue sencillo y breve.
El reposo del maestro
La caravana funeraria con los restos mortales del maestro partió a las 10 de la mañana de la iglesia bajo las notas marciales de la banda de la Fuerza Aérea del Perú. En el camposanto fue recibida por la banda de los Húsares de Junín. Allí fue despedido por la familia y autoridades de la Universidad Católica.
En todo este rito, Luis Jaime Cisneros fue recordado por amigos e intelectuales peruanos.
“Luis Jaime fue un amigo entrañable nuestro, en la Academia establecí relaciones fraternales con él. Su partida deja un vacío enorme, es el lingüista insigne, es el profesor, maestro emblemático para todos los peruanos”, confesó el poeta Carlos Germán Belli.
El actor Alberto Isola también lo evocó: “Luis Jaime fue mi profesor de Lengua en el primer semestre de Estudios Generales de Letras. A partir de ese momento ha sido una persona fundamental para mí, conversábamos muy de vez en cuando, pero fue una de las personas que más me marcó a pesar de que yo seguí otro camino. Pero no su exigencia, su amor por el lenguaje, por ejemplo, por las palabras, por la literatura que me inculcó y que me queda hasta ahora”.
Hasta el final
El escritor Guillermo Niño de Guzmán trazó un retrato rápido: “Yo lo recuerdo especialmente cuando ingresé a la universidad. Fue mi profesor de primer año en el curso de Lengua. Siempre me llamó la atención su extraordinario parecido a James Joyce, incluso hasta sus problemas de vista y eso me intrigó más aún. Por lo demás, era un exquisito conferencista. Los mejores discursos que he escuchado en mi vida han sido pronunciados por él, recuerdo uno en especial, el de bienvenida a Borges. Enseñó hasta el final, hasta el límite de sus fuerzas”.
El historiador y arqueólogo Federico Kauffmann señaló que Luis Jaime “era una persona proba, como pocos. Lo querían mucho en San Marcos. Era un peruano excepcional, como persona y como estudioso”. El ministro de Cultura, Juan Ossio, lo despidió en nombre del gobierno y el pueblo peruano: “Para el Perú este es un momento muy triste que acongoja particularmente a nuestras letras, un gran maestro universitario nos acaba de abandonar, dejando un gran vacío entre los estudiosos del lenguaje y de la literatura, pero sobre todo entre aquellos que han consagrado su vida a la educación y en los que tuvieron el privilegio de ser sus alumnos”.
Para servir mejor
Finalmente, Marcial Rubio, rector de la U. Católica, le habló en primera persona: “Apreciamos mucho todo lo que has vivido a lo largo de estos años con nosotros. Tu esfuerzo, tu creatividad, tu ética, los vamos a atesorar. No los vamos a atesorar para guardarlos, sino para convivir con ellos, cuando pase la tristeza nos alegraremos con tu magia de las palabras, con el recuerdo de tus frases, con tu sencillez de enseñar siempre en los primeros años cuando muchos de nosotros creemos que ya no debemos enseñar ahí sino más arriba. Todo eso nos acompañará para ser mejores y servir mejor”.
