La aplicación de una política económica y fiscal responsable, que permitió ordenar las cuentas durante los noventa y sentó las bases de un espectacular despegue en la década siguiente, ha colocado al país entre los más prometedores
Jaime Cordero (El País)
Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que la economía era para los peruanos una fuente constante de amargura y nerviosismo. La deuda externa se consideraba una enfermedad crónica y la inflación
evaporaba los ahorros en moneda nacional en cuestión de días. Agobiados, siempre a la espera de algún “paquetazo” de medidas económicas, los peruanos aprendieron un día a vivir y a la vez convertir sus ahorros en dólares almacenados debajo del colchón. El que podía salía del país sin billete de regreso. En pocos años, millones de peruanos migraron a Estados Unidos, España y Chile, entre otros países.
Más que en crisis económica, el país estaba sumido en un profundopesimismo. Cuesta trabajo creer que ese era el panorama peruano hace algo más de 20 años. Ahora, las cosas han cambiado totalmente.
Las cifras macroeconómicas son impecables y los elogios llegan de todas partes. La directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, visitó Lima hace poco y declaró que Perú “es una historia de éxito”. Un informe reciente del banco HSBC pronostica que el país seguirá creciendo a un ritmo promedio de 5,5% anual, y para el 2050 será una “potencia emergente”.
Las páginas económicas de los diarios recogen todos los días anuncios de nuevos proyectos e inversiones. La crisis económica mundial parece un problema de otro mundo.
De la depresión profunda, Perú ha pasado a un moderado optimismo.
Después de un breve bache que se explica por el ruido político de la campaña electoral de 2011, las expectativas de los empresarios en el corto plazo se han recuperado y han vuelto a ser positivas, de acuerdo con una encuesta realizada por el Banco Central de Reserva (BCR). Entre tanto, el índice de confianza de los consumidores respecto a su situación económica familiar ha bajado ligeramente y se sitúa en 56 puntos sobre una escala de 100, que denota buenas perspectivas con vistas al futuro. Otro sondeo, de la empresa de selección de personal Manpower, señala que en el primer trimestre de 2012, un 19% de las empresas tienen previsto contratar más trabajadores.
¿Qué ha ocurrido en Perú que ha permitido este cambio radical, que ha llegado a colocarlo en los últimos años entre los países más prometedores del mundo? Muchas cosas. Tantas, que apenas caben en 20 años.
Lo más importante, coinciden la gran mayoría de analistas y empresarios, ha sido la aplicación de una política económica y fiscal responsable, que permitió ordenar las cuentas durante los noventa y sentó las bases de un espectacular despegue en la década siguiente. Aunque los sucesivos Gobiernos han tenido distintas orientaciones políticas, ninguno tocó lo esencial de este modelo de disciplina fiscal y apertura al comercio mundial. Gracias a ello, en los últimos cinco años, el PIB peruano creció un 7,2%, una de las mejores tasas de Latinoamérica.
Además, las reservas internacionales netas llegaron a 49.050 millones de dólares, que permiten amplio margen de maniobra para aplicar políticas que contrarresten las malas noticias que vienen del exterior.
De acuerdo con el BCR, actualmente el país se encuentra mejor preparado para hacer frente a los coletazos de la crisis mundial.
Las agencias calificadoras de riesgo han reconocido la buena gestión económica peruana y le han dado al país el grado de receptor de inversiones, lo que le facilitará el acceso a la financiación internacional con mejores tasas de interés.
Nada de esto se habría logrado sin el decisivo aporte del sector privado y, en especial, del capital foráneo, que prácticamente se ha triplicado en los últimos 15 años. En 1997, la inversión extranjera ascendía a 7.285 millones de dólares, según cifras de la Agencia de Promoción de la Inversión Privada en Perú (Proinversión). El año 2010 cerró con 20.781 millones. España, con el 21,98% del total, es el país que más inversiones tiene en Perú, seguido de Estados Unidos, con un 14,5%.
El año 2011 terminó para Perú con un crecimiento del PBI cercano al 7%, de acuerdo con las estimaciones más recientes. Las proyecciones para 2012 no son tan buenas, debido a la crisis internacional, pero de todas maneras se espera una mejora en todos los indicadores importantes.
El Gobierno estima que el PBI aumentará en 5,5%, y la inversión privada, en 12%, según cifras del BCR.
Los analistas independientes plantean cifras un poco más modestas. César Peñaranda, economista de la Cámara de Comercio de Lima, estima que el crecimiento será del 4,7%, aproximadamente, sostenido
por un incremento de la inversión privada del 7,6%, aproximadamente, y del gasto público en un 25%.
Alfonso García Miró, presidente de la Confederación de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), que agrupa a los principales grupos empresariales del país, admite que 2012 no será el mejor año para la economía peruana, pero los indicadores previstos son positivos, e incluso extraordinarios, si se comparan con los que se espera en el resto del mundo. “Será un año razonablemente bueno, en el que el país podrá demostrar que ha sido capaz de mantener un buen manejo económico durante 20 años”, explica.
Varios elementos explican por qué Perú podrá crecer a una tasa razonable, incluso en un contexto de crisis global. César Peñaranda señala como uno de los principales el hecho de que la demanda interna se ha convertido en un motor sostenido de crecimiento, reduciendo la histórica dependencia de los ingresos por las exportaciones.
“Hay varios puntos fuertes en la economía peruana”, destaca Peñaranda, “el primero es la política de establecer tratados de libre comercio, que expanden nuestra cartera de productos y nos permiten defendernos mejor de la crisis. Luego está la muy buena estabilidad macroeconómica, con baja inflación y reducido déficit fiscal, que yo califico a estas alturas como un patrimonio nacional. En tercer lugar, la solidez del sistema financiero peruano, tenemos bancos muy fuertes. Y en cuarto lugar, el Perú ofrece muchos sectores prometedores para la inversión, como el turismo, los forestales, la energía, los servicios y la agroindustria. En algunos de ellos, ni siquiera se ha empezado a trabajar”.
Las condiciones para invertir están dadas. En los últimos años, Perú ha ganado posiciones en el ranking Doing Business que elabora el Banco Mundial. En la última medición ocupa el puesto 41º de 183 países. Solamente Chile (39º) está mejor ubicado entre los países de Latinoamérica. El ranking destaca los avances registrados en Perú para facilitar la apertura de negocios y el pago de impuestos, pero, sobre todo, la protección al inversionista. En ese aspecto, Perú ocupa el puesto 17º, de un total de 183 países. “Debemos reconocer el aumento en el ritmo de las reformas para mejorar el clima de negocios, que en el ámbito global ha sido impresionante”, destacó Sylvia Solf, funcionaria del Banco Mundial.
La campaña presidencial de 2011 fue un punto de inflexión en el desarrollo peruano. Después de años de convencimiento de que la política y la economía podrían correr por carriles separados, la incertidumbre acerca de los resultados electorales y el rumbo que podría adoptar el nuevo Gobierno congeló temporalmente las decisiones de los inversores. Sin embargo, Ollanta Humala dio rápidamente señales de que el modelo económico va a mantener su apuesta esencial por el crecimiento y la apertura, a lo que se ha añadido un énfasis especial en la inclusión social y en la lucha contra la pobreza.
La ratificación del presidente del Banco Central de Reserva y el nombramiento de un reconocido técnico como Luis Miguel Castilla al frente del Ministerio de Economía y Finanzas fueron noticias bien recibidas por los agentes económicos y han ayudado a disipar las dudas.
“En los primeros cinco meses de Gobierno, el presidente ha demostrado que la política fiscal y económica no se debe tocar. Los válidos temores del empresariado hicieron que se detenga la inversión, pero esta rápidamente se ha recuperado a un ritmo razonable. Yo diría que la incertidumbre política se ha despejado”, señala Alfonso García Miró, de la Confiep.
César Peñaranda no es tan tajante, pero reconoce que la incertidumbre se ha reducido. “Las dudas están en evolución, aún hay cierta desconfianza, pero es cierto que Ollanta Humala ha demostrado mucho pragmatismo”, precisa.
La mejor medida de la confianza de los empresarios es su decisión de invertir, y eso no parece haber cambiado dramáticamente. Luego de un tercer trimestre aletargado, el tramo final de 2011 evidenció una recuperación. Para 2012, el Gobierno prevé inversiones privadas por 16.872 millones de dólares.
El objetivo, según indicó el Ministro de Economía en una reunión con potenciales inversores en Nueva York, es que la inversión extranjera directa se multiplique por diez en los próximos cinco años.
Alfonso García Miró cree que hay argumentos para atraer más inversiones. “En primer lugar, Perú es un país solvente y competitivo, pero hay algo mucho más importante: en muchos sectores aún está todo por hacerse”.
Bastante más que la minería
La tradición minera de Perú se mide por siglos. Actualmente es el principal productor de plata y el segundo de cobre y zinc en el mundo. En oro ocupa la séptima posición. En 2011, las ventas de minerales al exterior representaron algo más de la mitad del total de las exportaciones del país, estimadas en 46.000 millones de dólares. Esto representa una importante riqueza, pero también una
elevada vulnerabilidad, pues se trata de commodities con precios muy volátiles, dependientes de la situación económica mundial.
La minería es también el sector que más inversiones extranjeras atrae. El Banco Central de Reserva estima que, entre los años 2011 a 2013, Perú captará 27.793 millones de dólares en inversiones destinadas a proyectos mineros y de hidrocarburos. Muy atrás quedan, en segundo lugar, las inversiones en electricidad, que se calculan en 6.960 millones de dólares.
Las cifras son apabullantes, pero detrás de la innegable riqueza mineral del país hay otros sectores que en los últimos años han crecido notablemente y ofrecen buenas oportunidades para los
inversores.
Uno de ellos es, sin duda, la agroindustria, que se beneficia de la variedad de climas y terrenos que tiene el país. Con productos estrella como los espárragos, las uvas y las alcachofas, Perú ha logrado superar ya los 3.000 millones de dólares de ventas anuales de productos agrícolas, según datos de Proinversión.
En cuanto a la pesca, es otro sector tradicionalmente fuerte en la oferta exportadora peruana. No es casualidad que el país se antiene como principal productor mundial de harina de pescado y su oferta de productos tiende a la diversificación. En 2010, las exportaciones de productos derivados de la pesca superaron los 2.500 millones de dólares.
Los forestales son un sector que no se ha explotado. Perú es el segundo país con mayores áreas de bosques naturales en Latinoamérica y goza además de gran diversidad biológica y maderas de alto valor. Sin embargo, las ventas al exterior se mantienen por debajo de los 200 millones de dólares anuales.
Finalmente se encuentran otros dos sectores importantes, como son el turismo y los bienes inmuebles, a la hora de ofrecer grandes oportunidades a los inversores.
