Por Augusto Álvarez Rodrich
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Todo lo que está en grave riesgo, además de la PUCP
Aunque el intento del cardenal Juan Luis Cipriani de capturar la PUCP sufrió el viernes un serio revés en la Asamblea Universitaria y en el Poder Judicial, no deja de preocupar el desprestigio creciente que está sufriendo la Iglesia Católica peruana por la ambición irresponsable y desenfrenada de un religioso influyente y con agenda política particular, lo cual debe ser evaluado por el emisario del Vaticano para que esta no se siga perjudicando en el país.
Por un lado, la Asamblea Universitaria rechazó el pedido de reforma estatutaria presentado por el cardenal Cipriani en nombre del Vaticano para que él se vuelva factótum de la PUCP.
Dicha decisión reafirma la autonomía universitaria y la identidad católica de la universidad, además de declarar que esta se rige por la Constitución y la ley peruana, todo lo cual es perfectamente compatible a pesar del argumento maniobrero que busca hacer creer que hay una contradicción y que se usa como pata de cabra para que el Cardenal se zampe a la PUCP.
De otro lado, la Quinta Sala Civil de la Corte Superior de Lima rechazó el pedido del Arzobispado para una conclusión anticipada de la interpretación del testamento de José de la Riva Agüero usando como referencia al Tribunal Constitucional.
Ambos hechos significan un retroceso importante en la aspiración del Cardenal de capturar la PUCP, lo cual es parte de un esfuerzo mayor para el establecimiento de un proyecto conservador en el país que cuenta con el respaldo entusiasta de algunos sectores políticos, económicos y periodísticos.
Por ello, la defensa férrea de la autonomía de la PUCP frente al proyecto tenebroso de Cipriani no solo es relevante para el futuro de la universidad sino para algo mucho más importante: la construcción de un Estado laico y de una sociedad tolerante y plural, donde sea posible la discrepancia y no existan verdades únicas impuestas por el interés de un cardenal que pasa, sin problema, del ámbito religioso al del lobby puro y duro a favor de causas económicas específicas o de candidaturas presidenciales que apuntalen su proyecto político, el cual no tiene nada que ver con la promoción de los valores del cristianismo.
Ojalá que la próxima presencia del enviado del Vaticano para evaluar el pleito por la universidad constate el profundo desprestigio que está sufriendo el catolicismo en el Perú por culpa de Cipriani, expresado, por ejemplo, en que el 83% rechaza su intento de apropiarse de la PUCP y el 37% crea que su objetivo es quedarse con sus bienes, o sea, el vil metal.
Y mientras el Vaticano se da cuenta del problema y toma decisiones frente al futuro de Cipriani y del catolicismo peruano, se debe defender a la PUCP, incluso, como el viernes, con los estudiantes en la calle, aun cuando por sugerirlo otra vez me vuelvan a soltar a la jauría amaestrada de los medios bendecidos por el Cardenal.
