Los soldados del convulsionado valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) tampoco son ajenos a las fiestas navideñas. Los militares celebran la noche buena antes de la medianoche, puesto que Navidad y Año Nuevo son fechas que los senderistas y narcotraficantes aprovechan para perpetrar emboscadas.
Son cientos de jóvenes, entre los 18 y 25 años, que viven las horas previas a las fiestas al lado de sus rifles y armas para defenderse de cualquier posible ataque al que están expuestos. Pero, a pesar de ello, saben que es su deber cívico como soldados peruanos.
Por la distancia, lo que más extrañan, es pasar la Navidad junto a su familia. Sin embargo, junto a sus compañeros, forman una hermandad que sustituye una familia y por la cuál están dispuestos a dejar la vida.
Muchos de ellos, vienen desde Iquitos, Tarapoto, Pucallpa y Chiclayo; y, para el 80% de ellos, serán las primeras fiestas de fin de año que permanezcan en estado de alerta, con el fusil en mano.
“Navidad aquí es como un día más. El 24 despertamos igual a las 5 de la madrugada y entrenamos, pero en la noche se trae comida y se festeja. Se trata de mantener la tradición”, revela el sargento primero Juan Pablo Puma Huanca, que lleva tres años en la base militar de Pichari.
Por otra parte, durante esta semana, la Municipalidad de Surco y otras instituciones privadas, les hicieron llegar donativos, como regalos y víveres para recordarles el apoyo que reciben de parte de los ciudadanos.