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“El régimen quedó herido de muerte”

Historiador, sociólogo y docente universitario, Nelson Manrique es un agudo analista de la vida nacional. En esta múltiple condición lo entrevistamos para evocar la Marcha de los Cuatro Suyos. Manrique sostiene aquí que esa gesta fue el catalizador más poderoso para la caída del fujimontesinismo y el surgimiento del gobierno transitorio, hechos que marcaron el inicio del decenio.

Por Federico de Cárdenas

Aunque no hablaron de quedarse en el poder mil años como el Tercer Reich, el fujimorismo pretendió gobernar por veinte años. ¿Qué falló?

–El plan de Montesinos era por veinte años, efectivamente. Pero creo que sobrevaluaron el respaldo. Si hay un factor que se repite en el Perú a fines del decenio del 90, como ocurrió también a nivel de América Latina, fue la crisis económica. Y la corrupción es aceptada mientras hay capacidad de redistribución. No hay populismo sin ella, si no hay plata para entregar el tinglado se hunde. A medida que avanza la crisis van cayendo diversos regímenes populistas y corruptos. Caen o salen Collor de Mello en Brasil, Mahuad en Ecuador, Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Menem en Argentina, etc. Fujimori tenía dos grandes activos: haber controlado la hiperinflación que dejó García y la derrota de Sendero. Como contraparte hubo una enorme corrupción –hay 7000 millones de dólares de la privatización de los que nadie da razón– y gravísimas violaciones de DDHH. Estas últimas acaso neutralizadas por el gran terror desatado por SL, que hace que amplios sectores de la sociedad peruana decidan mirar para otro lado debido al salvajismo de los actos terroristas. SL es causante del 54% de muertos de la violencia, de los cuales 75% tienen el quechua como lengua materna, y golpea a los más pobres y marginados de la sociedad. Fueron tan brutales que consiguieron la hazaña de convencer a la gente hasta hoy de que los DDHH son para todos menos para ellos. Por eso afirmo que la violación de DDHH no alcanzó la importancia de la repercusión de la crisis económica en la caída de Fujimori.

–Hay diferentes opiniones respecto a cuál de un conjunto de hechos marcó el comienzo del fin para la maquinaria de Fujimori y Montesinos. Para muchos fue la defenestración de los tres honestos magistrados del TC, que provocó una enorme indignación cívica que ganó las calles.

–El modelo de Fujimori necesitaba tumbarse al TC. Para conseguir un nuevo periodo del gobierno cívico-militar que encabezaba sin tener que recurrir a un golpe de estado, necesitaba superar el escollo constitucional, pues no podía ser reelegido. La interpretación “auténtica” de la Constitución no iba a pasar con ese TC, y por eso los destituyen. En efecto, esa intervención descarada fue un punto de quiebre para mucha gente, en especial los jóvenes y los universitarios. Un detalle: la federación sanmarquina era fujimorista en ese momento, de modo que quienes se movilizan en masa son inicialmente los estudiantes de la PUCP y los de... ¡la Universidad de Lima! Eso demuestra que no fueron los sectores tradicionalmente politizados e identificados con la izquierda los que lo hicieron. Fue un sentimiento de indignación ética que se va a articular con la frustración provocada por la recesión económica generada por la crisis. A esto habría que sumar una serie de conflictos a nivel de las regiones existentes en aquel momento, los que terminan convergiendo en la capital. Con la Marcha de los Cuatro Suyos sucedió algo parecido a lo que pasó con el paro nacional al gobierno militar de Morales Bermúdez, que una semana más tarde convocó a la Asamblea Constituyente. Fue un catalizador poderoso.

Cuatro Suyos en marcha

–La Marcha de los Cuatros Suyos se organiza una vez consumado el fraude, cuando había un sentimiento nacional generalizado respecto a que Fujimori se había re-reelegido irregularmente.

–El fraude se inicia antes, cuando el JNE anula las firmas reunidas para convocar al referéndum contra la re-reeleción. Si se revisan los vladivideos se ve que forma parte de un proyecto muy elaborado. Hay una reunión en noviembre de 1999 en que están Montesinos, los comandantes generales de las tres armas, Carlos Boloña y los hermanos Winter discutiendo en detalle cómo se va a hacer el fraude. Y allí se da la frase célebre de Montesinos diciendo que repartiendo alimentos a través de los comedores populares se tendrá un millón de votos seguros. Fue el periodo de la prensa amarilla, con los ataque innobles contra todo opositor, comenzando por Gustavo Mohme Llona; y de una TV degradada y abyecta. En esa misma reunión uno de los Winter dice que hay que dar a los televidentes cualquier cosa menos cultura. Se cambia la dieta de los peruanos, incorporándole farándula, chismes y diversos psicosociales.

–Pese a estas movidas había ese sentimiento de indignación en el país, que es el que va permitir articular la Marcha de los Cuatro Suyos, que puso a 250 mil personas en el Paseo de la República.

–Así es. Y Alejandro Toledo tiene el gran mérito de ponerse a la cabeza de esta movilización. Claro, con él converge el descontento ciudadano, pero hay que reconocerle el rol histórico que cumplió. Siempre es necesario un liderazgo, y el suyo permitió aglutinar a diversas fuerzas cuya actuación de otro modo hubiera sido dispersa. El efecto que tuvo la marcha para la oposición fue importantísimo. Fue una enorme movilización, que ayudó a poner en evidencia que los mecanismos de control del régimen no daban para más.

También hay que recordar que esto había sido preparado por una serie de actividades que no son las políticas tradicionales, pues los partidos carecían de las iniciativas que se necesitan para el momento. Estoy pensando en rituales cívicos como “Lava la bandera” de Gustavo Buntinx y Susana Torres, que son importantes cuando se trata de romper la cuestionada legitimidad de un gobierno que ocupa un espacio que simbólicamente es muy cargado y al que se desafía en el centro del poder, con grupos de ciudadanos lavando la bandera, manchada por la corrupción.

–¿Y que ocurría del lado del fujimorismo?

–En un primer momento, entre la cuestionada primera vuelta y la ya convocada segunda, Fujimori plantea ir a la elección, pues considera que va a ganar. Pero su estado mayor, comenzando por Montesinos, se opone, pues ya no se sienten tan seguros.

Producida la re-reeleción, el golpe de gracia llega con el video Kouri–Montesinos, que ahora sabemos provino de una filtración alentada desde el propio gobierno. Pero cuando eso sucede ya el régimen estaba herido de muerte. Esa fue la herida que le dejó la marcha… y si no era el video iba a ser cualquier otro destape que no tardaría sino pocas semanas más. La legitimidad del gobierno estaba quebrada, y eso ayuda a entender por qué Fujimori huye, pese a contar aún con el respaldo de un sector importante de las FFAA. Por lo demás, sus intentos de irse no pasan inadvertidos, y es Diego García Sayán –nunca se lo han perdonado– que había sido recientemente incorporado al Congreso quien denuncia a través de información que recoge en Nueva York que Fujimori está preparando una fuga. Lo que trato de decir con esto es que no se trata del video Kouri-Montesinos, sino de la culminación de un conjunto de procesos que ya le habían quitado toda legitimidad a Fujimori. Su inteligencia consiste en lograr huir a Japón, y su gran estupidez viajar a Chile.

–¿Consideras que fue de utilidad la instalación de la mesa de diálogo de la OEA, que comenzó a funcionar en esas semanas?
–La mesa de la OEA puso fin a una situación ambigua. Tuvo un papel importante y jugó bien. Pero hay que recordar también que fue la OEA la que legitimó el autogolpe de 1992 al aprobar la idea del Instituto Libertad y Democracia para la elección de una Asamblea Constituyente, que permitió lavarle la cara a Fujimori en momentos en que era un apestado. Lo positivo de la participación de la OEA el 2000 es que ayuda a que se dé una transición pacífica, pues el grado de compromiso de las FFAA con Fujimori era tan grande que hacía temer a muchos que su caída generara una guerra civil. La mediación de la OEA facilitó una transición en calma y que resultó modélica. Pero no olvidemos la presión ciudadana.

Paniagua

–¿Cómo ves el rol que tocó a Valentín Paniagua como cabeza del gobierno de transición?

–Panigua era un político que no había tenido una trayectoria de alto perfil y que fue elegido porque era quien menos resistencias provocaba, pero termina siendo el hombre necesario para ese momento. Su grandeza consiste en haber sabido crear un espacio para una serie de iniciativas que, vistas en perspectiva, son admirables. Meter en prisión a un centenar de oficiales de las FFAA comprometidos con los latrocinios del régimen –12 de ellos del más alto comando–, proceder a la creación de la Comisión de la Verdad, permitir que se haga una transferencia ordenada y dentro de los plazos y todo ello en ocho meses es un logro enorme. Parte de la inteligencia de Paniagua consistió en rodearse de la mejor gente, a comenzar por Javier Pérez de Cuéllar para el premierato. Y lo ayudaba mucho su imagen de padre bueno: acogedor, honesto, sencillo, que supo aglutinar lo más sano de la sociedad civil en su gobierno.

–La gran pregunta –puramente teórica porque no se dio–, es ¿qué hubiera pasado si se quedaba?

–Creo que no hubiera podido hacerlo sin desnaturalizar lo que representaba. Paniagua fue producto de una circunstancia crítica que supo administrar como nadie. Pero quedarse hubiera atentado contra la legitimidad en que se apoyaba, abriendo una serie de brechas que a la larga le hubieran impedido continuar.

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