Eliane Karp, ex primera dama y flamante bloguera para más señas, pasa sus días entre las aulas de la Universidad Católica y los parques cercanos al local del Centro Global para el Desarrollo y la Democracia –organismo creado por su esposo, el ex presidente Alejandro Toledo–, por donde le gusta andar en bicicleta. A continuación, una conversación relajada que tuvimos con ella al pie de un árbol mientras Toledo ha ido "a la conquista" del norte.
Su esposo hace trabajo partidario en Tumbes, Piura y Chiclayo, el ex sólido norte, que –parece– dejó de ser aprista...
Y que pronto será de Perú Posible, porque Alejandro ha ido a la conquista del norte y de los jóvenes... cuando acaben las lluvias, iremos a la sierra.
El ex presidente anda de gira, ¿cómo está usted?
Muy feliz, muy bien asentada, haciendo lo mío. Tranquila...
Lo suyo es por estos días asistir a la Católica a dictar una cátedra sobre movimientos sociales e indígenas.
Sí, y estoy muy contenta. He estado años enseñando afuera, principalmente en tres sitios: en la Universidad de Stanford, nuestra alma máter y donde nos conocimos y casamos con mi esposo; en la Universidad George Washington, en Washington, y mantengo la cátedra en la Universidad de Salamanca.
¿Y el que haya vuelto a dictar clases en el Perú significa que usted y su esposo tendrán acá su centro de operaciones?
Sí, vamos a tener la base de operaciones acá. Hemos decidido regresar un tiempo, pero siempre vamos a estar yendo y viniendo, porque el contacto con las universidades donde trabajamos hace muchos años es importante también.
Pero no solo ha vuelto a la cátedra en el Perú, también se ha vuelto tuitera, bloguera...
(Ríe) Esto empezó un poco como un juego, viendo a los hijos de nuestros amigos. Ha sido todo un aprendizaje. Es evidente con la campaña de Obama, en Estados Unidos, que hay un auge increíble de estos instrumentos, que son de doble filo...
¿Cómo ha sido su reencuentro con los jóvenes peruanos?
Muy interesante. Hay muchas hipótesis que trabajo con alumnos de otros sitios y quiero ver cómo reaccionan nuestros jóvenes. Además, los puntos de vista que puedan expresar, los debates después de las lecturas, eso me tiene fascinada...
¿Siente que ellos la ven como su catedrática, simplemente, o le ha sido difícil sacudirse del recuerdo que queda de usted como Primera Dama?
Sí, pero probablemente ese personaje no representa a la persona que yo creo que soy... Yo me veo mucho más como académica, como investigadora social, que es lo que soy y lo que siempre he sido. Esos cinco años (de gobierno en el Perú, del 2001 al 2006) fueron de intenso trabajo, probablemente mucho más aplicado y más concreto, y eso es lo bueno.
¿Por qué cree que la imagen suya como primera dama no la representa? ¿Siente que no hubo una adecuada lectura de lo que usted es realmente como persona por parte de los medios?
Pienso que los medios y yo no nos dimos tiempo mutuamente de comunicar bien. Creo que eso es parte del problema, pero todo eso ya es parte del pasado...
Algunas personas creen que usted está en un proceso de reinvención...
No tanto, no es que forme parte de un plan. Yo creo que las cosas evolucionan para todos nosotros. Han pasado ya seis años y durante ese tiempo mi esposo y yo hemos podido viajar por el mundo gracias a la fundación, estar en contacto con personas extremadamente interesantes, dar conferencias, escucharlas. Todo eso renueva de por sí. Todo el mundo avanza.
¿Y cuál cree que ha sido su principal avance?
Tener la posibilidad de comunicar con toda libertad y sobre todos los temas, que es lo que el mundo académico da...
Una posibilidad que pareciera le fue restringida durante la campaña del año pasado...
Parece, parece... (ríe)
¿Parece o fue así?
Sí, fue así...
Eso fue algo en lo que, imagino, no estuvo de acuerdo...
No, pero no voy a hablar de cosas que ya no interesan...(ríe)
Así como ha evolucionado en lo personal, ¿su relación con el ex presidente Toledo también se ha consolidado?
Alejandro y yo estamos en una etapa muy buena, hemos tenido muchas épocas buenas... Nos conocimos de estudiantes, fue una relación extremadamente espontánea, romántica, bella...
Pero que también tuvo sus tropezones...
Por supuesto, porque somos dos seres humanos con personalidad propia. Ahora tenemos una relación más madura, más asentada y hoy estamos plenamente gozando de las oportunidades que nos ha dado la vida. Los dos nos sentimos extremadamente dichosos de tenernos el uno al otro. Somos una yunta, lo hemos dicho muchas veces, y tenemos una gran comunión de mente, de espiritualidad, lo que no significa estar siempre de acuerdo...
...Sino encontrar el verdadero significado de ser "compañeros"...
Así es. Yo creo que lo hemos logrado. Claro, ha sido muy difícil. Nosotros nos conocemos desde el 75 y, cuatro años después, el 79, nos casamos...
Es casi una maratón la que ya van corriendo juntos...
Es una vida entera, una vida llena de experiencias, de aventuras, de atrevimientos, y la que estamos disfrutando plenamente.
¿Y de la que no hay nada que arrepentirse?
Ah, no, claro que no. Si tuviera que volver a vivir, haría exactamente lo mismo.
Usted primero llamó al ex presidente Toledo "sano y sagrado", luego "cholito lindo". Parece que siempre tiene expresiones de afecto hacia su esposo en público...
Sí, porque se las merece y me nace. Es un ser humano extraordinario, realmente mi cholito lindo. Es un ser muy querido, humano, con mucho sentido del humor. A mí Alejandro me hacer reír mucho. Es muy lindo y no podría haberlo escogido mejor...
Además de su esposo Toledo, el otro tema que la apasiona es el de los indígenas...
Sí, por eso estoy escribiendo un libro sobre los movimientos indígenas y su inserción en la democracia que estamos forjando, porque yo considero que ese es un proceso gradual, lento, y relativamente tenemos pocos años seguidos de vida en democracia. Vivir en democracia no es solo votar, sino que todos puedan practicar sus derechos y deberes ciudadanos. Lo que quiero ver es cómo los pueblos indígenas han ido aprovechando o rechazando ese proceso.
Durante el gobierno de Alan García usted lamentó que haya una desconexión del Ejecutivo con estos pueblos...
Efectivamente, durante la época del presidente García fui muy crítica; ocurrieron los sucesos de Bagua, que creo que no han sido analizados en su justo contexto –por cierto, voy a escribir en mi blog sobre esto– y se destruyó la noción de institucionalidad indígena que ellos habían querido tener a través del Indepa y se le restringió su presupuesto, cuando nosotros le habíamos dado un rango ministerial el 2006.
Y ¿qué pasa ahora?
Sigo lamentando la carencia de una institución central dentro del gobierno que tenga el rango y la posición adecuada. Yo no veo esto solo como el problema de ellos, es de todos. Si se bloquea carreteras o no se deja que sigan adelante ciertos proyectos de inversión, es un problema colectivo, y ese fue uno de los problemas de Bagua: solo se tomó el punto de vista del gobierno y el de las inversiones que quería realizar.
El 2001 usted hablaba de una reivindicación racial que llegaría con el triunfo de Alejandro Toledo. Hoy se habla de la necesidad de que una mujer llegue al poder. ¿Qué piensa de eso?
Eso está dentro de la misma temática de igualdad e inclusión social, así que bienvenido sea. Pero ahí hay otro tema: no solo basta que sea indígena, que sea mujer. Lo importante es que se trate de una persona educada, formada, con principio, con ética y un enorme deseo de no tropezar.
¿Es de los que piensan que la elección presidencial no es un tema de género?
No creo que sea tema de género. Soy de los que miran al ser humano en su conjunto, pero sí estoy a favor de cuotas en el Congreso. No me entiendan mal, porque creo que si no se ponen cuotas de género o étnicas, no se logran cosas por prejuicios antiguos. Pero ese no es eso el tema de fondo.
