Circuito de verano . La visita a Caral incluye el circuito de áspero. Andares, de La República, fue testigo excepcional de la visita de Mario Vargas Llosa a la ciudad sagrada de caral. el premio nobel de literatura comprobó que en el célebre circuito arqueológico aún hay espacio para el asombro.
Texto y fotos de Edwin Zapata.
Ni el sol abrasador, ni la ventisca del desierto impidieron que Mario y Patricia Vargas Llosa y su círculo de amigos recorrieran todos los monumentos del circuito turístico de la ciudad Sagrada de Caral.
Andares, de La República, fue el único medio periodístico que comprobó la sorpresa que causó la presencia del Premio Nobel de Literatura entre los turistas peruanos y extranjeros que visitaban la ciudad más antigua de América. Hasta los experimentados guías y arqueólogos del proyecto, acostumbrados como están a todo tipo de visitas, quedaron gratamente sorprendidos.
El Premio Nobel de Literatura 2010 demostró que no ha perdido el sentido de la curiosidad y no solo escuchó atentamente las exposiciones de la directora del proyecto, Ruth Shady Solís, sino que llenó de preguntas a los guías que acompañaron al entusiasta grupo de amigos del escritor. Entre ellos figuraban Beatriz Merino, Defensora del Pueblo, el artista plástico Fernando de Szyszlo, el escritor Alonso Cueto, el arquitecto Freddy Cooper y el empresario George Grünberg, consuegro del autor de La ciudad y los perros.
¡Ah Caral!
Vargas Llosa indagó por la compleja organización urbana de Caral, y también por su organización política. Asimismo, compartió las demandas de Ruth Shady, quien insistió en la promoción y mayor inversión para mantener y difundir este destino turístico de la costa norte peruana.
Vargas Llosa tuvo palabras de elogio para el complejo arqueológico de Caral. “Hace mucho que quería venir, pero recién he podido materializar este deseo. Es mucho más bonito de lo que imaginé; las construcciones muestran un refinamiento increíble; las pirámides son imponentes y sus murallas están muy bien conservadas. Yo creo que el turismo en este lugar va a crecer mucho más en el futuro”, dijo.
Uno de los aspectos que más valoró el ilustre escritor fue el avanzado nivel de organización social y económico alcanzado por la civilización Caral, hace 5 mil años. “Tenían un claro sentido del Estado”, expresó mientras escuchaba las explicaciones de la Dra. Shady Solís, acerca de la construcción y disposición de los edificios monumentales en la Ciudad Sagrada.
Quedó fascinado con la ubicación de este complejo y el entorno natural que lo rodea, conformado por el valle de Supe y un conjunto de majestuosas montañas. “Es una maravilla: la composición de monumentos está totalmente integrada al contorno, y el paisaje es impresionante”, afirmó.
También destacó las enseñanzas que debemos tomar de los antiguos habitantes de la civilización Caral. “Este lugar (la Ciudad Sagrada de Caral) debe ser un motivo de orgullo y afirmación para los peruanos de ahora. Si hicimos esto hace 5 mil años, por qué no pensar en tomarlo como ejemplo y lograr muchas cosas más”.
El autor de El Hablador comprobó también la calidad del servicio que los guías turísticos brindan al público que visita Caral. Ellos atienden sin apuros, ni malas caras, por el contrario, su trato es muy cordial, y se puede evidenciar durante el recorrido que se hace por el complejo arqueológico.
Sandra Montalvo, encargada de la comunicación del Proyecto Especial Arqueológico Caral Supe, cuenta que ello se debe a la preparación que este proyecto les da a los lugareños con la finalidad de crear en ellos una conciencia de revaloración de la zona en la que viven, además de gestionar sus propios negocios inclusivos.
Vargas Llosa comprobó que el tour de Caral se ha complementado con un circuito playero vecino al complejo arqueológico de Áspero, ubicado a 500 metros del mar, en la margen derecha del río Supe.
Este desembarcadero permitió a los pobladores desempeñarse en la pesca, en la recolección de moluscos y plantas. También se dedicaron a la caza de animales en las lomas del bosque ribereño.
La extracción de recursos ictiológicos, como anchovetas y mariscos, supuso una red de intercambio comercial bastante amplia, entre los pobladores del puerto con los de la Ciudad Sagrada de Caral.
